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Homilía XV Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

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Ciclo C
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Homilías para el XV Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C...

Homilías XV Domingo del Tiemp Ordinario Ciclo C 

 

1. Homilia del P. Evens Darío Mengele

(El Camino del Espíritu, Homilías Dominicales Ciclo C)

DAR VIDA - HEREDAR LA VIDA


Acabamos de escuchar la narración de una de las parábolas más comentadas desde la antigüedad, conocida como la parábola del Buen Samaritano. Para comprenderla de manera más adecuada, es necesario que observemos algunos elementos de carácter histórico.

1 – La Parábola del Buen Samaritano

En primer lugar, impresiona ver que el sacerdote y el levita pasen de largo, la insensibilidad que manifiestan. Sin embargo, para comprender mejor su actitud es necesario conocer algunos detalles de la vida judía. El sacerdote era un sacerdote judío, es decir, estaba encargado de hacer los sacrificios en el Templo de Jerusalén. Y el levita ¿qué era? Los levitas eran miembros de la tribu de Leví, que tenían a cargo tareas auxiliares en el Templo, disponiendo todo lo necesario para los sacrificios (leña, agua, etc.). Como vemos, ambos tienen que ver con el culto que se daba a Dios en el Templo de Jerusalén. Pues bien, resulta que para poder dar culto a Dios, un culto que fuese aceptable para Dios, era necesario cumplir con ciertas prescripciones.

Para usar una comparación que nos atañe, podemos pensar en la necesidad que tenemos nosotros de estar sin pecado mortal para que nuestro culto sea agradable a Dios. Y si no estamos en condiciones, tenemos entonces la confesión para colocarnos nuevamente en las disposiciones adecuadas. De manera semejante, los judíos tenían que cumplir con ciertas disposiciones y, si no las tenían, había sacrificios por los pecados con los cuales readquirían esas disposiciones. Entre las diversas normas, había una prescripción por la cual debían evitar el contacto con los cadáveres (Lv 21; Nm 19,11). Socorrer a la persona malherida significaba para ellos el riesgo de quedar excluidos del culto del Templo, perder la comunión con Dios. El relato de hecho dice que el herido había quedado medio muerto, por lo que se entiende que tenía ya aspecto de cadáver para quien lo veía caído.

Ahora podemos entender mejor por qué pasaron de largo. Tanto el sacerdote como el levita atienden más al problema litúrgico y legal. Igualmente, hemos de observar que la enseñanza que nos deja Jesús es que las exigencias de la caridad para con el prójimo son más importantes que las exigencias del culto. De hecho, en la respuesta que da el doctor de la Ley el único que queda justificado es el Samaritano, el que tuvo compasión. Ya los profetas habían señalado esto: misericordia quiero ji no sacrificios (Os 6,6).

Pero lo más sorprendente en realidad viene después. Porque la persona que auxilia al malherido no es alguien intrascendente. Es un samaritano. ¿Qué era un samaritano? Sellamaba así a los habitantes de la región de Samaría, región que está ubicada entre las regiones de Judea y la de Galilea. Y existía entre los samaritanos y los judíos un odio a muerte (cf. 1Re 17,24-41; Jn 4,20). Hace dos domingos hemos leído que, dirigiéndose Jesús a Jerusalén, envió emisarios delante de él para prepararle alojamiento en un pueblo de Samaría. Pero los samaritanos no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. O sea que, precisamente aquel que uno hubiera esperado que lo dejase abandonado, el que más hubiera deseado aparentemente que el judío malherido muriese, ese es el que lo asiste y ayuda.

Y observemos finalmente que al indagar Jesús cómo el doctor de la Ley había recibido la enseñanza, da vuelta la pregunta. El doctor de la ley había preguntado ¿Quién es mi prójimo? Porque la discusión entre los judíos sobre este punto era bastante ardua. La expresión referida por el doctor es de Lv 19,18 (lo referido a Dios es de Dt 6,5). Y se discutía si debía considerarse prójimo solamente a los miembros de la familia, o de la tribu, o si también entran en esa categoría los forasteros que habitaban en tierra judía, etc. Jesús, sin embargo, sin entrar en esa polémica, corrige la perspectiva desde donde debemos considerar la cuestión: ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo...? No se trata de ver quién está próximo a mí, sino a quién me aproximo, de quién me hago próximo yo. No debe ser visto desde un punto de vista estático y a quién convierto en objeto de mi acción, sino más dinámico y haciéndome sujeto de la acción.

2 – Jesús el Buen Samaritano

Hasta aquí la parábola referida. Desde muy antiguo se vio en la figura del Buen Samaritano a Cristo que sana la humanidad herida: “Bajo sus múltiples formas –indigencia material, opresión injusta, enfermedades físicas o psíquicas y, por último, la muerte-, la miseria humana es el signo manifiesto de la debilidad congénita en que se encuentra el hombre tras el primer pecado y de la necesidad que tiene de salvación. Por ello, la miseria humana atrae la compasión de Cristo Salvador, que la querido cargar sobre sí e identificarse con los más pequeños de sus hermanos” (2448).

