Novena a San Francisco Javier (24 de noviembre al 2 de diciembre)

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Espiritualidad
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Oraciones para la novena a San Francisco Javier, del 24 de noviembre al 2 de diciembre...

Novena a San Francisco Javier

Por la señal, de la Santa Cruz...

1. Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

 

 

2. Oración para todos los días

San Francisco, tú que no dudaste en afrontar los desafíos más difíciles porque sabías quién era tu Protector, te pedimos que intercedas por nosotros, a fin de poder vivir nuestras dificultades como una oportunidad para confiar más intensamente en el Padre y su providencia para con nosotros.

Que siguiendo tu ejemplo y espíritu misionero mostremos a nuestro mundo, tan dividido por guerras y venganzas, ambiciones e indiferencias, vacío de sentido y materialismo de mentalidades, que la Iglesia es el más grande recinto para la Esperanza, el lugar de la hoguera del Gran Amor del mundo y el candelero donde siempre está encendida la Luz capaz de iluminarle la verdadera Vida al género humano.

3. Oración del día correspondiente

[Día primero] [Día segundo] [ Día tercero] [Día cuarto] [Día quinto] [Día sexto] [Día séptimo] [Día octavo] [Día noveno]

4. Oraciones finales (todos los días)

San Francisco, tú supiste renunciar a los bienes terrenos, porque entendiste que de nada te servía ganar el mundo si perdías tu alma, te pido, por tu intercesión en esta novena, que Dios me alcance la gracia de desterrar de mí todo lo que me aparta de El y del camino trazado por Jesús.

Padre Nuestro.... Gloria al Padre... 

San Francisco, tú que te enfrentaste a lo largo de la vida a innumerables peligros y desafíos, ayúdame, con tu intercesión, a aumentar mi espíritu misionero y a no temer dar testimonio de Jesús.

Padre Nuestro.... Gloria al Padre...

San Francisco, tú que supieste abandonarte en las manos de Dios padre y a él acudiste siempre en oración, te pido que en esta novena, me alcances la gracia que te pido... (hacer aquí la petición personal)

Padre Nuestro.... Gloria al Padre...

Padre todopoderoso, tú que tienes más en cuenta nuestra buena voluntad llena de humildad y entrega a ti, que los logros y éxitos visibles a los ojos de los hombres –por muchos que sean- te pedimos que nos ayudes a ofrecer constantemente nuestras vidas por sólo tu amor y gloria y por la expansión de tu Reinado de Amor en el mundo. Amén

 

En el nombre del Padre...


Día primero (24 de noviembre): Los grandes sueños

 Nuestra vida espiritual es una mezcla de grandes, mediocres o malos "sueños." Los anhelos de perfección, de liberación, de santidad, de elevación, de justicia y amor para el género humano constituyen los “sueños” que hemos de perseguir y hacer realidad porque reconstituyen un mundo acorde con el Reinado de Dios. Los sueños materiales o de bienestar subjetivo pueden ser anhelos que nos hagan más narcisistas y egoístas. Estos últimos “sueños” no suelen ser los que nos acercan a Dios sino que –por el contrario- nos encierran en nuestros propios afectos e intereses.

Este primer día de la novena, lo centraremos en tomar conciencia de nuestros sueños “nobles” para pedirle a San Francisco que nos ayude con su ejemplo y su intercesión a no abandonar nuestros mejores “sueños”: los que nos acercan al Creador. 

El mismo San Francisco nos ayuda con una de sus cartas:

“Os acordáis, hermano mío Simón, de aquella noche que pasamos juntos en el hospital de Roma y que yo me desperté con mis repetidos gritos: ¡Más, más!. Cuando me preguntasteis vos cuál era la razón de mi grito, os contesté que no hicierais ningún caso de ello. Sabe ahora que fue por verme como envuelto en grandes trabajos y peligros por el servicio de Dios Nuestro Señor; sin embargo, su gracia me sostenía y me animaba de tal manera que yo no podía menos de pedir más. Yo creo que llega la hora en que se ha de realizar lo que me fue mostrado de antemano”. 

