17
Mar, Sep

Homilía I Domingo de Adviento Ciclo C

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Ciclo C
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Homilía I Domingo de Adviento Ciclo C...

 

Comentando las Lecturas de hoy...

Se acerca vuestra liberación

Comenzamos hoy un nuevo ciclo litúrgico, en el que el Evangelio de San Lucas nos irá instruyendo domingo a domingo. 

Adviento es tiempo de espera, y las lecturas de este día nos hacen entrar en esa misma sintonía a toda la comunidad de los cristianos que deseamos que la segunda venida de Cristo se haga realidad. Y también une en la misma longitud de onda a aquellos que le temen al "fin del mundo", porque no se sienten preparados, o porque, por alguna razón, les asusta escuchar discursos escatológicos como el que ahora nos ha transmitido el Evangelio de San Lucas, con un lenguaje que parece extraño, pero que nos interpela y nos pone en alerta para ese acontecimiento liberador que pondrá fin a nuestra etapa de espera.

En la primera parte del relato evangélico de hoy, (vv. 25-28) se anuncia la segunda venida de Cristo; en la segunda parte, (vv 34-36), Jesús hace una exhortación a sus discípulos para que permanezcan preparados para ella. Todo el contenido de este texto se nos traslada, y con justa razón, a todos nosotros. La llegada de Cristo por segunda vez es inminente, y que debemos prepararnos para ella, es una advertencia que debemos considerar todos los días de nuestra vida, porque nadie sabe ni el día ni la hora.

La forma en que en el Evangelio se describe la segunda venida de Cristo, con todas esas señales que afectan a toda la creación (cielo, sol, luna, estrellas, tierra y mar), provoca una reacción lógica de miedo. Que se tambaleen los astros y que el oleaje del mar produzca destrucción, como los ya muy conocidos tsunamis a los que nos hemos familiarizado mucho en los últimos tiempos, eso hace sentir cierto tipo de temor. Pero el objetivo de Jesús, con esa clase de discursos, no es sembrar el terror, sino animar a la esperanza en medio de la tribulación y advertirles sobre la importancia de estar preparados para el día en que eso suceda. 

Los cristianos debemos aprender a acentuar no los acontecimientos catastróficos (apocalípticos) que describen los evangelios sinópticos, sino la liberación definitiva e inmediata, después de que todas esas señales sucedan. Fijémonos bien en que Lucas presenta este acontecimiento hoy como una buena noticia. El evangelista, que ve a Jesús como Salvador más que como Juez universal, insiste en que la parusía supondrá la liberación definitiva. Con ella se hará presente la plenitud del Reino de Dios (Lc 21,31). Por eso las “señales” que preceden este acontecimiento no deben angustiar a los creyentes, sino infundirles ánimo. Y dado que no es posible señalar “cuándo”, lo importante es saber “cómo” hay que prepararse. Por eso, si de preocuparse se trata, no debe ser por la hecatombe que anuncia el Evangelio, sino por la escasa preparación que mostramos ante la inminente segunda y definitiva venida de Cristo. Porque ese acontecimiento puede ser ahora mismo, mañana, el otro mes, el próximo año o el próximo milenio; nadie lo sabe, por eso es menester atender el llamado de Cristo a permanecer vigilantes siempre; de lo contrario, “ese día será como una trampa” que caerá inesperadamente sobre aquellos que se han dejado adormecer por los vicios y las preocupaciones de una vida irresponsable y superficial. Solo así, cuando sucedan esos acontecimientos, podremos levantar la cabeza con alegría, porque viene nuestra liberación.

"Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día" nos ha dicho Jesús ahora. Los vicios, la bebida, los agobios de la vida y nuestro afán mismo por lo material, pueden ocuparnos de tal manera que adormecen nuestra mente o la ocupan y "pre-ocupan" tanto, que se nos olvida "permanecer vigilantes día y noche", para esa llegada de Cristo. Los acontecimientos catastróficos que anuncia el Evangelio de hoy más bien nos advierten de la caducidad de todo lo que el mundo nos ofrece. Solo Dios permanece para siempre y es en quien debemos poner nuestra confianza y nuestra esperanza. La preocupación o el miedo solo pueden ser producto de nuestros apegos a este mundo, olvidando que vamos de paso, y que la segunda venida de Cristo no es una mala noticia, sino la alegra buena nueva de que nuestra liberación definitiva se acerca.

Si cierras tus ojos en este momento y te imaginas ya sucediendo todas esas señales descritas por el Evangelio de hoy, y las trompetas sonando y al Hijo de Dios viniendo rodeado de sus ángeles, ¿Cuál sería tu reacción? ¿Qué sucedería contigo?. Si sientes miedo y preocupación es porque no estás listo, y si no estás listo es porque estás perdiendo tu tiempo en otras cosas que no te garantizan tu salvación. Si los acontecimientos catastróficos comenzaran a suceder, muchos se alarmarían porque perderían su casa, su carro, sus pertenencias, su familia, porque ahí está puesta su confianza. Para el cristiano, aquel que está listo para su liberación, pasaría por alto la destrucción de lo que sea que deba destruirse, porque lo que importa es su salvación, su liberación. Los poderosos de este mundo se empeñan en extender su poderío y dominio en la tierra. Los que acaparan riquezas se preocupan por ampliar cada vez más su capital. Para un cristiano la preocupación primera debe ser siempre su salvación.

Hablar de los acontecimientos finales, de las postrimerías, ha sido un tema que ha ido perdiendo peso y presencia en las predicaciones... hoy, cuando comenzamos este tiempo de adviento, es de suma importancia retomarlo y reflexionarlo muy profundamente. Así podremos clamar con alegría y esperanza: "Venga a nosotros tu Reino, Señor".


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