Importantes lecciones que nos deja el Coronavirus (Covid-19)

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Indudablemente que esta pandemia del Coronavirus (Covid-19) , que está recorriendo y afectando gravemente al mundo entero, nos está dejando lecciones importantes para todos...

 

Las Lecciones que nos deja el Coronavirus (Covid-19)

(Por Ing. Mardoqueo G. Sánchez)

 

Indudablemente que esta pandemia del Coronavirus (Covid-19) , que está recorriendo y afectando gravemente al mundo entero, nos está dejando lecciones importantes para todos. A los científicos y médicos, especialmente a los epidemiólogos, se les oye decir con frecuencia “estamos aprendiendo de este virus”, porque es algo nuevo.



Todos estamos aprendiendo lecciones importantes porque están sucediendo cosas nunca vistas en todos los ámbitos. Veamos algunas: 

  • El dinero no lo es todo

Muchas personas con un alto poder adquisitivo quisieran ahora poder comprar su libertad para circular sin restricción alguna, pero no pueden hacerlo. No pocos han fallecido porque simplemente los sistemas de salud estaban colapsados y ni siquiera un respirador artificial había disponible en el momento. Aunque quisieran y tuvieran dinero suficiente para comprar atención médica, no pudieron porque sencillamente no había. Nadie estaba preparado para esta situación, de modo que una cuenta bancaria de muchas cifras no es suficiente cuando no hay en el mercado lo urgente y necesario para poder comprar y sobrevivir.

El mundo es cada vez más ambicioso y el afán de riquezas nos ha atrapado a todos. Aumentaron los horarios de trabajo y las metas son cada vez mayores, de tal modo que el esfuerzo en el trabajo es más grande. El estrés se apoderó de la sociedad y por ello surgen cada día más enfermedades que nos hablan y no les hacemos caso, porque el cuerpo clama descanso y no se lo damos. Pide atención y nos hacemos los sordos. Nunca se había visto a tanta gente padecer de diabetes, presión arterial, cáncer, depresión, derrame cerebral, paros cardíacos. Hasta los mismos jugadores de fútbol y otros deportes desplomándose y cayendo sin vida en los campos de juego porque la presión a la que son sometidos es demasiado grande. El afán de riqueza nos hace someter a nuestro cuerpo a una presión sin precedentes y a trabajar más de las horas que nuestro cuerpo soporta. Es más, ya no solo trabaja el hombre sino también la mujer y eso ha dejado a los hijos solos en casa. Y cuando sus padres regresan de trabajar, van cansados y no pueden escucharlos ni jugar con ellos. Las familias se han ido destruyendo porque cada vez se vuelve más prioridad el dinero, las riquezas. No hay espacio para convivir, jugar, salir en familia, divertirse sanamente. Y cuando los hijos se quejan de falta de atención, los padres simplemente se excusan en que si no trabajan no hay dinero, no hay comodidades ni lujos. Aunque los niños prefieran cambiar esos lujos por un poco más de atención, no son escuchados.

Ahora que estamos en cuarentena, confinados en nuestras casas, nos hemos dado cuenta del valor incomparable que tiene la familia y que el dinero no lo es todo, porque hemos descubierto muchas cosas de las que nos estábamos perdiendo. Muchos valores se están recuperando solo a raíz de esta pandemia que nos obliga a estar todos en casa. Nos hemos dado cuenta del valor importante de los afectos, del amor a los hijos, a la familia. Y que eso requiere un tiempo que sin duda no se tiene cuando el afán por el dinero nos lleva a someternos a un trabajo de esclavos. El afecto y amor a los hijos y la familia requieren un tiempo que no nos dará dinero, pero sí una riqueza que no podemos comprar ni con todo el dinero del mundo.

  • Mis acciones afectan a los demás y viceversa. Dependemos los unos de los otros.

Con los efectos devastadores de la pandemia que ha sometido a confinamiento o cuarentena a una buena parte de la población mundial, nos hemos dado cuenta del efecto que tiene nuestra conducta para los demás y viceversa, cuánto nos afecta en lo personal lo que los demás hacen. La queja de muchos es: “yo estoy cumpliendo la cuarentena y no es justo que unos pocos la incumplan y por su irresponsabilidad nos contagiemos todos”. Abundan las denuncias a las instituciones correspondientes sobre personas que violan las restricciones. Con el covid-19 y su forma de transmisión, todos debemos pensar que, si tomamos una acción suicida arriesgándonos a un contagio por no guardar el distanciamiento social o no someternos a cuarentena, no solo acarreamos nuestra propia muerte, sino que nos llevaríamos con nosotros a muchas personas más que podrían entrar en contacto con nosotros, especialmente nuestras familias. Por eso la preocupación de todos es que “no solo debo tomar las medidas yo, sino también los demás”. El esfuerzo debe ser colectivo porque la acción positiva o negativa de uno, afecta a todos.