San Francisco estaba todavía en Lisboa cuando le cuenta este “sueño” a uno de sus compañeros de orden. El “sueño” de Francisco era convertir el Oriente para el Cristianismo. De ese “sueño” la semilla sembrada en la India y en Japón permanece hasta hoy. Su sueño “grande” lo llevó a una misión “grande”. Sólo los sueños importantes pueden sacarnos de la modorra cotidiana con su mediocridad y nuestra pusilanimidad. 

ORACIÓN

Te pedimos padre Francisco para que intercedas ante Dios a fin de que nos muestre con más claridad los sueños “grandes” que nos saquen de nuestra cotidiana comodidad y nos desafíen a horizontes nuevos de libertad y amor. Y que Cristo Nuestro Señor nos dé su ayuda y favor. Amén

(Ir a oración final)

 

Día segundo (25 de noviembre): Gritar el Evangelio 

San Francisco, al llegar a la India y recorrer sus costas y dirigirse a Sri Lanka, Japón, y otras tantas islas del Pacífico, se da cuenta de la cantidad inmensa de ideologías, religiones, costumbres, supersticiones, injusticias, dolores, miserias y grandezas de millones de hombres y mujeres.

Su corazón sabía que los anhelos más sublimes del hobre y la verdad más perfecta, están formuladas de forma eminente en la religión que el Padre decidió fundar a través de Jesucristo y su Iglesia.
Sabía que las semillas de verdad que están presente y brillaban en numerosas religiones de aquellas tierras solo podían adquirir máxima claridad y sentido, con Cristo.
Sin embargo, el Padre Francisco también veía las semillas de la oscuridad, tiniebla, superstición y  error en las religiones de Oriente, que destruían a tantos incontables millones de criaturas humanas. De ahí que escribe desde Asia en términos que siguen siendo sobrecogedores:

“Muchos no se hacen cristianos en estas tierras (Oriente) por no haber personas que se ocupen de ellos. Muchas veces me mueven pensamientos de ir a los (centros de) estudios de esas partes (Europa) dando gritos, como hombre que ha perdido el juicio; y principalmente a la Universidad de París, diciendo a los de la Sorbona, a los que tienen más letras que voluntad para disponerse a fructificar con ellas: ¡Cuántas almas dejan de ir a la gloria y se pierden por la negligencia de ellos!... cuántos mil millares de gentiles se harían cristianos si hubiese operarios para que fuesen solícitos de buscar y favorecer las personas que no buscan sus propios intereses sino los de Jesucristo. Es tanta la multitud de los que se convierten a Cristo en esta tierra donde ando, que muchas veces me acaece tener cansados los brazos de bautizar”

 ORACIÓN

Padre Francisco, tu entusiasmo por ayudar a las gentes a descubrir la religiosidad más perfecta, y el Dios más plenamente revelado, es extraordinaria. Quisiéramos incrementar nuestro propio deseo de ser apóstoles de Jesucristo. Te pedimos padre Francisco que ores al Padre Dios por nosotros para que su gracia sea suficiente para que nuestra libertad le responda con generosidad y valentía en el testimonio de fe. “Alabado sea Dios por siempre jamás, pues comunica tanto su paz a quienes lo aman.” Amén

(Ir a oración final)

 

Día tercero (26 de noviembre): La lucha contra el mal espíritu. 

Francisco Javier, además de misionero extraordinario y apóstol sin frontera, era un insigne maestro espiritual. Con sus cuarenta y tres años adquirió del mismo San Ignacio el arte de distinguir las mociones que venían de Dios de las que provenían del demonio o mal espíritu. Una de las tentaciones que más perjudican a los que desean responder a las invitaciones de Dios a santificar el mundo con su amor, es dirigir la mirada donde no hay que mirar, no afrontando la realidad propia y concreta de cada uno. Esa misma tentación era la que experimentaban los jesuitas contemporáneos de Francisco. Veamos lo que el Santo nos dice: 

