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Mar, Dic

Lecturas Sábado VIII Semana Tiempo Ordinario Año Impar

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Lecturas para el sábado 8ª Semana Tiempo Ordinario Año Impar...

Lecturas Sábado 8ª Semana Tiempo Ordinario

Años impares

PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro de Sirácida 51, 17-27

Doy gracias y alabo
y bendigo el nombre del Señor.

Siendo aún joven, antes de torcerme,
deseé la sabiduría con toda el alma,

la busqué desde mi juventud
y hasta la muerte la perseguiré;

crecía como racimo que madura,
y mi corazón gozaba con ella,

mis pasos caminaban fielmente
siguiendo sus huellas desde joven,

presté oído un poco para recibirla,
y alcancé doctrina copiosa;

su yugo me resultó glorioso,
daré gracias al que me enseñó;

decidí seguirla fielmente,
cuando la alcance no me avergonzaré;

mi alma se apegó a ella,
y no apartaré de ella el rostro;

mi alma saboreó sus frutos,
y jamás me apartaré de ella;

mi mano abrió sus puertas,
la mimaré y la contemplaré;

mi alma la siguió desde el principio
y la poseyó con pureza.

Palabra de Dios. 

Salmo responsorial: Salmo 18, 8. 9. 10. 11

R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R.  

EVANGELIO

cruzLectura del santo evangelio según san Marcos 11, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron:

—«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».

Jesús les respondió:

—«Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contestadme».

Se pusieron a deliberar:

—«Si decimos que es de Dios, dirá: "¿Y por qué no le habéis creído?". Pero como digamos que es de los hombre...».

(Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta.)

Y respondieron a Jesús:

—«No sabemos».

Jesús les replicó:

—«Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».

Palabra del Señor.

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