Hemos de observar que la enseñanza de Jesús es sobre todo práctica. A lo largo de todo el evangelio de hoy se insiste en el hacer: Maestro, ¿Qué debo hacer...?; Obra así y alcanzarás la vida; Ve y procede tú de la misma manera. Recogiendo este mandato a lo largo de los siglos la Iglesia ha sido causa de un ingente número de obras de misericordia: “...los oprimidos por la miseria son objeto de un amor de preferencia por parte de la Iglesia, que, desde los orígenes, y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviarlos, defenderlos y liberarlos...” (2448).

3 - Obras de misericordia = Dar Vida

Nos compete por lo tanto, actuar. ¿Cuáles son las necesidades de nuestro prójimo a las que debemos subvenir? Aquí tenemos una enseñanza más del evangelio. Jesús con el ejemplo de la parábola nos habla de las necesidades corporales del prójimo, pero con el ejemplo de su accionar nos habla de las necesidades espirituales. Porque en el doctor de la ley había una necesidad, pero no física, material, sino espiritual, porque ignoraba la respuesta correcta. “Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestros prójimos en sus necesidades corporales y espirituales. Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras de misericordia espiritual, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos.” (2447).

¿Qué debemos hacer por el prójimo? Has respondido exactamente, dijo Jesús. ¿Cuál fue la respuesta? Amarás a tu prójimo como a ti mismo. ¿Y qué quieres para ti? La respuesta fue la primer pregunta del doctor de la Ley: ¿Qué debo hacer para heredar la Vida eterna? Vida quieres, dona vida. Es importante observar que todo el conjunto de los mandamientos que corresponden a la segunda tabla, los mandamientos referidos al prójimo, giran alrededor de la cuestión de la vida:

  • Honrar padre y madre: es de quienes procede nuestra vida.
  • No fornicar y no desear el cónyuge del prójimo: respetar el ámbito propio de la vida, la familia, y su fundamento, el matrimonio. Esto evita muchos desórdenes sociales y personales.
  • No robar y no codiciar los bienes ajenos: respetar los elementos materiales necesarios para la vida.
  • No levantar falso testimonio ni mentir: no atentar contra la vida social, parte imprescindible también de la vida del hombre.


De manera particular hemos de tener presente el quinto mandamiento: no matar, es decir, respetar la vida propia y ajena en todos sus niveles (físico, psíquico y espiritual): “La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término...” (2258).

4 – Conclusión

No podemos extendernos en esto pero podemos sintetizar la enseñanza de este día en decir sencillamente que es nuestro deber, para con toda persona humana, trabajar para brindar aquello que le permita acceder a una vida cada vez más plena, conscientes de que la vida humana implica el triple nivel (físico, psíquico y espiritual), y atentos a no dejarnos atraer por los espejismos y las ideologías que proponen falsas soluciones (como aborto, eutanasia, etc. o rechazo de las fronteras bioéticas).


2. Homilía Julio Alonso Ampuero


(Meditaciones Bíblicas sobre el Año Litúrgico, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2004)

«Dio un rodeo y pasó de largo». Hay tantas formas de pasar de largo... Y lo peor es cuando además las enmascaramos con justificaciones «razonables»: «No tengo tiempo», «los pobres engañan», «ya he hecho todo lo que podía...» O peor aún: «hoy día ya no hay pobres». Es exactamente dar un rodeo –aunque sea muy elegante– y pasar de largo. Lo que hicieron el sacerdote y el levita. Y, sin embargo, el pobre es Cristo, que nos espera ahí, que nos sale al encuentro bajo el ropaje del mendigo: «tuve hambre... Estuve enfermo... Estuve en la cárcel».

«Se compadeció de él». Este es el secreto. El verdadero cristiano tiene entrañas de misericordia. No sólo ayuda: se compadece, se duele del mal del otro, sufre con él, comparte su suerte... Y porque tiene entrañas de misericordia llega hasta el final; no se conforma con los «primeros auxilios». Y porque tiene entrañas de misericordia lo toma a su cargo, como cosa propia; y eso que era un desconocido, un extranjero –incluso de un país enemigo, pues «los judíos no se trataban con los samaritanos»–. «Señor, danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana».

El buen samaritano es Cristo. Es él quien «siente compasión, pues andaban como ovejas sin pastor» (Mt 9,36). Es él quien no sólo nos ha encontrado «medio muertos», sino completamente «muertos por nuestros pecados» (Ef 2,1). Es él quien se nos ha acercado y nos ha vendado las heridas derramando sobre nosotros el vino de su sangre. Es él quien nos ha liberado de las manos de los bandidos... ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?» «Anda, haz tú lo mismo».

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