“temo que el Enemigo (demonio) desinquiete  (paralice) a algunos de vosotros, proponiéndoos cosas arduas y grandes de servicio de Dios que haríades si en otras partes de las que ahora estáis, os hallásedes. Todo esto ordena el demonio a este fin de desconsolaros, desinquietándoos que no hagáis fruto en vuestras almas ni en las de los prójimos en los lugares donde en el presente estáis, dándoos a entender que perdéis el tiempo. Esta es una clara, manifiesta y común tentación a muchos que desean servir a Dios; a esta tentación os ruego mucho que resistáis, que impide ir adelante y hace tornar atrás con mucha sequedad y desconsolación de espíritu. Por tanto, cada uno de vosotros, en los lugares donde esté, trabaje mucho de aprovechar a sí primero, y después a los otros, teniendo cierto para sí que en ninguna otra parte puede tanto servir a Dios como donde por obediencia se halla... Porque así como en las partes donde deseáis estar no hacéis ningún fruto al no estar en ellas, así de la misma manera en el lugar donde ahora estáis, ni a vosotros ni a otros aprovecháis, por tener los pensamientos y deseos ocupados en otras partes”(5 nov.1549)

ORACION

Padre Francisco, que tu ejemplo nos ayude a afrontar nuestra propia realidad personal y responder desde nuestras reales posibilidades y talentos a la voluntad del Señor. Que tu intercesión por nosotros ante Dios nos ayude a resistir los engaños del Mal Espíritu, que nos hace tener sueños fantasiosos, irreales, o evasivos. Pero al mismo tiempo, que nos libre de enterrar nuestros talentos debajo de la tierra, sin dar los frutos apostólicos que tù quieres de nosotros
Nuestro Señor continuamente sea en nuestra guarda y nos dé muchas fuerzas para que lo sirvamos”. Amén

(Ir a oración final)

 

Día cuarto (27 de noviembre): La lucha contra las ideas y conductas

Francisco se encuentra en Japón con una religiosidad organizada en torno a los bonzos de los monasterios, en una sociedad muy estructurada en jerarquías y en convicciones que se oponían al Cristianismo. Francisco nos habla de cómo enfrentó la ideología de los bonzos:

La gente secular (es decir los japoneses que no son bonzos) no me parece que nos ha de contradecir ni perseguir, cuanto es de su parte, salvo si no fuere por muchas importunaciones de los bonzos. Nosotros no pretendemos diferencias (conflictos) con ellos ni por temor dejaremos de hablar de la gloria de Dios y de la salvación de las almas; y ellos no nos pueden hacer más mal de lo que Dios Nuestro Señor les permitiere; .... Nuestras intenciones son declarar y manifestar la verdad, por mucho que ellos nos contradigan, pues Dios nos obliga a que más amemos la salvación de nuestros prójimos que nuestras vidas corporales. (15 nov.1549)

Los bonzos japoneses del siglo XVI representan a los ideólogos de la secularización de hoy. Estos ideólogos, hoy, están en el campo intelectual y de los medios de comunicación social. Los “bonzos” de hoy con sus “importunaciones” generan la intolerancia y el corazón prejuiciado en contra del anuncio de Jesucristo. Los “Bonzos” de hoy, están en todos los paises, en las administraciones públicas y en la cultura emotivista y hedonista de nuestra época. Los “bonzos” (secularistas) de la sociedad actual quieren impedir que el cristianismo continúe anunciando la Salvación. Por eso, la lucha que tuvo San Francisco contra los bonzos japoneses, es la misma lucha que tenemos los cristianos contra la secularización de hoy y su mensaje de descreimiento hacia el Poder supremo de Dios sobre toda la historia y sobre el Cosmos.

ORACIÓN

Padre Francisco, así como tú te preparaste en la Sorbona para responder a todos los desafíos y falacias de cualquier ideología de la época (incluyendo la férrea mentalidad de los bonzos japoneses y chinos) ayúdanos con tu intercesión a formarnos permanentemente en la fe que profesamos, a fin de tener siempre la respuesta oportuna e inteligente que desarticule las deficiencias de la mentalidad y la ideología de la secularización. “Cristo Nuestro Señor nos dé su ayuda y favor. Amén.”

