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Jue, Sep

Homilía XXIII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B (9 de septiembre de 1979)

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Ciclo B
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Homilía de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, XXIII Domingo del Tiempo Ordinario CIclo B, 9 de septiembre de 1979...

Homilía XXIII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B
9 de septiembre de 1979

Isaías 35, 4-7a
Santiago 2, 1-5
Marcos 7, 31-37

Queridos hermanos:

Introducción: Otra vez en la Basílica; el Corazón de Cristo

Otra vez las circunstancias nos obligan a celebrar nuestra eucaristía en esta iglesia consagrada al Sagrado Corazón de Jesús. Esto me llena a mí de mucha esperanza, porque el Corazón de Jesús es el símbolo del amor infinito de Dios mostrado en Cristo hacia los hombres. ¿A qué venimos cada domingo a misa?. A empaparnos más, como cristianos, del misterio que está a la base de nuestra fe y de nuestra esperanza: el misterio de Cristo, misterio que no es otra cosa que el amor infinito, el proyecto infinito de Dios para salvar a los hombres, elevarlos y hacerlos con Él, una sola familia. Peregrinamos entre las vicisitudes de la historia entre las tentaciones y halagos del mundo. Hay el peligro de que nos vayamos quedando instalados en la tierra y olvidemos ese llamamiento amoroso de un Padre que nos espera con los brazos abiertos y que no sólo nos espera, sino que nos está dando para el camino nada menos que a su propio hijo, a Jesucristo.

Las circunstancias de este mes nos impulsan a esta reflexión: el mes de la independencia, que suena como a un sarcasmo en unas horas de tantas esclavitudes. Por eso se celebra de distintas maneras hoy en nuestro pueblo. Hay quienes como que planean cosas espectaculares: de sangre, de tragedia. Así hay en el ambiente como una expectativa: ¿qué será septiembre para El Salvador?.

Un reto... no temer a los hombres, sino hacerse digno instrumento de Dios.

Por mi parte, yo creo que septiembre significa, para los cristianos, un reto. El reto de un nombre: la independencia. Pero para no tener represalias, hechos sangrientos, tragedias dolorosas, sino para ponernos del lado de Dios, junto a Cristo: "Señor, Tú eres el único que puede dar la libertad verdadera a los hombres". La independencia de nuestra patria, que se celebra el 15 de este mes, significa el reto de Dios mismo que nos ofrece su fuerza para ser libres. Entonces, la reacción de un buen salvadoreño, cristiano, no debe de ser de temor: "¿Qué va a pasar en Septiembre?". Los hombres no pueden más de lo que Dios puede permitirles para su bien o para su mal. "No cae de la cabeza un pelo sin el permiso de Dios", ha dicho Cristo. "No temáis", decía el Señor. Yo creo que hoy, más que nunca, necesitamos esa tranquilidad, esa seguridad. Más que temer a los hombres, temamos no ser dóciles en las manos de Dios.

El reto está aquí: solamente unidos con Dios, en Jesucristo, podemos ser artífices verdaderos de nuestra historia. Dios es el maestro de la historia, Cristo es la piedra angular de toda civilización: sólo en Él hay consistencia. Entonces, yo les diría: hermanos, formemos un propósito -por amor a la patria- de ponernos al lado de Cristo y reflexionar: ¿qué quiere Dios de mi vida?. Ojalá todos -y aun aquellos que con una sensibilidad evidente de lo social, de lo político, van por caminos extraviados- vayamos a decirles lo que Cristo les decía: "Sin mí, nada podéis hacer". Y unirnos a Cristo. Sólo en Cristo lo podemos todo, como decía San Pablo: "Todo lo puedo en aquel que es mi fortaleza, mi esperanza, mi orientación, el sentido de mi vida". Sin Cristo es un absurdo la vida humana, es convertir al hombre en chacal, convertir al hombre en fiera, en demonio. ¡Qué triste es el hombre separado de Cristo, apartado de Dios!.

Figura central: Cristo el sordomudo

Pues bien, las lecturas de hoy, precisamente, quisiera que las centráramos en la figura central: Cristo frente a un sordomudo. El sordomudo es la imagen del hombre esclavizado, marginado: no oye, no habla, no se puede comunicar. Expresión de una verdadera esclavitud. Cristo, tocándoles las orejas y la lengua, lo libera.

Las otras dos lecturas explayan la imagen de la esclavitud.

