08
Dom, Dic

Lecturas Viernes de la IV Semana del Tiempo Ordinario Año Par

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Lecturas viernes IV Semana Tiempo Ordinario Año Par...

Lecturas viernes de la 4ª semana del Tiempo Ordinario

Años pares

 

PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro de Sirácida 47, 2-13

Como la grasa es lo mejor del sacrificio, 
así David es el mejor de Israel.

Jugaba con leones como con cabritos,
y con osos como con corderillos;

siendo un muchacho, mató a un gigante,
removiendo la afrenta del pueblo,

cuando su mano hizo girar la honda,
y derribó el orgullo de Goliat.

Invocó al Dios Altísimo,
quien hizo fuerte su diestra

para eliminar al hombre aguerrido
y restaurar el honor de su pueblo.

Por eso le cantaban las mozas,
alabándolo por sus diez mil.

Ya coronado, peleó
y derrotó a sus enemigos vecinos,

derrotó a los filisteos hostiles,
quebrantando su poder hasta hoy.

De todas sus empresas daba gracias,
alabando la gloria del Dios Altísimo;

de todo corazón amó a su Creador,
entonando salmos cada día;

trajo instrumentos para servicio del altar
y compuso música de acompañamiento;

celebró solemnemente fiestas
y ordenó el ciclo de las solemnidades;

cuando alababa el nombre santo,
de madrugada, resonaba el rito.

El Señor perdonó su delito
y exaltó su poder para siempre;

le confirió el poder real
y le dio un trono en Jerusalén.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 17, 31. 47 y 50. 51

R. Bendito sea mi Dios y Salvador.

Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
él es escudo para los que a él se acogen. R.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en honor de tu nombre. R.

Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre. R. 

EVANGELIO

cruzLectura del santo evangelio según san Marcos 6, 14-29

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían:

—«Juan Bautista ha resucitado, y por eso los poderes actúan en él».

Otros decían:

—«Es Elías».

Otros:

—«Es un profeta como los antiguos».

Herodes, al oírlo, decía:

—«Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado».

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado.

El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.

Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.

La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.

La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:

—«Pídeme lo que quieras, que te lo doy».

Y le juró:

—«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».

Ella salió a preguntarle a su madre:

—«¿Qué le pido?».

La madre le contestó:

—«La cabeza de Juan, el Bautista».

Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:

—«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista».

El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.

Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron. 

Palabra del Señor.


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