Algunas exageraciones en la celebración de la Misa, después de la Reforma de la Sacrosanctum Concilium

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Riesgos de la Reforma de la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, especialmente sobre la celebración de la Santa Misa...

Algunas exageraciones en la celebración de la Misa, después de la Reforma de la Sacrosanctum Concilium

(Por Ing. Mardoqueo G. Sánchez)

 

El 4 de diciembre de 1963, el Papa Pablo VI firmaba la Constitución  Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, como resultado de la apertura que el Concilio Vaticano II estaba dando para reformar la liturgia hasta entonces celebrada en la iglesia Católica. Había grandes desafíos de una "modernidad" que clamaba reformas, por lo que se reunieron unos 3000 obispos en el Vaticano para buscar respuestas y soluciones. Este concilio se convirtió en la mayor asamblea que ha visto la cristiandad en toda la historia de la Iglesia,  comenzó el 11 de octubre de 1962 y, terminó tres años después, el 8 de diciembre de 1965. Fue convocado por Juan XXIII, pero lo guió y concluyó Pablo VI.



Les invitamos leer aqui el documento completo Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, donde está establecida la reforma en cuanto a la Liturgia se refiere.  Es bueno leerlo, no solo para quienes tenemos alguna responsabilidad en la formación litúrgica, sino para todo el pueblo de Dios, que participa con mucha frecuencia de diversos actos litúrgicos.

Hubo muchas reformas a partir de este Concilio. Muchos de los ancianos de nuestra época, los que tuvieron la oportunidad de asistir a celebraciones litúrgicas, como la Misa, antes de 1963, recordarán algunas particularidades en la forma de celebrar, por ejemplo:

  1. La Misa se celebraba en Latín
  2. El Sacerdote daba la espalda a la asamblea durante la celebración

Esto por citar dos casos más recordados y añorados tal vez por muchos católicos. Pero los cambios van mucho más allá de eso que se evidencia en nuestras celebraciones litúrgicas, porque, como el mismo concilio lo dijo: "la liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza" (SC 10). Por eso quizá el impacto de las reformas del Concilio Vaticano II se hagan mucho más evidentes a partir de la liturgia misma, para el católico común.

¿Cuáles han sido los resultados de esos cambios? ¿Qué impactos positivos y negativos ha traído para la cristiandad católica? Hay mucho qué decir sobre ello, y hay tanta gente feliz con lo que ha sucedido en los ya más de 50 años de esa reforma; pero hay un buen número de inconformes (y son bastantes), que ven cómo se cometen atrocidades y se despedaza la liturgia en muchas celebraciones. 

Ya bastante se ha escrito sobre esto, pero yo quiero retomar algunas cosas puntuales, porque son de las más evidentes y preocupantes, errores que muchos liturgistas han atribuido, no a lo que el Concilio Vaticano reformó, sino a un error de interpretación por muchos sacerdotes.

1. Por ejemplo, ya se ha discutido en la Iglesia sobre el momento del abrazo de paz, si se deja en el lugar donde está, dentro de nuestra misa, o se hace antes del ofertorio, como lo hace el Camino Neocatecumenal. Y se mantuvo sin reformarse, pero con la sugerencia de que se haga con respeto, sin que la gente se mueva del lugar donde se encuentra para ir a dar el saludo de paz a su comadre, compadre o pariente que se encuentra 10 bancas adelante o atrás. O sacerdotes que abandonan el presbiterio para ir a saludar a todos los parientes de la quinceañera, o de los novios de la boda. El gesto de la paz debe ser sobrio y se darse sólo a los más cercanos. El sacerdote puede dar la paz a los ministros, permaneciendo en el presbiterio, para no alterar la celebración y del mismo modo si, por una causa razonable, desea dar la paz a algunos fieles

2. El canto mal seleccionado, haciendo de la misa una "fiesta" pero pagana, nada que ver con el canto sacro. Puede gustarnos mucho el canto alegre, el avivamiento; pero una cosa es la asamblea carismática, animación o avivamiento, y otra es la Santa Misa. Cada cosa tiene su lugar, y en el afán de "modernizar", en muchas parroquias el canto en la misa se ha convertido en un concierto de música que de sacro no tiene nada, suena más a concierto de música electrónica o reggaetón a todo volumen, con instrumentos con sonidos estridentes para exhibir a los músicos o simplemente para "alegrar" a los participantes de la Santa Misa. A veces se justifica con el afán de atraer a los jóvenes, pero se mutila la sagrada liturgia. Los extremos casi siempre son dañinos.

3. Si se pasó del latin a la lengua vernácula con el Concilio Vaticano II, no significa que el sacerdote debe usar la homilía para cualquier cosa, ya que todos los fieles le entienden en su lengua, y convertirla en un mitin político o algo parecido. La homilía debe iluminar desde Cristo los acontecimientos de la vida, sin vaciar el sentido auténtico y genuino de la Palabra de Dios, por ejemplo, tratando sólo de política o de temas profanos, o tomando como fuente ideas que provienen de movimientos pseudo-religiosos. Hay muchos sacerdotes que juegan a ser "Monseñor Romero" en el contenido de sus predicaciones, pero se le parecen muy poco o nada. Hay otros tantos que hacen que la feligresía les aguante sus discursos para decir cualquier cosa, y muchas veces con intenciones claras de matar la fe o la moral, con posturas parcializadas o en favor de doctrinas o ideologías que van en contra de la fe de la Iglesia, pero que la gente se las tiene que aguantar y escuchar porque es el sacerdote y tiene el micrófono en ese momento. Yo he visto sacerdotes que llegan hasta tomar la guitarra del músico del coro, y en vez de predicar, ponen de pie a la gente y comienzan a cantar y animar a la asamblea participante de la Santa Misa. ¡Qué bueno! ¡Qué alegría saber que tenemos sacerdotes joviales y dinámicos en nuestra Iglesia! Pero ¡cada cosa en su lugar!

4. Hay parroquias en las que la Plegaria Eucarística es pronunciada parcial o totalmente por el diácono, por un ministro laico, o bien por uno sólo o por todos los fieles juntos. La Plegaria Eucarística debe ser pronunciada en su totalidad, y solamente, por el sacerdote. En muchos lugares se ha vuelto común escuchar a toda la feligresía aclamar "Por Cristo, con Él y en Él...", propio del sacerdote.

5. La comunión en la mano se ha convertido en una práctica común en muchos lugares, con la autorización correspondiente,  pero también con el respectivo riesgo de sacrilegio que esto conlleva. Hay gente que ni siquiera llevan la comunión de la mano a la boca en frente del ministro, sino que se la llevan hasta su asiento, para consumirla ahí o para hacer otras cosas con ella. Tomar la comunión en la mano lleva además el riesgo de que las partículas o fragmentos queden en la mano, y no siempre el feligrés tiene el sumo cuidado de consumir aún esos residuos. Lo común es que la gente tome la ostia y se frote las manos, tirando al piso todos los residuos, o simplemente los deja ahí, en la palma de la mano, como cuando se consume cualquier alimento.

Son algunos de los abusos por mala interpretación de la reforma, o por lo que sea, pero que han ido haciendo perder la solemnidad de la sagrada liturgia. A veces pareciera como que ha desaparecido el sentido de lo sagrado en nuestras clebraciones litúrgicas.

Repito, lo recomendable es que todos conozcamos o tengamos por lo menos una idea del contenido de este documento,  que puedes  leerlo en línea aqui 


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