El desierto, sediento de agua y vida

Pero hay un complemento en las otras lecturas. Hay una imagen triste de la esclavitud: el desierto. ¡El desierto! Dicen que los beduinos, cuando atraviesan el desierto, oyen allá en la lejanía el zumbido del viento. Fantásticos, como ellos son, dice: "¿Oyes cómo suena el viento?, ¡es el desierto que se lamenta y llora porque quisiera ser jardín!". Yo creo que no hay figura más elocuente de la necesidad del hombre que el desierto sediento, inmensidad de arena, estéril. Figura de la verdadera necesidad de independencia, de promoción.

El andrajoso marginado por el poderoso -servil del poderoso

Hay otra figura en la segunda lectura de hoy. Nos ha dicho Santiago -el hombre práctico-: el andrajoso que llega a una ceremonia litúrgica, y al mismo tiempo otro señor bien vestido y le dicen: "Pase adelante", y al andrajoso: "quédate en la puerta, siéntate en el suelo". Dos figuras de la marginación, de la esclavitud: el andrajoso marginado, y el servil más atento al señor que al hermano pobre. Éstas son las figuras de las lecturas de hoy.

SOLO DE CRISTO PUEDE VENIRNOS LA VERDADERA INDEPENDENCIA

1.Cristo es Dios en persona que viene a liberar al hombre.

2. Es a todo el hombre al que le interesa salvar.

3. La salvación que Cristo nos trae no es destruyendo sino rehaciendo.

Creo que son pensamientos, que se sacan de las lecturas de hoy, tan oportuno para este pensamiento trágico que se hace cada día más sangriento. Tengamos serenidad y con fe acerquémonos a esta reflexión de la palabra de Dios. Como complemento, de costumbre, veremos cómo se realiza esto en nuestra Iglesia de la Arquidiócesis y en nuestro ambiente del país.

1. CRISTO ES DIOS EN PERSONA QUE VIENE A LIBERAR AL HOMBRE

La Profecía

¡Qué hermosa se oye la profecía del profeta Isaías, frente a los exiliados de Babilonia!: "Sed fuertes, no temáis a vuestro Dios que trae el desquite. Viene en persona, resarcirá y os salvará. ¡Viene en persona!". Ésta era la fe, la maravilla inaudita que los profetas anunciaban. No va a mandar sólo profetas como creemos nosotros -decían aquellos hombres que hablaban en nombre de Dios-, es que Él vendrá en persona. Y lo que os manda a decir, por medio de nosotros, no es más que la preparación de los caminos. Preparar los corazones para que, cuando llegue en persona, pueda encontrar verdadera tierra nueva donde su palabra produzca fruto.

a) Ambiente de la profecía: necesidad de liberación

-El cautiverio de Babilonia.

El ambiente en que se pronunciaba esta palabra era el cautiverio de Babilonia. Por los pecados de la tierra prometida, los invasores se habían apoderado de reyes y pueblos y los habían llevado con crueldad. Allá estaban. Hay salmos que nos cuentan la tristeza, la nostalgia de vivir lejos de la patria. Aquel precioso salmo de los sauces junto a los ríos de Babilonia que han inspirado tantas cosas de música y poesía es, cabalmente, la nostalgia del hombre que ama su patria pero que reconoce que por sus pecados han ido al desierto y espera un día el perdón de Dios: "Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos a llorar. Y cuando nos decían: cantad un cántico de vuestra tierra, les respondíamos: ¿cómo vamos a cantar en tierra extraña?. ¡Que se me pegue la lengua al paladar y se me seque la mano, si te olvidare, Jerusalén!".

- Cobardes de corazón

Este amor a la patria hace pensar, precisamente, en lo que hoy Isaías nos ha dicho: "Decid a los cobardes de corazón, y decir a los ciegos: que veréis; y los oídos del sordo se abrirán...". Es decir, una situación. El hombre, queridos hermanos, vive necesitando de esa presencia de Dios, porque como que es nuestro destino humano: sin Dios, vivir bajo la opresión. La opresión del miedo, los cobardes de corazón. ¡Cuántos hay en nuestra tierra, ahora, cobardes de corazón, miedosos, temerosos, inseguros!. Son signos de la necesidad de liberación, es el desierto que gime y llora queriendo un mundo mejor.

