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Mié, Sep

San Juan Bautista Rossi (23 de mayo)

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Hoy, 23 de mayo, celebramos a San Juan Bautista Rossi, el gran Apóstol del Confesionario...

 

San Juan Bautista Rossi
23 de mayo

 

Hoy, 23 de mayo, la Iglesia recuerda a San Juan Bautista Rossi, el gran Apóstol del confesionario, nacido cerca de Génova, Italia, en el año 1968.


 

Fue educado inicialmente por un matrimonio piadoso de Génova, a donde se fue a vivir con permiso de sus padres. A este hogar acudían con frecuencia algunos padres capuchinos a pedir ayuda para los pobres, y recomendaron al joven Juan Bautista ante el Padre Provincial, quien hizo los arreglos necesarios para que estudiara en Roma, en el Colegio Romano, creado por San Ignacio de Loyola en 1550.

  • En 1714, con 16 años, siguió los estudios eclesiásticos y terminó los estudios de teología con los dominicos.
  • Fue ordenado sacerdote a los 23 años el 8 de marzo de 1721, pero desde antes ya había comenzado su intenso apostolado.
  • El 23 de mayo del año 1764, sufrió un ataque al corazón y murió a la edad de 66 años. A su funeral asistieron 260 sacerdotes, un arzobispo, muchos religiosos e inmenso gentío. La misa de réquiem la cantó el coro pontificio de la Basílica de Roma.

Algunos datos interesantes de la vida de San Juan Bautista Rossi:

Después de leer un libro que hacía recomendaciones exageradas sobre las penitencias, se dedicó a mortificarse en el comer, beber y dormir, lo que ocasionó que su salud se deteriorara, dejándolo varios meses sin poder hacer nada. Pronto aprendió que la verdadera mortificación consistía en aceptar los sufrimientos y trabajos de cada día, con esfuerzo y dentro de sus capacidades. Pero de ahí en adelante tuvo que luchar contra su mala salud.

Desde cuando era seminarista sentía una gran predilección por los pobres, los enfermos y los abandonados. El Sumo Pontífice había fundado un albergue para recibir a las personas que no tenían en dónde pasar la noche y allá fue por muchos años el joven Juan Bautista a atender a los pobres y necesitados, a enseñarles el catecismo y prepararlos para recibir los sacramentos. Se llevaba varios compañeros más, sobre los cuales él ejercía una gran influencia. También le agradaba irse por las madrugadas al mercado donde llegaban los campesinos a vender sus productos. Allí enseñaba catecismo a los niños y a los mayores y preparó a muchos para hacer la confesión y recibir la Primera Comunión.

Los primeros años de su sacerdocio no se atrevía casi a confesar porque le parecía que no sabría dar los debidos consejos. Pero un día un santo obispo le pidió que se dedicara por algún tiempo a confesar en su diócesis. Allí descubrió Juan Bautista que este era el oficio para el cual Dios lo tenía destinado. Al volver a Roma le dijo a un amigo: "Antes yo me preguntaba cuál sería el camino para lograr llegar al cielo y salvar muchas almas. He descubierto que la ayuda que yo puedo dar a los que se quieren salvar es confesarlos. Es increíble el gran bien que se puede hacer en la confesión".

Se fue a ayudar a un sacerdote en un templo a donde acudían muy pocas personas. Pero desde que comenzó Rossi a confesar allí, el templo se vio frecuentado por centenares y centenares de penitentes que venían a ser absueltos de sus pecados. Cada penitente le traía otras personas para que se confesaran con él y las conversiones que se obraban eran admirables.

El Sumo Pontífice le encomendó el oficio de ir a confesar y a predicar a los presos en las cárceles y a los empleados que dirigían las prisiones. Y allí consiguió muchas conversiones. De todas partes lo invitaban para que fuera a confesar enfermos, presos y gentes que deseaban convertirse. A muchos sitios tenía que ir a predicar misiones y obtenía del cielo numerosas conversiones. En los hospitales era estimadísimo confesor y consolador de los enfermos. Sus amigos de siempre fueron los pobres, los desamparados, los enfermos, los niños de la calle y los pecadores que deseaban convertirse. Para ellos vivió y por ellos desgastó totalmente su vida. El se mantenía siempre humilde y listo a socorrer a todo el que le fuera posible.

¿Qué aprendemos de San Juan Bautista Rossi?

Pues la más importante lección de este gran sacerdote, apóstol del confesionario, va dirigida a los sacerdotes. Como Juan Bautista Rossi, también Juan María Vianney hizo una gran labor apostólica a través del sacramento de la confesión. Urgen sacerdotes así, en un mundo en el que cada día se va perdiendo más el dolor de los pecados. Vivimos en un relativismo tal que hasta el mismo concepto de pecado pierde fuerza, incluso dentro de los mismos fieles asiduos a otros sacramentos dentro de la Iglesia. El problema es que muchas veces no hay un sacerdote disponible para auxiliar a las almas que se quieren poner en gracia de Dios por la confesión. Hay que andarlos rogando para que confiesen a un enfermo, mucho más a un sano...

San Juan Bautista Rossi, ruega por nosotros y los sacerdotes del mundo entero!

 



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