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Mar, Nov

San Ivo, Patrono de los Abogados (19 de mayo)

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Hoy, 19 de mayo, la Iglesia celebra a San Ivo, sacerdote predicador, patrono de los abogados...

 

San Ivo, patrono de los abogados
9 de mayo

 

San Ivo ( o Yves), nació el 1 de octubre de 1253, en la provincia de Bretaña, en Francia. Su padre lo envió a estudiar a la Universidad de París, donde obtuvo su doctorado como abogado.

Durante su etapa de estudios quiso poner en práctica aquella frase de Jesús: "Esta clase de demonios no puede echarse sino mediante la oración"  (Mc 9,29), de modo que se propuso dedicar buen tiempo cada día a la oración y a mortificarse lo más que fuera posible en las miradas, en las comidas, en el lujo en el vestir y en descansos que no fueran muy necesarios. Se abstenía de comer carne y evitaba las bebidas alcohólicas.  Lo que ahorraba con todas esas abstinencias y ayunos lo usaba para ayudar a los pobres.

Al volver a su pueblo natal, Bretaña, fue nombrado juez del tribunal y en el ejercicio de su cargo se dedicó a proteger a los huérfanos, a defender a los más pobres y a administrar la justicia con tal imparcialidad y bondad, que aun aquellos a quienes tenía que decretar castigos, seguían amándolo y guardándole estima, por lo que se ganó el título de "abogado de los pobres".

Se trasladaba también a otras provincias a defender gratuitamente a quienes no tenían con qué pagar a un abogado, pagando incluso, en algunos casos, los gastos que los pobres tenían que hacer para defender sus derechos.

San Ivo visitaba las cárceles y llevaba regalos a los presos y les hacía gratuitamente memoriales de defensa a los que no podían conseguirse un abogado.

En aquel tiempo los que querían ganar un pleito les llevaban costosos regalos a los jueces. San Ivo no aceptó jamás ni el más pequeño regalo de ninguno de sus clientes, porque no quería dejarse comprar ni inclinarse con parcialidad hacia ninguno.

Cuando le llevaban un pleito, él se esmeraba por tratar de que los litigantes arreglaran todo amigablemente en privado, antes de pasar a demandas públicas y evitarse los grandes gastos que implicaban las demandas judiciales. Así logró que muchos litigantes terminaran siendo amigos.

Después de haber ejercido su carrera legal por mucho tiempo, San Ivo sintió el llamado del Señor y realizó estudios para ser ordenado sacerdote. Se ordenó en 1284 y 1287 dejando su carrera legal para convertirse en un gran predicador.

Consiguió dinero de donaciones y construyó un hospital para enfermos pobres. Todo lo que llegaba lo repartía entre los más necesitados. Lo demás lo regalaba. Solamente se quedaba con la ropa para cambiarse.

Una noche San Ivo se dio cuenta de que un pobre estaba durmiendo en el andén de la casa cural, entonces se levantó y le dio su propia cama y él durmió en el puro suelo.

Cuando lo buscaban de muchas partes para que les sirviera de juez en algún pleito o litigio, además de lograr que hicieran las paces, les predicaba acerca de la vida eterna y del amor a Dios y al prójimo.

El 19 de mayo del año 1303 estaba tan débil que no podía mantenerse de pie y necesitaba que lo sostuvieran. Sin embargo celebró así la Santa Misa. Después de la Misa se recostó y pidió que le administraran la Unción de los enfermos y murió plácidamente, como quien duerme en la tierra para despertar en el cielo. Tenía 50 años.

¿Qué aprendemos de San Ivo?

Bueno, la lección más importante va para los abogados, para que pidan la intercesión de San Ivo y aprendan de él a buscar primero la justicia antes que aprovecharse de las circunstancias para hacer dinero. San Ivo evitaba recibir regalos de sus clientes, para evitar ser parcial en un juicio. Buena lección para abogados y jueces que se venden antes de dictar justicia.

Para todos, de San Ivo aprendemos a hacer un buen uso de la oración y la mortificación, buenas prácticas que lo impulsaron a la Santidad. Aprendemos también que debemos buscar atesorar primero en el cielo, compartiendo de lo mucho o poco que tenemos, con aquellos más desafortunados que nosotros.

San Ivo, ruega por nosotros y por todos los abogados del mundo entero!


Fueente: P. Eliécer Salesman, Vidas de Santos 2

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