Homilía Misa de Nochebuena (24 de diciembre de 1979)

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Homilía de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Misa de Nochebuena, 24 de diciembre de 1979...

Homilía Misa de Nochebuena
24 de diciembre de 1979

Queridos hermanos:

Los felicito no sólo porque es Navidad sino porque son valientes. Mientras mucha gente tiene miedo y cierra sus puertas y hasta muchos de nuestros templos se dejan vencer de la psicosis, la Catedral abierta es imagen de una Confianza y de una esperanza en el Redentor que nos nace.

Uds. están siendo en esta noche, en esta Catedral, la vivencia de lo que debe ser la Navidad. En medio del mundo y no obstante los peligros, las vicisitudes, las psicosis, los miedos, hay esperanza, hay alegría. Y no es simplemente un fingir como una valentía sin razón y sin sentido, sino que hay la profundidad de una realidad que anida en el corazón de la Iglesia y que debe de ser el motor poderoso de la vida de todo cristiano.

Tratando de reflexionar en este hecho maravilloso, tal como nos lo acaban de presentar las lecturas sagradas, yo creo que en el evangelio hay tres ideas que deben ser nuestro mensaje de este año aquí en El Salvador.

1º El Ángel dice a los pastores: "Os anuncio una gran noticia: Os ha nacido un Salvador. (Este pensamiento quiere decir: Hoy se introduce en la historia un principio de novedad, de renovación, de noticia siempre eterna).

2º Dicen los Ángeles a los pastores: "Esta será la señal: Lo encontraréis envuelto en pañales sobre un pesebre". (Aquí encuentro la imagen de un Dios que se envuelve de la miseria humana y le da sentido divino al sufrimiento y al dolor)

3º La multitud de ángeles que baja cantando: "Gloria a Dios en los cielos". (Es la invitación que Cristo viene a hacernos: de que el hombre tiene un destino junto a la gloria de Dios y que por eso su vida tiene que ser optimista y nunca debe flaquear).

1º EL ANGEL DICE A LOS PASTORES OS ANUNCIO UNA GRAN NOTICIA OS HA NACIDO UN SALVADOR

En primer lugar digo: el nacimiento de Cristo suponer por parte de Dios un germen de novedad en la vida, en la historia. Desde que Cristo nace la historia que envejecía se renueva. Se parece al momento en que un agricultor pone un renuevo, un injerto en un tronco que muere.

Así lo anunciaron los profetas

Esta misma noche hemos escuchado al Profeta Isaías hablando como el desierto florece: "Y la que se llamaba "Abandonada" ya se llamará la "Predilecta!" Y todo aquello que parecía morir y entristecer, hoy es alegría!"

- Razón de nuestra alegría de Navidad

Sí buscáramos una explicación profunda a la alegría Navideña que muchos viven y la mayoría no comprende, aquí está la razón de nuestra alegría de Navidad: "en el mundo se ha puesto una novedad". Siempre es nueva la Navidad, siempre es noticia. Todas las noches de Navidad, aunque ya hayan pasado veinte siglos, el ángel sigue sintiéndolo como la gran noticia: "Os anuncio una gran nueva". El mundo se renueva por este germen que se ha injertado en la historia!.

Como quisiera, queridos hermanos cristianos, que asimiláramos esa noticia y la hiciéramos nosotros vivencia, testimonio, confianza, seguridad. Y que a nuestro alrededor en vez de inspirar pesimismo, tristeza, psicosis, miedo, inspiráramos más bien la confianza del ángel: Anuncio una gran noticia! Aunque vengan todas las catástrofes, hay renovación. Dios ha venido y el Espíritu de Dios hace nuevas todas las cosas.

Cuántos cambios ha habido en la historia desde que Cristo nació. Y siempre este Reino de Dios que Cristo trajo al mundo es inspiración de las nuevas edades. No hay tiempo esta noche para hacer un recuento de los cambios profundos en la historia que son, precisamente, inspirados por aquello más puro y santo que se conserva en la Iglesia de Jesucristo.

- Hoy asistimos también en El Salvador a una hora de renovación

Mucho se ha comparado al dolor de parto

El país está pariendo una nueva edad y por eso hay dolor y angustia, hay sangre y sufrimiento. "Pero como en el parto -dice Cristo- la mujer que le llega la hora sufre, pero cuando ha nacido el nuevo hombre ya se olvidó de todos sus dolores".

¡Pasarán estos sufrimientos! La alegría que nos quedará será que en esta hora de parto fuimos cristianos, vivimos aferrados a la fe en Cristo, no nos dejó sucumbir el pesimismo.