(Ir a oración final)

 

Día quinto (28 de noviembre): La consolación del que responde a Dios. 

Francisco había tenido “grandes” sueños, había pasado por enormes dificultades, había luchado contra innumerables tormentas físicas, espirituales y culturales. Pero estaba en el camino que Dios le había ido mostrando en su interior y la obediencia le había confirmado ese camino a través de su padre Ignacio. Su lucha pertinaz, esperanzada, generosa, abierta, liberada de las comodidades y bienestares de Europa, era “premiada” –ahora y estando en lejanas tierras- por abundante “bienestar” de índole completamente diverso al que experimentaba en el continente del cristianismo. Es lo que pasa a todos los creyentes cuando, asumiendo la voluntad de Dios, se colocan con el corazón abierto  a servir su Reino.

El padre Francisco nos lo relata así:

“Esta cuenta os doy para que sepáis cuán abundosas islas son estas de consolaciones espirituales: porque todos estos peligros y trabajos voluntariamente tomados por amor y servicio de Dios nuestro Señor, son tesoros abundosos de grandes consolaciones espirituales en tanta manera, que son islas muy dispuestas y aparejadas para un hombre en pocos años perder la vista de los ojos corporales con abundancia de lágrimas consolativas. Nunca me acuerdo de haber tenido tantas y tan continuas consolaciones espirituales como en estas islas con tan poco sentimiento de trabajos corporales; mejor es llamarlas ‘islas de esperar en Dios’, que no ‘islas de Moro’ (20 de enero de 1548).

ORACIÓN

Padre Francisco tu ejemplo de entrega nos ha mostrado cómo el apóstol llega a un tipo de consolación espiritual incomparablemente superior a los bienestares o gozos pasajeros que nos da la vida secularizada y consumista en la que estamos. Intercede por nosotros ante Dios para que podamos alcanzar en nuestro trabajo de apóstoles y en nuestro testimonio de fe, en nuestras reuniones comunitarias de la Iglesia, aquellas gratificaciones espirituales y consolaciones que nos ayuden a perseverar en tu servicio, sin desfallecer ante ninguna dificultad.
Nuestro Señor continuamente sea en nuestra guarda y nos dé muchas fuerzas para que lo sirvamos”. Amén.

(Ir a oración final)

 

Día sexto (29 de noviembre): La soledad del apóstol. 

En aquellas lejanas tierras de Oriente, con las comunicaciones marítimas tan malas y peligrosas, no es de extrañar que a lo largo de 10 años que permaneció el P.Francisco en Asia, sólo hubiese recibido 7 cartas con noticias de sus amigos de la Compañía de Jesús. Estando en una cultura tan extraña, pasando tanta necesidad material, afectiva y espiritual, Francisco Javier sentía profundamente la distancia geográfica y la soledad psicológica.

Así nos lo cuenta:

“Cuatro años hace que partí de Portugal. En todo este tiempo sólas unas cartas vuestras recibí de Roma; y de Portugal dos del maestro Simón. Deseo cada año saber nuevas vuestras y de todos los de la Compañía, particularmente. Bien sé que cada año me escribís: yo también escribo todos los años, más me temo que así como yo no recibo vuestras cartas, vosotros no recibís las mías” (27 enero 1548)

Tanto quería a sus compañeros que recortaba sus firmas de las cartas y se las llevaba siempre consigo: 

“Y para que jamás me olvide de vosotros, por continua y especial memoria para mucha consolación mía, os hago saber, carísimos hermanos, que tomé de las cartas que me escribisteis, vuestros nombres escritos por vuestras manos propias, juntamente con el foto de la profesión que hice, y los llevo conmigo, por las consolaciones que de ellos recibo” (10 mayo 1546).

La soledad de Francisco Javier era una soledad física, afectiva y cultural, pero no espiritual. La cercanía con Dios le hacía superar todas las mediaciones humanas de esa lejanía afectiva que experimentaba. Sin embargo, la soledad del P. Francisco nos hace reconocer la realidad de nuestra propia soledad: cada uno está “solo” ante su vida. Aunque tengamos familia, aunque tengamos pareja, aunque tengamos una comunidad de amigos con la que compartir los anhelos y las luchas, es insalvable un último recinto de soledad irreductible en cada uno de nosotros.