Pero una señal más evidente de la opresión del hombre es la enfermedad. Por eso, siempre habrá enfermos en el mundo: ciegos, sordos, paralíticos; los hospitales siempre tendrán oficio; muchas veces porque los hombres son crueles, les dan oficio.

Qué triste es leer que en El Salvador, las dos primeras causas de muerte de los salvadoreños son: la primera es la diarrea; y la segunda, inmediatamente, es el asesinato; se muere por homicidio o por consecuencia de las lesiones. Así está la estadística. De modo que, inmediatamente después de la señal de la desnutrición, la diarrea, está la señal del crimen, el asesinato. Son las dos epidemias que están matando a nuestro pueblo.

Este es el ambiente en el cual Isaías habla -y hablaría a los hombres de hoy-: "Cobardes de corazón, enfermos -señales de la opresión, víctimas de la situación- ánimo, vendrá Dios en persona. Mirad a vuestro Dios que viene".

- La profecía: figura de salud para enfermos, figura del desierto

Y cuando ya esté entre nosotros. Este es el paralelismo bello del evangelio de San Marcos que se ha leído hoy con la profecía de Isaías. Isaías anuncia como una presencia de Dios, como una acción de Dios, el florecimiento del desierto, la salud de los enfermos. Así se representaban, por los profetas, las señales de la presencia personal de Dios en el mundo: los bienes mesiánicos. Los profetas no acertaban a distinguir porque veían a una distancia enorme los bienes y presentes de la redención y los bienes escatológicos. Cuando ya termine la historia y se recoja todo el fruto de Cristo, entonces, ya no habrá crímenes, ya no habrá muertos; pero, mientras tanto, ya comienza el bien mesiánico. Ya podemos decir que el desierto está floreciendo y que los enfermos están siendo curados. Cristo mismo ya dio las evidentes señales cuando Juan Bautista le mandó preguntar: "¿Eres Tú el Mesías o hemos de esperar a otro?" Cristo sólo le responde con los signos anunciados: "Díganle a Juan que ya están viendo los ciegos, que ya resucitan los muertos".

¡Ya hay señales de salud, Dios ha venido, ya está entre nosotros! Aunque sigamos viendo que la muerte pasea su bandera, y el crimen, también, se sacia de sangre, ya está vencida la muerte y el pecado. Ya es como una de esas ballenas heridas que tiran hacia el mar, pero van heridas, van a morir. "La última enemiga en ser vencida, será la muerte", dice San Pablo. La muerte ya está herida de muerte y se le van a escapar los muertos de la tumba. No canten victoria los pecadores, porque ellos ya están vencidos. El pecado, Cristo ya lo crucificó en su propia cruz y el que cree en Cristo ya tiene la victoria. Por eso, cobardes de corazón ya está Dios entre nosotros; enfermos, paciencia que eso pasará; oprimidos, convertid en redención vuestro sufrimiento y vuestro dolor. Esto no quiere decir pasivismo, sino que la lucha legítima pero sin perder la esperanza del Dios que ya está presente, sin apartarse de ese Dios y de esas orientaciones que el Dios de historia va dando ya.

b) Presencia y misión de Cristo

La presencia misma de Cristo en el evangelio de hoy. Precisamente el evangelio de San Marcos tiene esto de típico: de que él no es el que menos enseñanzas de Cristo presenta. Porque a él le interesa decir que no es la doctrina de Cristo la principal, sino la persona de Cristo que encarna el reino de Dios presente en la tierra. Es hermoso pensar que el evangelio de San Marcos, que se lee en este año -año de tragedias para El Salvador- nos está diciendo que lo que Isaías anunciaba en su profecía ya es verdad en Cristo. Y todo aquél que cree en Cristo -en esta Basílica del Sagrado Corazón hay tantos motivos para creer en su amor- ya está redimido, ya no tiene necesidad de la cobardía, del temor. Es tiempo de que los cristianos fortalezcamos nuestro ánimo y no seamos cobardes, no nos dejemos deprimir por las circunstancias, sino, al contrario, apoyar en el Señor -presente ya en la historia- nuestra debilidad, nuestra desorientación. Como cieguitos, como sordos, agarrémonos de la mano de Jesús. Él nos va llevando a la victoria, vendrá la luz de nuestros ojos, vendrá la claridad de nuestra historia propia salvadoreña. Sólo Él nos puede dar la verdadera independencia.