Como quisiera gritar yo sobre todos los campos de El Salvador esta noche la gran noticia de los ángeles: "No teman, ha nacido un Salvador!" Lo que ahora parece insoluble, callejón sin salida, ya Dios le está marcando con una esperanza. Esta noche es para vivir el optimismo de que no sabemos por dónde pero Dios sacará a flote nuestra Patria, y en la nueva hora estará siempre brillando la gran noticia de Cristo que hace nuevas todas las cosas y que cuando envejecen los períodos, las edades, siempre flota la gran noticia, la gran renovación del Espíritu de Cristo que ya injertó para siempre desde aquella noche que estamos conmemorando hoy.

2º DICEN LOS ANGELES A LOS PASTORES: "ESTA SERÁ LA SEÑAL: LO ENCONTRAREIS ENVUELTO EN PAÑALES SOBRE UN PESEBRE"

Mensaje de Jesús

El evangelio nos anuncia al Cristo envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Y cuando Juan Bautista le manda a preguntar al Redentor:" ¿Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?" Cristo le manda a contestar: "Di a Juan Bautista lo que estás viendo: "Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, resucitan los muertos. -Y lo más grande de todo- se anuncia el evangelio a los pobres. Y dichoso el que no se escandaliza de mí".

Este es el mensaje de Jesús: envuelto en pañales, reclinado en un pesebre, pobre como el más pobre de los pobres. Creo que ni el más pobre ha nacido en una gruta, sobre zacate porque no hubo para él ni si quiera un lecho donde su pobre madre lo diera a luz. Cristo, el más pobre, envuelto en pañales, es la imagen de un Dios que se anonada. Lo que la teología llama la kenosis: el Dios que se vacía de toda su gloria para aparecer esclavo y dejarse luego crucificar y ser sepultado como un malhechor.

- Este descenso de Dios tiene un gran significado

Esta noche no busquemos a Cristo entre las opulencias del mundo, entre las idolatrías de la riqueza, entre los afanes del poder, entre las intrigas de los grandes.

Allí no está Dios. Busquemos a Dios con la señal de los ángeles: reclinado en un pesebre, envuelto en los pobres pañales que le pudo hacer una humilde campesina de Nazaret, unas mantillitas pobres y un poco de zacate como descanso del Dios que se ha hecho hombre, del Rey de los siglos que se hace accesible a los hombres como un pobrecito niño.

Era hora de mirar hoy al Niño Jesús no en las imágenes bonitas de nuestros pesebres, había que buscarlo entre los niños desnutridos que se han acostado esta noche sin tener que comer. Entre los pobrecitos vendedores de periódicos que dormirán arropados de diarios allá en los portales. Entre el pobrecito lustrador que tal vez se ha ganado lo necesario para llevar un regalito a su mamá, o quien sabe del vendedor de periódico que no logró vender los periódicos y recibirá una tremenda reprimenda de su padrastro o de su madrastra. ¡Qué triste es la historia de nuestros niños! Todo eso lo asume Jesús en esta noche.

O al joven campesino, obrero, el que no tiene trabajo, el que sufre la enfermedad en esta noche. No todo es alegría, hay mucho sufrimiento, hay muchos hogares destrozados, hay mucho dolor, hay mucha pobreza.

Hermanos, todo eso no lo miremos con demagogia. El Dios de los pobres ha asumido todo eso y le está enseñando al dolor humano el valor redentor, el valor que tiene para redimir al mundo la pobreza, el sufrimiento, la cruz. No hay redención sin cruz.

Pero ésto no quiere decir un pasivismo de nuestros pobres, a los que hemos mal adoctrinado cuando les decimos: "Es voluntad de Dios que tu seas pobre, marginado y no tienes más esperanza". ¡Eso no! Dios no quiere esa injusticia social; pero, sí, una vez que existe se dá como un tremendo pecado de los opresores, y la violencia más grande está en ellos que privan de felicidad a tanto ser humano y que están matando de hambre a tanto desnutrido. Dios reclama justicia pero le está diciendo al pobre como Cristo al oprimido, cargando con su cruz: salvarás al mundo si le das a tu dolor no un conformismo que Dios no quiere, sino una inquietud de salvación si mueres en tu pobreza suspirando por tiempos mejores haciendo de tu vida una oración y acuerpando todo aquello que trata de liberar al pueblo de esta situación.

El Papa lo recordaba en México cuando dijo que la devoción a María no es una devoción de débiles; que María, que supo soportar la huida y el destierro, la marginación, la pobreza, la opresión, María la hija de un pueblo dominado por el Imperio Romano que ve morir en la cruz injustamente a su Hijo prisionero y torturado, María levanta su grito de santa rebeldía para decir a Dios: que despedirá vacíos a los soberbios y orgullosos y si es necesario derribará del trono a los potentados, y en cambio dará su gracia a los humildes, a los que confían en la misericordia del Señor.

