San Francisco Javier (3 de diciembre)

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Hoy, 3 de diciembre, la Iglesia celebra a San Francisco Javier, patrono de las misiones, "El gigante de la historia de las misiones"

 

Religioso de la Compañía de Jesús, nació en el seno de una familia pudiente, el 7 de abril de 1506, en la localidad navarra de Javier (España). Estudió en la universidad de París, donde coincidió con Íñigo de Loyola, quien le convenció de la temporalidad de los bienes terrenales (“Javier, de qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu alma”) y de la importancia de llevar el mensaje de Cristo a todos los pueblos. Trabajó en la fundación de la Compañía de Jesús y fue un incansable evangelizador, recorriendo desde el cabo de Buena Esperanza hasta La India o El Japón, dejando profundas huellas en todas las ciudades que pisó. Murió a las puertas de China  el 3 de diciembre de 1552. Beatificado el 25 de octubre de 1619, por Pablo V y canonizado el 12 de marzo de 1692 por Gregorio XV. Fue inscrito en el calendario romano en 1663 y declarado patrono de la India y de todo el Extremo Oriente en 1748, y por fin de todas las misiones católicas, junto con santa Teresa del Niño Jesús, en 1927.

 

Vida de San Francisco Javier

Javier pertenecía a una familia navarra de clase. Nació en Navarra, cerca de Pamplona, en el castillo de Javier, el 7 de abril de 1506. Su padre, don Juan de Jassu, era consejero del rey de Navarra y experto en negociaciones políticas entre reyes y reinos. Su madre es María de Azpilcueta, de la casa solar del valle del Baztán, heredera de la posesión de Javier.

Francisco fue el benjamín de la familia y a los dieciocho años fue a estudiar a la Universidad de París, en el colegio de Santa Bárbara.  Ahí conoció a Ignacio de Loyola, el cual se hizo muy amigo y empezó a repetirle la famosa frase de Jesucristo: "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?". Este pensamiento lo fue liberando de sus ambiciones mundanas y de sus deseos de orgullo. La amistad con san Ignacio transformó por completo a Javier, quien fue uno de los siete primeros religiosos con los cuales san Ignacio fundó la compañía de Jesús. 

París le conoció como alumno y le poseyó como maestro en el período de once años (1525-1536). Reside en el colegio de Santa Bárbara, patrocinado por el rey de Portugal. Se gradúa en Letras, es licenciado en Filosofía y hace los estudios teológicos hasta el año 1536 con la salsa de luchas intelectuales avivadas por el protestantismo naciente que encontró una de sus principales barreras en la universidad de París.

Hace los primeros votos en Montmartre el 15 de agosto de 1534. Luego está en Roma con el fundador, haciendo unos meses de secretario. Recibe la ordenación sacerdotal en Venecia, el año 1537 y destaca por su afán de santidad y disponibilidad para el apostolado.

Un día interviene el embajador lusitano, Pedro Mascareñas, y hay revuelo. Venía orientado desde París donde le dijeron que aquél incipiente grupo de seguidores de Ignacio tiene la garra y carisma suficiente para colmar las aspiraciones del rey de Portugal, don Juan III, quien tiene en ese momento proyectos de atender, consolidar y extender sus posesiones de Ultramar, tanto en las Indias como en Brasil.

Como el papa Paulo III acepta el plan y lo apoya, no hay mucho más que hablar. Javier pasa un año en Portugal para familiarizarse con la lengua y las costumbres, sin que pase desapercibida su presencia y trabajo en la Corte, logrando por méritos propios la confianza del rey y sus ministros.

Al embarcar para Goa lleva amplísimas facultades que le facilitarán la realización de su labor sin trabas; es legado papal y nuncio por breves pontificios expedidos en la Curia y lleva, además, el encargo oficioso del rey para poner orden y concierto en los asentamientos ya instalados.