Por otra parte, nos hemos dado cuenta de que lo que sucede en otra parte del mundo también nos afecta a nosotros. Al principio muchos subestimaron al virus creyendo que sería solo un problema para China y sus vecinos; pero cuando los contagios se propagaron por Italia, España, Alemania, Francia y otros países europeos, nos fuimos enterando de que no era problema de una región, sino que la amenaza era para todo el mundo, de modo que, si los países ya afectados no tomaban medidas, eso repercutiría en todo el mundo. Cada gobierno ha ido proponiendo soluciones e implementando medidas drásticas; pero preocupándose por aquellos gobernantes de otros países que retardan el comienzo de las restricciones o que van relajándolas muy apresuradamente, porque no solo será problema para el país que tome esas decisiones, sino que nos afectará también a los demás.



El covid-19 no nos permite ser indiferente con lo que los otros hagan o lo que a los demás les suceda, porque eso nos afecta a todos.

  • El coronavirus nos ha dado una gran lección de “democracia”.

Si alguien es democrático en estos tiempos es este virus que no tiene ningún tipo de preferencias. A él no le importa si eres rico o pobre, si eres de una religión u otra, si eres un ciudadano común o influyente, si eres gobernado o gobernante, si eres del partido oficial o de la oposición, si de una nación u otra. Agarra parejo… no perdona a nadie, no hace excepción alguna. Eso es democracia. Ya afectó a políticos, artistas, clérigos, personas influyentes. No pide identificación antes de contagiar.

Tampoco hace excepciones de edad. Si bien es cierto que hay sectores más vulnerables de la población y que el índice de mortalidad es mayor en personas de avanzada edad, no significa que los niños, adolescentes y jóvenes no puedan contagiarse de este virus. También lo adquieren, aunque sus defensas ofrezcan mayor resistencia y tengan menos riesgo de morir. Ya hay víctimas mortales en todos los rangos de edad.

  • Para atacar esta pandemia se requiere trabajar unidos.

El mayor problema en la toma de decisiones para los gobiernos ha sido el color político. Hay muchos países en los que está costando aprobar decretos y tomar decisiones porque los gobernantes no encuentran apoyo en sus opositores. Hay muchos opositores “poniendo zancadillas” a los gobiernos para que las cosas salgan mal y echarles la culpa de una mala gestión. Para disminuir el efecto de esta pandemia no existe otro método que el de la unidad; despojarse de colores políticos y dejar de lado aún las diferencias religiosas. Todos estamos en el mismo barco y es responsabilidad de todos hacer que salga a flote, o nos morimos todos. Ahora no importa si el partido que está en el gobierno es diferente al de mis preferencias, debemos echarle una mano porque las acciones de ese gobierno, con el esfuerzo de todos, harán posible que toda una nación se proteja y salga adelante.

Un gobierno no puede tampoco favorecer solo a sus votantes en la atención médica y asistencia económica. Descuidar a los ciudadanos de otro color político u otra creencia religiosa, sería poner en riesgo a toda la nación.

  • No hay poder que nos haga sentirnos invencibles.

Definitivamente esta pandemia ha demostrado que ni siquiera las naciones más poderosas del mundo han sido inmunes. De hecho, Estados Unidos es por ahora (22 de abril) el epicentro de esta pandemia. El covid-19 ha demostrado las debilidades del poder y la inutilidad de las armas

  • El planeta necesita respirar, sanarse, reestructurarse…

Ahora que estamos en esta crisis, con la gente en casa y sin el tráfico de costumbre, con los vehículos guardados en casa, el planeta está respirando y las mismas aguas contaminadas se están volviendo cristalinas. Los niveles de contaminación han disminuido y eso lo percibe la misma NASA y nos dan una señal de alivio con las imágenes tomadas desde el exterior. Los incendios han disminuido enormemente y los animales ahora descansan tranquilos en su hábitat natural, sin sufrir por incendios ni soportar la caza indiscriminada. De hecho, si estábamos acostumbrados a ver a muchos animales enjaulados, ahora ellos nos ven a nosotros “enjaulados” en nuestros hogares, sin poder salir. Hoy por hoy, los animales respiran tranquilos y lo harán mientras dure el confinamiento del ser humano. Es maravilloso ver cómo algunas especies de animales están saliendo de sus guaridas y recorren territorios que eran ocupados exclusivamente por humanos, como campos de deportes, pistas de patinaje, etc. Al ver la ausencia de humanos y disminuido el peligro, salen a explorar nuevos horizontes. Aves nunca vistas ahora visitan el patio de nuestras casas o merodean por los alrededores de nuestros hogares.