Este es el Cristo que nace, enseñándole a los países pobres, a los mesones, a estas noches frías en las cortas de café, o calientes junto a las algodoneras, que todo eso tiene un sentido. Que no perdamos el sentido del sufrimiento. Queridos hermanos, si una cosa me da lástima en esta hora en que El Salvador se redime es pensar que muchos falsos redentores están echando a perder esa fuerza de redención que tiene nuestro pueblo: su sufrimiento; y convierten en demagogia su marginación, su hambre. No hay que hacerla desesperación ni resentimiento, sino que hay que esperar la justicia de Dios, saber que ésto tiene que cambiar; y, si es necesario, morir como han muerto ya tantos pero con la esperanza de una fe cristiana.

Como quisiera que esta Navidad hablara de ese Niño entre paja y los humildes pañales, del valor sublime de la pobreza. Como quisiera que nosotros mismos, que estamos haciendo esta reflexión, la diéramos a nuestros pequeños o grandes sufrimientos un valor divino. Que desde esta noche intensificáramos nuestra intención de ofrecer a Dios lo que sufrimos. Que se convierta junto al sacrificio del altar en hostia que redime y santifica nuestra vida, nuestro hogar, nuestra sociedad.

Si no hubiera tanta demagogia y hubiera más santidad en los pobres pronto vería nuestra Patria la salvación. ¡Si supiéramos recoger hoy el mensaje del niño pobre, del niño humilde, del que se anonadó para salvar al mundo…!

Como nos parecemos a Jesús en Belén esta noche los salvadoreños cuando tenemos una sociedad que se puede presentar como la pobreza acabada del Belén de María, de José y de Jesús.

3º LA MULTITUD DE ANGELES QUE BAJA CANTANDO GLORIA A DIOS EN LOS CIELOS.

Es el llamamiento la meta eterna de nuestra vida

Démosle a las cosas de la tierra su valor relativo. No absoluticemos la riqueza, ni la lucha ni el partido, ni la organización. Nada tiene valor absoluto en esta tierra, todo es relativo frente al único Absoluto, el que debe de robar la gloria de todos los hombres hacia Dios. Lejos de nosotros todo orgullo, toda soberbia, querer endiosar algo o alguien en esta tierra, lejos de nosotros.

El Niño en Belén interpretado por los ángeles nos dice que no hay más que un solo Dios y que no se puede servir a ese único Dios y a los ídolos de la tierra. Que caminemos en la tierra siempre haciendo de nuestra vida, de nuestro esfuerzo, de nuestro trabajo, lo que Cristo hizo.

Cuando ya se despedía Cristo de este mundo el día de su ascensión le dice a los apóstoles: "Vine del Padre y ahora regreso del mundo al Padre". Este es el circuito que hay que recorrer: Vengo de Dios y trabajaré en el mundo una vocación que Dios me ha dado al hacerme nacer en esta hora, en esta época, en este país, con esta vocación, es esta situación. Cumplir ese recorrido para, luego, al llegar nuestra muerte decir: "Ahora regreso al Padre".

Haber vivido siempre recordando nuestro origen de Dios y no perdiendo nunca de vista nuestro destino la gloria del Altísimo

Haber vivido siempre animando nuestra vida como Cristo animó la suya: "Yo tengo un plan que es hacer la voluntad de mi Padre el que nos enseñó a orar en todas las circunstancias de la vida. Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo". No se hace otra cosa más que la voluntad de Dios. Y dichoso el hombre que sabe sintonizar en todos los momentos de su vida con esa voluntad del Padre. Esos son los héroes, esos son los santos, esos son los inmortales, esos son los felices, los que saben recoger el mensaje de Navidad cantando al único Dios y ordenando su vida a la gloria del único Dios: "Gloria a Dios en lo más alto de los cielos!". Hasta allá se encumbra mi vida cuando le doy ese sentido a mis acciones por más humildes que sean.

Queridos hermanos, estos son los tres pensamientos que yo les quisiera recordar para que los viviéramos no sólo en esta noche de Navidad, por encontrar el secreto de la alegría: El Niño que trajo novedad a la historia, a nuestra vida, a El Salvador, a todo lo que es vida y naturaleza. El Niño que se envolvió en pañales y nació en un pesebre para darle sentido a la pobreza, al dolor, al sufrimiento. Y el Niño es cuya cuna recuerda todos los hombres el destino de todos los hombres, la gloria de Dios en lo más alto del cielo.

Que esta eucaristía nos haga encontrarnos con el Jesús que todos los días vive en nuestra misa recordándonos precisamente este gran mensaje de la Navidad. Así sea…


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