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Mar, Sep

Lecturas Sábado XXVI Semana Tiempo Ordinario Año Impar

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Lecturas para la Misa del sábado 26ª Semana Tiempo Ordinario Año Impar...

 

Lecturas Sábado 26ª Semana Tiempo Ordinario

Años impares

 

PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro de Baruc 4, 5-12. 27-29

Ánimo, pueblo mío,
que llevas el nombre de Israel.

Os vendieron a los gentiles,
pero no para ser aniquilados;

por la cólera de Dios contra vosotros
os entregaron a vuestros enemigos,

porque irritasteis a vuestro Creador,
sacrificando a demonios y no a Dios;

os olvidasteis del Señor eterno
que os había criado,

y afligisteis a Jerusalén
que os sustentó.

Cuando ella vio que el castigo de Dios se avecinaba
dijo: «Escuchad, habitantes de Sión,

Dios me ha enviado una pena terrible:
vi cómo el Eterno desterraba a mis hijos e hijas;

yo los crié con alegría,
los despedí con lágrimas de pena.

Que nadie se alegre viendo a esta viuda
abandonada de todos.

Si estoy desierta, es por los pecados de mis hijos,
que se apartaron de la ley de Dios.

Ánimo, hijos, gritad a Dios,
que el que os castigó se acordará de vosotros.

Si un día os empeñasteis en alejaros de Dios,
volveos a buscarlo con redoblado empeño.

El que os mandó las desgracias,
os mandará el gozo eterno de vuestra salvación».

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial: Salmo 68, 33-35. 36-37 

R. El Señor escucha a los pobres.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y vivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R.

El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella. R. 

EVANGELIO

cruzLectura del santo evangelio según san Lucas 10, 17-24

En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús:

—«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».

Él les contestó:

—«Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.

Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó:

—«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla.

Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.

Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar».

Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:

—«¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron».

Palabra del Señor.

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