ORACIÓN

Padre Francisco, tú que supiste luchar contra la soledad de la misión en tierras tan lejanas y adversas, ayúdanos a afrontar el recinto último de nuestra soledad, con la confianza puesta en el Señor y con la libertad de dejarnos ayudar por nuestros hermanos, en aquellos momentos que necesitamos ser auxiliados en nuestras debilidades.
“Alabado sea Dios por siempre jamás, pues comunica tanto su paz a quienes lo aman” Amén

(Ir a oración final)

Día séptimo (30 de noviembre): Dar a Dios lo que es de Dios

Francisco Javier fue intrépido y no se quedó quieto ni un momento. Supo servirse de los medios adecuados cuando los medios eran apropiados al fin que era salvar a las almas. Con los marineros se hizo marinero, a los pecadores les mostró que él era  tan pecador como ellos, con los bonzos supo argumentar a partir de lo que había aprendido en una de las mejores universidades de la época.  Aprendió la lengua de los nativos para hablarles de manera entendible, con los pobres se hizo pobre, con el Daimyo (señor feudal) de Japón supo ponerse ropas aristocráticas y llevarle “joyas” europeas para despertar su admiración y lograr libertad para predicar. Sin embargo, Francisco supo siempre reconocer que todos esos eran medios permitidos por el Señor para poder responderle fielmente. Por eso, la actitud de la humildad de la creatura, capaz de reconocer que Dios es Dios y nosotros, sus hijos, es esencial para la paz del alma. Es así que el padre Francisco intruye a Berceo, un jesuita que había llegado para ayudarle, en los siguientes términos:

“No dejéis nunca de pensar que se hallan en el infierno muchos predicadores que tuvieron más gracias que vos en el predicar y que hicieron con sus predicaciones más frutos del que vos hacéis, y más aún, que fueron instrumentos para que muchos dejaran de pecar; y lo que da mayor espanto que fueron causa instrumental para que muchos fuesen a la gloria y ellos, desgraciados, fueran al infierno por haberse atribuido a sí mismos lo que era de Dios, por servirse del mundo, gozando de ser alabados por los mundanos, creciendo en vana opinión y grande soberbia por donde vinieron”

ORACIÓN

Padre Francisco, tu no escatimaste ningún medio útil para el objetivo de anunciar que la salvación del hombre está en Jesucristo. Sin embargo, siempre tuviste la humildad de nunca atribuirte a ti, lo que era Gracia o Don del Señor puesta  a tu disposición. Ayúdanos con tu intercesión para que el Señor sea paciente con nuestras soberbias y nos ayude a corregirlas. Pídele al Padre, que sea tolerante con nuestras autosuficiencias y nos dé ocasiones abundantes como para poder reconocer –de corazón- que somos sus creaturas y estamos siempre en sus manos de paternales.
Nuestro Señor continuamente sea en nuestra guarda y nos dé muchas fuerzas para que lo sirvamos”. Amén

(Ir a oración final)

 

Día octavo (1 de diciembre): Ponerle “mala cara” al miedo. 

En la vida espiritual, en la vida afectiva, en la vida social pasamos por muchas ocasiones en el miedo surge en nosotros con fuerza. Miedo a lo que vendrá frente a una enfermedad, miedo a lo que sucederá con un nuevo emprendimiento, miedo a las consecuencias de determinadas acciones, a las represalias de determinadas personas, a perder el trabajo, miedo a no poder hacer frente a las obligaciones financieras; en suma, experimentamos miedos psicológicos, miedos laborales y, por sobre todo,  miedos espirituales: “seremos felices? ¿nos sentiremos realizados como personas? ¿seremos capaces de responder a los desafíos espirituales que nos pone la vida? ¿superaremos la muerte?