- La fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso... los pobres... criterios de Dios y de los hombres

En la segunda lectura se habla también de esa presencia cuando Santiago nos dice a los cristianos: "No quieran unir dos extremos irreconciliables, la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso y la acepción de personas". Es inconcebible que se diga a alguien "cristiano" y no tome, como Cristo, una opción preferencial por los pobres. Es un escándalo que los cristianos de hoy critiquen a la Iglesia porque piensa por los pobres. ¡Eso ya no es cristianismo! El cristianismo verdadero es el Cristo que le dice, por medio de Santiago, al cristiano: "¡Es irreconciliable!, si tienes fe en el Señor Jesucristo glorioso, trata como a hermanos iguales a ricos y pobres, que no te engañe la apariencia..."

Es que muchos, queridos hermanos, creen que cuando la Iglesia dice: "por los pobres", ya se está haciendo comunista, ya está haciendo política, es oportunista. No, si esta ha sido la doctrina de siempre. La lectura de hoy no fue escrita en 1979, Santiago escribió hace veinte siglos, lo que pasa es que los cristianos de hoy nos hemos olvidado de las lecturas que deben de regir la vida de los cristianos.

Cuando decimos "por los pobres", no nos parcializamos hacia una clase social -fíjense bien-. Lo que decimos -dice Puebla- es una invitación a toda las clases sociales sin distinción de ricos y pobres. A todos les decimos: "Tomemos en serio la causa de los pobres como si fuera nuestra propia causa; más aún, como de verdad es: es la causa de Jesucristo que en el día de juicio final pedirá que sólo se salven los que atendieron al pobre con fe en Él: "Todo lo que hicisteis a uno de esos pobrecitos marginados, ciegos, cojos, sordos, mudos, a mí me lo hicisteis". Él nos está dando el ejemplo: que su presencia, que todavía vive -gracias a Dios- y una Iglesia que trata de renovarse a pesar de la persecución y de la incomprensión, seguirá siendo la misma política de Dios. Esta sí es la política verdadera: la que trata a los hombres no como hombres de primera clase y de segunda clase, sino la que dice: "No puede haber acepción de personas en aquel que cree en el glorioso Señor Jesucristo, encarnado en la miseria de los hombres".

2. ES A TODO EL HOMBRE AL QUE LE INTERESA SALVAR

Es una palabra de los últimos documentos de la Iglesia, sobre todo, en el Concilio Vaticano II, en la encíclica Populorum Progessio de Pablo VI, donde dice: "Todo el hombre es el que hay que salvar; alma y cuerpo, corazón y espíritu, trascendencia y temporalidad".

a) Las esclavitudes

Lamentablemente, queridos hermanos, somos el producto de una educación espiritualista, individualista. Donde se nos enseñaba: procura salvar tu alma y no te importe lo demás. Como decíamos al que sufría: "Paciencia, que ya vendrá el cielo, aguanta". ¡No!, no puede ser eso, eso no es salvar, no es la salvación que Cristo trajo. La salvación que Cristo trae es la salvación de todas las esclavitudes que oprimen al hombre. Ya decíamos, en las lecturas de hoy, cuáles son esas esclavitudes: figuradas en el desierto, en la aceptación de personas, en los criterios del mundo para relacionarnos con los hombres. ¡Son esclavitudes!. Es necesario que el hombre que vive bajo de tantos opresiones y esclavitudes -el miedo que esclaviza los corazones; la enfermedad que oprime los cuerpos, la tristeza, la preocupación, el terror que oprime nuestra libertad y nuestra vida- rompa esas cadenas. ¡Por ahí hay que comenzar!...

¿No les parece una esclavitud, que verdaderamente humilla, ser servil?. Con tal de quedar bien con los poderosos se tiene que humillar a los humildes...

b) La liberación de Cristo

Dios trae el desquite

Fíjense cómo se anuncia, en la primera lectura, la liberación que Dios trae: "Dios vendrá en persona, Él trae el desquite, Él resarcirá, Él dará salud a los cuerpos, Él hará florecer el desierto". ¡Qué frases más magistrales para pensar lo que es la verdadera liberación que Dios quiere: ¡el desquite!. No es una venganza de egoísmo, es el poner las cosas en su puesto, es decirles: todos son hermanos, ya no hay por qué unos humillen a otros. El desquite de Dios será su amor, que lo sepan comprender todos los hombres.

