San Juan, apóstol y evangelista (27 de diciembre)

Comparte esta publicación:
Santoral
Tools
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

Hoy, 27 de diciembre, la Iglesia celebra a San Juan, apóstol y evangelista, patrón de los teólogos y escritores...

 

Este día, 27 de diciembre, celebramos a San Juna, apóstol y evangelista. Es el autor del cuarto evangelio, de las tres cartas que llevan su nombre en el NT y del Apocalipsis. Su símbolo es el águila y un libro. Es patrón de teólogos y escritores.

San Juan, cuyo nombre en hebreo (Yohanan) significa “Dios ha dispensado” o "Dios ha mostrado su gracia", era un judío de Galilea, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago, el Mayor. Tanto él como su hermano recibieron el llamado de Jesús para formar parte del grupo de los doce, después de que otra pareja de hermanos (Simón y Andrés) aceptaron el mismo llamado y dejando las redes, le siguieron (Cf. Mt 4, 18-22). 


Juan es conocido como "el discípulo amado de Jesús"; en su evangelio se refiere a sí mismo como "el discípulo a quien Jesús amaba" (Jn 21, 7). Era el más joven de los doce apóstoles, el último en morir y el único que no fue martirizado.

Estos cuatro discípulos tienen un papel protagónico, sobresaliente, tanto al inicio como al final del ministerio de Jesús, siendo protagonistas de la primera jornada en Cafarnaún y destinatarios exclusivos del discurso escatológico. El Señor quiso que estuviese, junto con Pedro y Santiago, en el momento de su transfiguración, así como durante su agonía en el Huerto de los Olivos. En muchas otras ocasiones, Jesús demostró a Juan su predilección o su afecto especial. Por consiguiente, nada tiene de extraño desde el punto de vista humano, que la esposa de Zebedeo pidiese al Señor que sus dos hijos llegasen a sentarse junto a Él, uno a la derecha y el otro a la izquierda, en Su Reino. Tampoco es casualidad que, como a Simón, también a Juan y Santiago, en el momento de su constitución como apóstoles, Jesús les impusiera un nuevo nombre (Boanerges, es decir, "hijos del trueno")

Juan fue el elegido para acompañar a Pedro a la ciudad a fin de preparar la cena de la última Pascua y, en el curso de aquel convite, Juan reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús y fue a Juan a quien el Maestro indicó, no obstante que Pedro formuló la pregunta, el nombre del discípulo que habría de traicionarle. Es creencia general la de que era Juan aquel "otro discípulo" que entró con Jesús ante el tribunal de Caifás, mientras Pedro se quedaba afuera. Juan fue el único de los Apóstoles que permaneció al pie de la cruz con la Virgen María y las otras piadosas mujeres y fue él quien recibió el sublime encargo de tomar bajo su cuidado a la Madre del Redentor.' "Mujer, he ahí a tu hijo", murmuró Jesús a su Madre desde la cruz. "He ahí a tu madre", le dijo a Juan. Y desde aquel momento, el discípulo la tomó como suya. El Señor nos llamó a todos hermanos y nos encomendó el amoroso cuidado de Su propia Madre, pero entre todos los hijos adoptivos de la Virgen María, San Juan fue el primogénito. Tan sólo a él le fue dado el privilegio de tratar a María como si fuese su propia madre y el de honrarla, servirla y cuidarla en persona.

Cuando María Magdalena trajo la noticia de que el sepulcro de Cristo se hallaba abierto y vacío, Pedro y Juan acudieron inmediatamente y Juan, que era el más joven y el que corría más de prisa, llegó primero. Sin embargo, esperó a que llegase San Pedro y los dos juntos se acercaron al sepulcro y los dos "vieron y creyeron" que Jesús había resucitado.

A los pocos días, Jesús se les apareció por tercera vez, a orillas del lago de Galilea, y vino a su encuentro caminando por la playa. Fue entonces cuando interrogó a San Pedro sobre la sinceridad de su amor, le puso al frente de su Iglesia y le vaticinó su martirio. San Pedro, al caer en la cuenta de que San Juan se hallaba detrás de él, preguntó a su Maestro, por solicitud hacia su compañero:

"Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?». Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.»" (Jn 21, 21-22)

Debido a aquella respuesta, no es sorprendente que entre los hermanos corriese el rumor de que Juan no iba a morir, un rumor que el mismo Juan se encargó de desmentir al indicar que el Señor nunca dijo: "No morirá"  (Cf Jn 21,23)

Después de la Ascensión de Jesucristo, volvemos a encontrarnos con Pedro y Juan que subían juntos al templo y, antes de entrar, curaron milagrosamente a un tullido. Los dos fueron hechos prisioneros, pero se los dejó en libertad con la orden de que se abstuviesen de predicar en nombre de Cristo, a lo que ambos respondieron: "Si es razón delante de Dios escucharos a vosotros antes que a Dios, juzgadlo vosotros mismos. No podemos nosotros dejar de hablar de lo que vimos y oímos" (Hechos 4, 19-20).