La disminución de tráfico de vehículos, no solo ha permitido descontaminar el aire sino que ha disminuido el ruido císmico o vibraciones en la corteza terrestre. La tierra descansa.

¿Era necesario llegar hasta una peste como ésta para respetar a la naturaleza y cuidar nuestro planeta? Lección que debe aprenderse porque Dios ha mandado muchas señales y no las hemos escuchado. La tierra, la naturaleza entera clama y su llanto ha sido ignorado. Estamos destruyendo nuestra casa común; pero ha podido más el interés económico entre los políticos y explotadores indiscriminados de los recursos naturales, que la estabilidad y sostenibilidad del planeta. Dios puso al hombre como administrador de los recursos de la tierra, pero éste se convirtió en explotador empedernido.

Se ha hablado suficiente sobre el cambio climático y muchos políticos se atreven a decir que ese solo es un cuento inventado por ciertos sectores de la sociedad; pero que nada grave está sucediendo como para alarmarse. Vinieron los Tsunamis y seguimos ignorando las señales. El manto de hielo del Ártico se reduce a niveles sin precedentes y a muchos políticos eso no les importa, porque siguen explotando los recursos naturales para lucrarse y acumular riquezas sin importar el legado que les estamos dejando a nuestros hijos y las futuras generaciones. Hoy se dan cuenta de que nada de esa riqueza se salva ni les salva ante una catástrofe sin precedentes.

  • Los recursos económicos no sirven si se acaparan en esta crisis

La crisis que estamos viviendo nos está haciendo un llamado a la solidaridad y a compartir nuestros bienes con todos. Los que han acumulado riquezas deben ponerlas a disposición para salvar al mundo de esta pandemia, porque si no lo hacen, un alto porcentaje de la población mundial morirá y la crisis económica será peor. Deben poner sus riquezas a la disposición para salvar al mundo, porque si no lo hacen, ellos mismos ponen en riesgo sus vidas al permitir que este virus se expanda y llegue hasta ellos mismos. Deben poner sus riquezas a la disposición para salvar al mundo, porque definitivamente esta pandemia ya marcó un “antes”, y el “después” puede ser demasiado catastrófico, si no nos unimos y ponemos todos nuestros recursos para salir de esta crisis humanitaria. Y para que el hombre sobreviva, permaneciendo obligadamente en casa, sin poder trabajar, el dinero que está acumulado por ahí, en algún lugar, debe ponerse a la disposición, o muchos morirán, no por el coronavirus, sino por el hambre y surgirán los saqueos y la crisis social se agudizará.



  • ¿Ahora sí se entiende que la vida es primero y lo de la economía lo veremos después?

Los gobiernos ahora dicen que la vida es primero y que por ello hay que luchar por cuidar la salud de sus ciudadanos. Todos, ante la amenaza de la muerte, creemos que, aunque la economía se venga abajo, preservando la vida todo se puede levantar. Lo primero es salvar las vidas, aunque nos quedemos sin dinero. Lo de la situación económica se arregla en el camino, con trabajo y esfuerzo. Esa es una buena actitud y los gobiernos que así piensan han sido aplaudidos por sus gobernados y su popularidad se ha ido arriba. En buena hora. Felicitaciones por priorizar lo que realmente importa: la vida.

Pero… fíjense bien en este detalle: cuando se trata de justificar el aborto, los abortistas ponen mil razones para que se haga legal. Entre esas razones está la situación económica de los padres. Se argumenta que en un hogar con poco presupuesto no es justo que venga un niño más a sufrir y deteriorar la ya precaria situación económica de sus padres. Ah! ¿Verdad que suena diferente, aunque es lo mismo? ¿Por qué no se piensa que lo importante es salvar la vida de los niños no nacidos y que lo de la economía se ve después? ¿Por qué ahora no nos importa si quedamos limitados económicamente, pero con que se nos deje vivir es suficiente, pero cuando los niños han clamado para que se les deje vivir, no se les ha escuchado y se les ha asesinado brutalmente?