Resarcirá

¡Él resarcirá!, como cuando se ha ofendido a alguien y viene alguien a resarcir, a reparar, a pedir perdón. Viene Cristo, precisamente, a esto, a pedir perdón al Padre porque los hombres lo han ofendido con tanta acepción de personas, porque lo han ofendido con tantos temores y opresiones, que no son fe en Dios. Cuando Cristo muere en la cruz está resarciendo, está trayendo el desquite. Éstos son los desquites, éstas son las reivindicaciones que Dios quiere, las que se apoyan en el desencadenamiento de nuestro corazón del propio pecado. Ahí está la causa y todo aquel que grita, habla y hace obras de liberación, pero: oprimiendo, matando, haciendo el mal; no ha comprendido que la verdadera violencia que salva es la que se hace uno a sí mismo. Resarcir a Dios por mis pecados y desde mi propio corazón...

Este hombre total tiene una dimensión trascendente y una dimensión histórica. Por eso es el gesto de Cristo yo quisiera ver estas dimensiones.

c) Misión trascendente

En primer lugar: Cristo se preocupa de un sordomudo. Cristo, si fuera de verdad la espiritualidad individualista o egoísta, hubiera pasado como el sacerdote de la parábola, sin hacerle caso al pobre sordomudo; sin embargo, se detiene frente a él y con la paciencia de quien administra un sacramento hace estos gestos sacramentales: le pone sus dedos en las orejas y con saliva le toca la lengua. Miren que potencia la del cuerpo de Cristo. Cristo es Dios en persona, encarnado en un cuerpo de hombre, y todo lo que Cristo toca tiene potencia de Dios. Los dedos de Cristo, dedos de hombre como los míos, pero dentro de Él iba lo que no va en mí: la persona divina del Hijo de Dios. ¡Toca la enfermedad y sana!. Podía haber hecho florecer el desierto materialmente como calmó las aguas y las tempestades.

Hay potencia en Dios. Por eso, Él, a aquel sordomudo, al que tal vez no le podía hablar porque no le oía -era sordo- con un gesto se lo dice todo: tocándoles las orejas y la lengua y levantando los ojos al cielo, y dando un suspiro. Éstos son los gestos que hablan aún al mudo necesitado de lengua y al sordo necesitado de oído: las señales de la liberación. Le estaba diciendo: "Tú tienes un destino trascendente -cielo-. Yo mismo he venido de allá". Qué dulce debió ser aquella mirada de Cristo hacia el Padre: la infinidad con Dios. Éstos son los verdaderos liberadores, hombres que no olvidan que sólo en Dios está el destino de la liberación del hombre. Hombres que saben orar y que saben elevar, hasta lo que no entienden, al sentimiento de Dios. Ésta es la dimensión de toda redención. ¿De qué le hubiera servido al pobre sordito y mudo que Dios le hubiera dado una lengua expedita y unos oídos bien claros, si, después, no los usa para Dios y se condena?. ¿De qué sirve la belleza del mundo, de qué sirve el dinero en la tierra, de qué sirve tener mucho si no se es más trascendente? Ésta es la promoción que Cristo quiere del hombre en su dimensión trascendente.

d) Dimensión histórica

Pero esto no quiere decir que el hombre solamente sea trascendencia; sino, lo que hoy necesita más nuestra liberación es la dimensión histórica. Quiero anticiparles -espero, esta semana, les pueda entregar mi carta pastoral- que al hablar de los servicios que la Iglesia presta en El Salvador para la situación crítica del país, entre ocho cosas que ofrecemos, ofrezco esto: "Promover la libertad integral del hombre a partir de un concepto del hombre, un concepto integral que el Papa en Puebla calificaba así: El hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en cumplimiento de su misión. El hombre es el camino primero y fundamental de la Iglesia".

Se trata de este hombre concreto, histórico, tal como hoy vive. Y, por eso, los padres, en Puebla, tratamos de ver el hombre latinoamericano y de ahí yo deduzco al hombre salvadoreño, al que yo visitaba en estas visitas a los tugurios; que vive allí en la miseria, en la pobreza, en el hambre. A este hombre es al que tenemos que anunciar: "Cierto que oro y plata no tenemos como Iglesia pero te queremos dar lo que tenemos: en el nombre de Jesús de Nazaret, levántate y camina". Promuévete, no queremos hombres masa, no queremos hombres que los manipulen, queremos hombres verdaderas imágenes de Dios que, aunque vivan en el tugurio, en el monte, sean respetados. Son iguales que el señor que vive en la capital...