Parte en 1542; después del gran éxito en Goa durante cinco meses, extendió su labor al sur de la India y a Ceilán (hoy Sri Lanka), donde convirtió a decenas de miles de personas; también en Malabar, Travancor, y Meliapur. En 1545 Malaca verá su figura enseñando el catecismo predicando por todos sitios; buen púlpito serán las plazas y las calles. Misionero sin límites geográficos irá a las islas Amboino, Cerán, Ternate, Tidoro y las islas del Moro. No lo tendrá fácil -a pesar de sus papeles y credenciales- con las dificultades y obstáculos que le ponen los mercaderes en Ceilán. No siempre y todo es llegar a gentes nuevas; a veces regresa y visita las comunidades primeras, compone catecismos, reagrupa a los cristianos, hace lo que puede para organizarlos y dejarlos preparados para que los pueda atender el clero que viene detrás. Es el primer misionero del Japón, cuando pisa Kagoshima en agosto del 1549, acompañado de otro jesuita y un hermano lego; después de aprender japonés durante un año, la táctica es la misma, predicación sencilla del evangelio con paciencia y caridad. En 1551, cuando abandonó Japón, había fundado una pujante comunidad cristiana. A veces hubo bautismos en masa, porque su impaciencia divina provoca una conmoción espiritual. Le llegó el nombramiento de Provincial cuando estaba en estas lides evangelizadoras.

Embarcado para Sancian (Shuangzhong), le animaba la esperanza de llegar a la China; joven le pilló el cariño de Dios, que fue siempre su patrón, cuando le llamó en el año 1552. Cuando acariciaba el sueño de entrar en China, en la isla de Sancián, dentro de una cabaña de ramas y arcilla, enfermo de pulmonía, moría Javier con sólo cuarenta y seis años.

Su muerte sucedió el sábado 3 de diciembre; tenía entonces cuarenta y seis años y había pasado once en el oriente. Fue sepultado el domingo por la tarde. Uno de los tripulantes del navío había aconsejado que se llenase de barro el féretro para poder trasladar más tarde los restos. Diez semanas después, se procedió a abrir la tumba. Al quitar el barro del rostro, los presentes descubrieron que se conservaba perfectamente fresco y que no había perdido el color; también el resto del cuerpo estaba incorrupto y sólo olía a barro. El cuerpo fue trasladado a Malaca, donde todos salieron a recibirlo con gran gozo. Al fin del año, fue trasladado a Goa, donde los médicos comprobaron que se hallaba incorrupto. Ahí reposa todavía, en la iglesia del Buen Jesús. 

Fue canonizado el 12 de marzo de 1622 junto con San Ignacio de Loyola, San Felipe Neri, Santa Teresa de Jesús y el santo de Madrid, San Isidro Labrador.

Desde que se hizo miembro de la Compañía de Jesús, no tuvo otro ajuar que un saquillo donde llevaba el breviario, un libro de devoción y un crucifijo que le recordaba el del castillo de sus padres.

San Francisco Javier es uno de los misioneros más grandes que han existido, consiguiendo en solo once años implantar el cristianismo en la India, Indonesia, Japón y otros países. Ha sido llamado: "El gigante de la historia de las misiones"

¿Qué aprendemos de San Francisco Javier?

La santidad de Francisco Javier es modelo a seguir para todos los bautizados, pues el llamado de Jesús a misionar no es solo para personas consagradas. Francisco es un claro ejemplo de renuncia y entrega. Renunció a todas sus pretensiones personales y a una vida cómoda en el castillo, con su familia, y se entrega al proyecto de Dios, evangelizando por 11 años en condiciones muy desfavorables, sin las facilidades de traslado que tenemos nosotros ahora, ni mucho menos con los recursos que están a nuestro alcance.

Siendo patrono de las misiones, lo mejor que podemos aprender de él es la misión: evangelizar, llevar la Buena Nueva de salvación a todo aquel que lo necesita. Y para ello no necesitamos embarcarnos por mucho tiempo a tierras desconocidas. Ahí cerca, incluso en la misma familia, hay una o más personas que necesitan a Dios y les hace falta quien sirva de instrumento de Dios para la evangelización.

San Francisco Javier, ruega por nosotros y por todos los misioneros del mundo...


FUENTES:  Shurhammer, Jorge, Vida de San Francisco Javier, Buenos Aires, 1859; Alvarez M., Jesús, Los Santos de Cada Día, 2004; Lodi, Enzo, Los Santos del Calendario Romano, Ediciones Paulidas, Madrid, 1990;  Sálesman, Eliecer, Vida de los Santo 4, San Pablo; santopedia.com


 

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