Ahora el mundo entero está siguiendo en tiempo real la progresión del contagio del virus y las muertes producidas todos los días en cada país. Los medios de comunicación se están esforzando enormemente por cubrir todos los detalles de esta pandemia, pero jamás se les ha ocurrido a nadie revelar el dato de los millones y millones de niños que son asesinados en el vientre de sus madres. Decimos que el covid-19 es letal, pero es más letal el aborto y ese dato preferimos ignorarlo. Se estima que del 2010 al 2014, unos 56 millones de niños murieron cada año, o sea, 280 millones de niños asesinados brutalmente en 5 años, o lo que es igual, unos 155 mil asesinatos por día, 4.67 millones por mes. Lógicamente esos datos han aumentado en los últimos 5 años. Y por el coronavirus, hasta hoy, 22 de abril de 2020, solo se contabiliza un total de 169 mil. O sea, los fallecidos por covid-19 desde diciembre al día de hoy, se dan en un solo día por aborto. ¿No les parece demasiado grande la diferencia? Y muchos podrán quejarse de que Dios no escucha nuestras oraciones y no detiene las muertes por este virus, pero estando en nuestras manos poder evitar la muerte de tantos niños inocentes, nosotros no lo hacemos. Hay gobernantes que ahora claman a Dios para que detenga este virus, pero se hacen los sordos a la voz de Dios y legalizan el aborto en sus países.

Es irónico, pero los niños inocentes asesinados en el vientre de sus madres han clamado justicia desde hace mucho tiempo. Ellos han sufrido el ataque feroz de los adultos que sin misericordia les han quitado sus vidas. Desde el vientre de sus madres han clamado y pedido que les dejen vivir, pero han sido ignorados. Ahora los adultos clamamos porque queremos vivir, no queremos morir y pedimos a Dios que dé sabiduría a los científicos para que encuentren pronto una cura para poder escapar de la muerte. También los niños, en su inocencia y pureza, han pedido a Dios que le dé sabiduría al hombre para que les deje vivir, pero el hombre no ha escuchado la voz de Dios. Esta crisis nos está dejando una lección importante a los adultos, y debemos aprenderla.

  • Un llamado a la conversión

Cuando el agua nos llega hasta el cuello, casi siempre tendemos a buscar a Dios. Hoy que sentimos que la muerte ronda nuestros vecindarios, sentimos la necesidad de Dios, tanto para pedir su protección como para reconciliarnos con Él. Nos hemos dado cuenta de que, al no tener sacerdotes disponibles, debimos estar debidamente confesados a tiempo, antes de que esto sucediera. Y como estas situaciones son impredecibles, reconocemos ahora la gran necesidad de estar en gracia de Dios todos los días, porque en cualquier momento nos podemos ver frente a la muerte, y no siempre tendremos a un sacerdote para administrarnos los últimos sacramentos.

El mundo entero debe volver su mirada a Dios y dejar de creerse autosuficiente y desechar a Dios. La impotencia con la que nos sentimos ante la amenaza de este virus nos hace clamar a la misericordia de Dios porque sabemos que solo él puede salvar nuestras vidas de esta amenaza. Por eso la oración se ha incrementado y hasta los incrédulos empiezan a clamar. Muchas voces surgen pidiendo la consagración de los países o continentes a nuestra Madre, la Santísima Virgen María, porque reconocemos ahora el papel muy grande que desempeña la Madre de Dios y madre nuestra. Reconocemos el poder del Santo Rosario y por eso pedimos su intercesión rezándolo todos los días en familia. Todos debemos reconocer nuestros pecados, arrepentirnos y pedir perdón a Dios. No por casualidad esta pandemia se intensificó en el Tiempo de Cuaresma. Es una señal de Dios y debemos entenderla, para hacer penitencia, ayuno, oración, desprendernos de nuestros bienes y ponerlos al servicio de los demás, así como hacer oración, mucha oración, para que también Dios nos permita resucitar en la Pascua a una vida sin virus.

Muchas lecciones nos está dejando esta pandemia y seguiremos aprendiendo más, porque esto no termina aún y lo que vendrá después, no lo sabemos con certeza y nadie se atreve a asegurarlo.

Por ahora solo nos queda encomendarnos a Dios y pedir su misericordia. Es el único que puede ayudarnos a todos, incluidos los científicos y médicos. Que nuestra madre santísima, la Bienaventurada Virgen María, interceda por el mundo entero.


 



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