Homilía VI Domingo de Pascua, Ciclo B

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Homilías VI Domingo de Pascua, Ciclo B...

 Homilía VI Domingo de Pascua, Ciclo B

 

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Comentando las lecturas de hoy...

(Por Ing. Mardoqueo G. Sánchez)

Amaos como yo os he amado

En un mundo tan lleno de violencia, el mensaje de hoy nos hace mucho bien, sobre todo para aquellos países sumergidos en guerras destructoras, en donde el odio y los intereses egoístas prevalecen sobre los valores humanos y el respeto a la dignidad de las personas.

En las tres lecturas de hoy suena insistente el mensaje del amor que nos tiene Dios y nos lo ha manifestado en Cristo Jesús, y el que debemos tenernos unos a otros., sin importar la raza, credo o nación. Aunque hay varios temas que se esbozan de las lecturas, especialmente del evangelio, centraremos nuestros comentarios sobre el amor del Padre hacia el Hijo, del Hijo hacia sus discípulos y de éstos hacia los demás. Ahora somos nosotros los que debemos traducir en hechos concretos ese amor que Cristo nos ha manifestado y nos manda cumplirlo con nuestro prójimo.

Y es que el discurso de despedida de Jesús no  podía ser de otra manera. Como aquel padre de familia que va a salir de viaje y deja a sus hijos en casa, con las recomendaciones de portarse bien, respetar las normas de convivencia y otras indicaciones valiosas, Cristo también aconseja a los suyos recordándoles aquel mandamiento más importante en la vida del cristiano: "amaos los unos a los otros".

Una recomendación como esa resulta un tanto incomprensible para nuestro medio, porque la dimensión del amor que se refleja en las tres lecturas, trasciende las fronteras, es un amor universal. Y ya es bastante complicado hacer vida ese "amaos los unos a los otros" entre amigos y familiares, como para que Cristo nos pida que amemos a aquel a quien no conocemos.

Es muy notorio el clima de odio y violencia en que viven muchos países. Se nota la prepotencia y la insensibilidad en las calles, en los centros comerciales y lugares públicos. Las normas básicas de ceder el paso han desaparecido en muchos lugares. Ya el saludo no es tan acostumbrado entre "conocidos", mucho menos a personas extrañas. Y en las mismas familias se vive un ambiente desagradable con una violencia instalada. Esposos golpeando esposas o viceversa, guerra entre hermanos, violencia generalizada. Y si ya es difícil cumplir ese mandamiento entre familiares y amigos, ahora nos resulta imposible sentir ese afecto por un extraño, un desconocido. Y es la idea de las lecturas de hoy.

La violencia es un mal generalizado y alimentado por los mismos gobiernos, la sociedad y, lamentablemente, por la familia. Los niños aprenden de lo que ven, y se nota cuando en una familia hay amor, hermandad y fraternidad. Los niños ven, aprenden y practican. Son el reflejo de lo que ven en sus padres o personas mayores de la familia. Si ven que los adultos cercanos resuelven todo a través de la violencia, la venganza y el odio, así mismo resolverán sus diferencias con sus amiguitos.

"Amaos los unos a los otros" es un mandamiento que ha sido fácilmente mal traducido o mal interpretado por aquellos a quienes les "encanta" o les "conviene" la violencia, como "armaos los unos contra los otros". Todo se quiere resolver a través de las armas, la prepotencia. Y Cristo agrega algo más: "...como yo os he amado". Y nos lo demostró muriendo en la cruz, porque nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. De manera que cuando nos pide "amaos unos a otros como yo os he amado", nos manda dar nuestra vida por los demás; no quitarla, sino entregarla como él ya lo hizo por nosotros.

Nuestra dificultad para comprender este mandamiento es que siempre nos quedamos en el campo de la retribución y no pasamos al amor que simplemente da. Dios ama porque su naturaleza es amar. Solo cuando permanecemos en su amor entonces nos impregnamos de ese sentimiento y somos capaces de abrirnos a los demás sin esperar una retribución o hacerlo por retribuir al otro lo que él ya hizo para merecerlo. Nosotros no tuvimos que hacer nada meritorio para que Dios nos amara. Simplemente nos ama sin condición alguna. Nos ama, no por lo bueno que hagamos, sino a pesar de nuestros pecados.

Como el Padre amó a Cristo, Cristo nos ama a nosotros. Como Cristo nos ama, así debemos también amar nosotros a los demás. Y por ahí puede andar la otra dificultad. Si no nos hemos sentido amados por Dios, tampoco podremos amar a los demás. Solo cuando sentimos ese abrazo de un Dios que es amor y nuestro padre, entonces podremos abrirnos a esa aventura incondicional de amar a los demás. Por eso San Juan nos dirá hoy, en la segunda lectura,  que si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

Qué bien nos viene este mensaje a estas alturas de la Pascua, cuando nos preparamos para despedirnos de Jesús, en su Ascensión, y recibir su Espíritu Santo, en Pentecostés. Una comunidad unida en el amor, al estilo de aquella pequeña comunidad reunida por un objetivo común, esperando también nosotros la venidad de ese Espíritu que crea comunidad. como lo hemos escuchado en la primera lectura. 

Que el amor del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo nos una y nos lleve a vivir a plenitud el mandamiento del amor.

 

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BIBLIOGRAFÍA:  Armando J. Levarotti, Comentario Bïblico Latinoamericano;  Juan José Bartolomé, El Corazón de la Palabra, Ciclo B; Guillermo Gutiérrez de Andrés, Hablaré de Ti a mis hermanos, Ciclo B; Fidel Aizpurrúa Donazar, La Homilía Dominical, Ciclo B;  Gustavo Velez & Mari Patxi Ayerra, Homilía y Oración, Ciclo B

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