Después, los dos Apóstoles fueron enviados a confirmar a los fieles que el diácono Felipe había convertido en Samaria. Cuando San Pablo fue a Jerusalén tras de su conversión se dirigió a aquéllos que "parecían ser los pilares" de la Iglesia, es decir a Santiago, Pedro y Juan, quienes confirmaron su misión entre los gentiles y fue por entonces cuando San Juan asistió al primer Concilio de los Apóstoles en Jerusalén. Tal vez concluido éste, San Juan partió de Palestina para viajar al Asia Menor.

No hay duda de que estaba presente cuando murió la Virgen María, ya haya ocurrido el hecho en Jerusalén o en Efeso. San Ireneo afirma que Juan se estableció en Efeso después del martirio de San Pedro y San Pablo, pero es imposible determinar la época precisa. De acuerdo con la tradición, durante el reinado de Domiciano, San Juan fue llevado a Roma, donde quedó milagrosamente frustrado un intento para quitarle la vida. La misma tradición afirma que posteriormente fue desterrado a la isla de Patmos, donde recibió las revelaciones celestiales que escribió en su libro del Apocalipsis

Después de la muerte de Domiciano, en el año 96, San Juan pudo regresar a Efeso, y es creencia general que fue entonces cuando escribió su Evangelio. El mismo nos revela el objetivo que tenía presente al escribirlo. "Todas estas cosas las escribo para que podáis creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que, al creer, tengáis la vida en Su nombre" (Jn 20, 31).

Su Evangelio tiene un carácter enteramente distinto al de los otros tres y es una obra teológica tan sublime que, como dice Teodoreto, "está más allá del entendimiento humano el llegar a profundizarlo y comprenderlo enteramente". La elevación de su espíritu y de su estilo y lenguaje, está debidamente representada por el águila, que es el símbolo de San Juan el Evangelista.

También escribió el Apóstol tres epístolas: a la primera se le llama Católica, ya que está dirigida a todos los otros cristianos, particularmente a los que él convirtió, a quienes insta a la pureza y santidad de vida y a la precaución contra las artimañas de los seductores. Las otras dos son breves y están dirigidas a determinadas personas: una, probablemente a la Iglesia local, y la otra a un tal Gayo, un comedido instructor de cristianos.

Dice San Jerónimo en sus escritos que, cuando San Juan era ya muy anciano y estaba tan debilitado que no podía predicar al pueblo, se hacía llevar en una silla a las asambleas de los fieles de Efeso y siempre les decía estas mismas palabras: "Hijitos míos, amaos entre vosotros. . ." Alguna vez le preguntaron por qué repetía siempre la frase, respondió San Juan: "Porque ése es el mandamiento del Señor y si lo cumplís ya habréis hecho bastante".

San Juan murió pacíficamente en Efeso hacia el tercer año del reinado de Trajano, es decir hacia el año cien de la era cristiana, cuando tenía la edad de noventa y cuatro años, de acuerdo con San Epifanio.

Según los datos que nos proporcionan San Gregorio de Nissa, el Breviariiun sirio de principios del siglo quinto y el Calendario de Cartago, la práctica de celebrar la fiesta de San Juan el Evangelista inmediatamente después de la de San Esteban, es antiquísima. En el texto original del Hieronymianum (alrededor del año 600 P.C.), la conmemoración parece haber sido anotada de esta manera: "La Asunción de San Juan el Evangelista en Efeso y la ordenación al episcopado de Santo Santiago, el hermano de Nuestro Señor y el primer judío que fue ordenado obispo de Jerusalén por los Apóstoles y que obtuvo la corona del martirio en el tiempo de la Pascua". Era de esperarse que en una nota como la anterior, se mencionaran juntos a Juan y a Santiago, los hijos de Zebedeo; sin embargo, es evidente que el Santiago a quien se hace referencia, es el otro, el hijo de Alfeo, a quien ahora se honra junto con San Felipe el 1 de mayo.

De acuerdo con los griegos, el lugar de su sepultura en Efeso era bien conocido y aun famoso por los milagros que se obraban en él. 

 

Fuente Bibliográfica: Vidas de los Santos de Butler, Vol. IV.; Leonardi, G, Riccardi, A.  y Zarri, G. (2000). Diccionario de los Santos Vol. II, Madrid: San Pablo.


Write a comment...
0 awesome comments!

Comparte esta publicación:
0
Shares
0
Shares