Francisco Javier también experimentó miedo. Un miedo muy atroz –y con razón- porque las circunstancias  vividas ofrecían riesgos más que evidentes. Veamos cómo lo enfrenta:

“Espántanse mucho todos mis devotos y amigos de hacer un viaje tan largo y peligroso. Yo me pasmo más de ellos, en ver la poca fe que tienen, pues Dios nuestro Señor tiene mando y poder sobre las tempestades del mar de la China y Japón, que son las mayores que hasta ahora se han visto, y poderoso sobre todos los vientos y bajos que hay muchos, a lo que dicen, porque se pierden muchos navíos. Tiene Dios Nuestro Señor poder y mando sobre todos los ladrones del mar, que hay tantos que es cosa de espanto. Como Dios nuestro Señor tiene poder sobre todos éstos, de ninguno tengo miedo, sino de Dios, por ser negligente en su servicio, inhábil o inútil para acrecentar el nombre de Jesucristo, entre gente que no lo conocen. Todos los otros miedos, peligros y trabajos que me dicen mis amigos, los tengo en nada” (22 junio 1549)

La respuesta de Francisco es contundente: el Señor de los acontecimientos es Dios, que permite que acontezcan las cosas para nuestro bien. Nada en nuestra vida sucede sino para nuestra santificación; aún lo que nos parece que es malo.

ORACIÓN

Te pedimos padre Francisco, ya que estás junto al Padre, que su gracia siempre sea abundante en nosotros, y nunca lo dejemos de servir en lo que sea necesario a causa de los miedos que nos ponen los “demonios” que merodean siempre nuestra alma. “Cristo Nuestro Señor nos dé su ayuda y favor. Amén.”

(Ir a oración final)

Día noveno (2 de diciembre): El sustento para la lucha.

La vida es compleja y llena de altibajos en los aspectos sociales, afectivos y espirituales. Sólo la oración y los sacramentos, pueden ser el sustento y el alimento para afrontar las adversidades –cualquiera sean éstas- que nos depara el vivir.  Francisco Javier, más que nadie necesitó de esa fuente permanente de Gracia para poder llevar a cabo la misión tan difícil que el Señor le había encomendado en aquellas lejanas tierras.

Dice al respecto la señora Jerónima Pereira (1556) sobre el Padre Francisco:

“Mi hermano y un amigo, que trataron durante mucho tiempo con el Padre Maestro Francisco, quisieron averiguar qué es lo que hacía de noche. A través de los agujeros y hendiduras de su choza, hecha de hojas de palmera, le pudieron observar a veces y le vieron en oración, arrodillado ante un crucifijo colocado sobre una mesa; pasaba casi toda la noche en esta contemplación y oración. Si después de su contemplación al echarse sobre una colchoneta de cuero con una piedra a la cabecera lograba tomar descanso este sueño, ciertamente era breve. ..... Y otro testigo, en el mismo sentido expresaba: “Cuando nosotros habíamos conciliado el sueño, el Padre Maestro Francisco, de rodillas, vestido como de día, contemplaba y oraba con las manos levantadas al cielo. Yo mismo lo vi así durante algún tiempo.... Se levantaba ya antes de la aurora para decir el oficio divino y celebrar el Santo Sacrificio” 

ORACIÓN

Padre Francisco, tú que ahora estás en la plenitud de la gloria de los bienaventurados, luego de haber confiado mucho, entregándote a la oración,  intercede ante Dios por nosotros para que no deje de derramar su gracia abundante cada vez que se la pedimos en la oración.
Nuestro Señor continuamente sea en nuestra guarda y nos dé muchas fuerzas para que lo sirvamos”. Amén

Padre Francisco, que podamos seguir tu ejemplo y basar nuestra vida en una constante entrega y confianza en el Señor, retirándonos a orar lo más frecuente posible a lo largo de los días.
Nuestro Señor continuamente sea en nuestra guarda y nos dé muchas fuerzas para que lo sirvamos”. Amén

(Ir a oración final)

 

Fuente: Parroquia Ntra. Sra de la Fundación Montevideo (Uruguay) | Autor: P. Omar França-Tarragó

 

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