Homilía IV Domingo de Pascua, Ciclo B

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Homilías IV Domingo de Pascua, Ciclo B...

 Homilías IV Domingo de Pascua, Ciclo B

 

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Comentando las Lecturas de Hoy...

(Por Ing. Mardoqueo G. Sánchez)

El Buen Pastor da la vida por sus ovejas

Arribamos ya al IV domingo del tiempo pascual, llamado "Domingo del Buen Pastor". Corresponde hoy hablar sobre esa relación entre "pastor" y "oveja", referida ahora a aquellos a quienes corresponde "pastorear" el rebaño de Dios, su iglesia: el papa, obispos y sacerdotes, diáconos... pero también a los padres de familia, educadores, catequistas, agentes de pastoral, coordinadores de grupos o comunidades de la Iglesia y a los políticos. 



En la idea central del Evangelio de hoy, Jesús nos muestra la imagen del "Buen Pastor", cómo tiene que ser, contra la imagen de los pastores religiosos de su tiempo, aquellos "asalariados", "mercenarios", que huían del rebaño cuando veían venir el peligro. Para el caso, Jesús se pone de ejemplo y nos enseña cómo tiene que actuar el "Buen Pastor", dando la vida por sus ovejas, conociéndolas, protegiéndolas, defendiéndolas del lobo. Un verdadero modelo a seguir.

Nos vemos obligados a tomar en cuenta a las dos partes: los "buenos" y los "malos" pastores. Y seguramente vendrá primero a nuestra memoria, como casi siempre sucede, que lo negativo resalta con mucha más facilidad, todas esas experiencias negativas y tantas noticias desagradables que giran en torno a los líderes religiosos contemporáneos.  Sin embargo, nuestra Santa Iglesia cuenta y ha tenido dentro de sus "pastores", a grandes hombres y mujeres que han sido capaces de imitar a Jesús al pie de la letra y atreverse a amar tanto a su rebaño que exponen su misma vida para defenderla cuando ven el peligro rondar amenazante. Es admirable el testimonio de muchos clérigos que, al ver la amenaza de grupos terroristas, deciden no abandonar las zonas en peligro, sino quedarse, exponiendo su misma vida, sin abandonar a su pueblo.

Y otra imagen que resuena casi obligada cuando pensamos en este tipo de pastores, es la de San Oscar Arnulfo Romero. Él decía al respecto  "Como pastor de esta comunidad estoy obligado a dar la vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aun por aquellos que vayan a asesinarme. Si llegaran a cumplirse las amenazas de muerte, desde ahora ofrezco a Dios mi sangre por la redención y por la resurrección de El Salvador". Conmovedoras palabras proféticas que se cumplieron pronto en ese pastor que acompañó al pueblo salvadoreño en los momentos más difíciles de la guerra. Predicó y defendió a su pueblo, siendo la "voz de los sin voz" aún sabiendo que por eso iban a matarlo... no tuvo miedo, conocía, amaba y defendía a su rebaño. Buen pastor.

Pero también tenemos que lamentar que las palabras duras de Jesús aún se sigan pronunciando en contra de muchos pastores de nuestros tiempos, "asalariados", "mercenarios", que huyen de sus compromisos con su rebaño, a quien se acercan nada más para beneficio propio. El mercenario, asalariado, busca solo su propio beneficio y no le importa el bienestar de sus ovejas. Es lamentable que dentro de algún sector del clero católico suceda ésto, y más notorio es el fenómeno, casi generalizado, entre protestantes, donde al "pastor" le interesa hacer crecer su secta y mantener a los que ya tiene, porque cada uno suma  con su "diezmo" al bienestar económico suyo y de su familia. Se ha vuelto tan atrayente el famoso "Evangelio de la Prosperidad", predicado por grandes mercenarios, amantes del dinero, que se vuelven millonarios con tan solo provocar que sus seguidores hagan "pacto con Dios", ofrendando ciertas cantidades (grandes) a cambio de obtener de Dios "bendiciones económicas". Y con tanta necesidad que hay en el mundo, millones de personas han caído en las garras de esos lobos.



El Buen Pastor «conoce» a sus ovejas y las ovejas le «conocen» a él. Para conseguir eso es necesaria la convivencia entre pastor y rebaño. Pero es lamentable ver comunidades y parroquias en las que el "pastor" solo se acerca a su rebaño para administrar sacramentos y atender algunas necesidades, con horario de oficina. Un distanciamiento tan abismal que lleva a un desconocimiento mutuo entre pastor y oveja. Se cuenta la historia de un sacerdote que quiso ser gentil un domingo en una parroquia, y decidió que después de misa iba a estar en la puerta principal del templo saludando y despidiendo a sus feligreses. A la primera señora que pudo saludar le dijo con sorpresa: "Hermana, qué gusto verla en la Iglesia!. Es la primera vez que la veo por acá, ¿Cómo se llama usted?". Y la señora le contestó más sorprendida: "Padre, yo soy la señora que le hace la limpieza y cocina todos los días". Aquél pobre pastor quedó avergonzado.. no conocía ni siquiera a sus empleados.

Hay muchos sacerdotes que se quejan de la falta de afecto por parte de sus ovejas. Pero las ovejas tampoco pueden sentir afecto por un pastor que vive alejado de la realidad y los problemas de su rebaño. Es lógico, aunque en las matemáticas de Dios suceda lo contrario, casi siempre  "amor con amor se paga".

En muchos lugares hay un distanciamiento muy marcado entre la jerarquía y los fieles. Muchos obispos son ajenos a la realidad y la problemática de su pueblo.

Y en cuanto a los "pastores" de las familias, los padres que ejercen una función muy importante de pastoreo en el seno de la familia, debemos lamentar también ese distanciamiento muy marcado en muchos hogares en los que ya ni para comer se reúnen y platican. Cada quien con sus cosas y las consecuencias ya las conocemos de sobra.

Por eso, en este IV domingo de pascua, debemos orar mucho por quienes corresponde ahora ejercer de "pastor" en beneficio del pueblo de Dios. Orar mucho, especialmente, por aquellos pastores que no están siendo tan "Buenos Pastores", como Jesús quiere.

 

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BIBLIOGRAFÍA:  Armando J. Levarotti, Comentario Bïblico Latinoamericano;  Juan José Bartolomé, El Corazón de la Palabra, Ciclo B; Guillermo Gutiérrez de Andrés, Hablaré de Ti a mis hermanos, Ciclo B; Fidel Aizpurrúa Donazar, La Homilía Dominical, Ciclo B;  Gustavo Velez & Mari Patxi Ayerra, Homilía y Oración, Ciclo B

 


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