"Este ideal -digo en mi carta pastoral- recoge todas las dimensiones de la realidad del hombre, sin excluir ninguna, ni reducir la fe a la mera promoción de lo social y de lo político. Sin embargo, debemos hoy recalcar la dimensión social e histórica de esta liberación tal como lo pide Puebla que dice: El evangelio nos debe enseñar que ante las realidades que vivimos no se puede hoy, en América Latina, amar de verdad al hombre y por lo tanto a Dios, sin comprometer a nivel personal y, muchas veces, incluso a nivel de estructuras con el servicio y la promoción de los grupos humanos y de los estratos sociales más desposeídos y humillados, con todas las consecuencias que se sigan en el plano de estas realidades temporales".

Por tanto, la dimensión del hombre es trascendente pero también histórica, temporal, concreta. Es ese hombre llamado a la salvación eterna pero que hoy se está muriendo de hambre o no tiene el salario debido. Es ese hombre que tiene una vocación para el cielo pero también Dios lo ha creado para ser feliz en la tierra. Es el hombre que será hermano en la eternidad con toda la humanidad pero ya tiene que aprender a ser hermano en la tierra, no para odiarse ni para matarse uno contra otro

El destino de los pobres: ricos en la fe

Cuando Cristo, a través de Santiago dice por qué no hay que despreciar al pobre por preferir al rico, hace una pregunta que podía ser un examen de conciencia para cada uno de nosotros: "Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos?. Queridos hermanos, escuchad: ¿acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman?". No basta ser pobre, pobre pero amando a Dios, pobre en gracia de Dios. Es que los pobres -dice la Iglesia y la revelación divina- tienen como cierta capacidad mayor que otras clases sociales para percibir el mensaje y la redención de Jesucristo.

Por eso la dimensión de la tierra no la podemos olvidar pero también es a partir de su conversión. Porque dice: "Los eligió para hacerlos ricos en la fe". Y que por su amor a Dios ya disfruta un destino eterno que -Dios- lo mira ya en su preferencia aquí en la tierra. Queridos pobres, la mayoría de los que estamos haciendo esta meditación, porque yo quiero contarme también entre los pobres. Porque sé que sólo en ese camino y en ese ambiente nos podemos encontrar de verdad, con sinceridad y autenticidad. Tratemos de ser dignos de esa preferencia de Dios. Seamos pobres, dignos de que Dios nos haga ricos en la fe y ricos en el amor al Señor. Ésta es nuestra riqueza; no ambicionemos otra mientras no sea para nuestro desarrollo, también, en la dimensión histórica. Porque yo no quiero ser, como alguien ha dicho en el Bloque Popular Revolucionario, que yo soy opio. ¡Nunca!, estoy diciendo que, precisamente, estas promociones a la trascendencia son para excitar más la promoción de lo histórico, de lo social, de lo económico, de lo político. Estoy diciendo que Dios no sólo ha hecho el cielo después de la muerte para el hombre, sino que ha hecho esta tierra para todos los hombres. ¡Esto no es opio!...

- Interioridad... llevándolos aparte

Hay un detalle que yo quisiera que lo profundizáramos, no tanto en el tiempo, sino en la intensidad de nuestra reflexión. Cuando Cristo quiere tratar la promoción de este sordomudo, nos dice el evangelio: "...llevándolo aparte". ¡Qué gesto más significativo para nuestra hora!. San Marcos, fiel a su ideal teológico, nos presenta un Cristo que lleva el misterio del reino de Dios pero que el pueblo no se lo puede comprender. Por eso, Él trata de ocultar muchas cosas que Él pudiera hacer lucir. ¡Las oculta!. A aquellos que son sus íntimos -los apóstoles- les reprocha, muchas veces, no hacer lo posible de comprender esta intimidad. Pero ante el pueblo Él es, más bien, reservado, porque a su hora Dios dirá la palabra que necesita el pueblo para presentar al Hijo de Dios.

Pero aparte de este sentido teológico del reino de Dios oculto como un misterio en Cristo, y por eso aparta al sordomudo, yo quisiera ver ese otro gesto: "...la muchedumbre", el ruido del mundo, los gritos de los parlantes, la música estentórea; todo eso aturde, aturde. Sólo hay una cosa donde el hombre se encuentra con Dios y donde Cristo pudo hacer los gestos de trascendencia y de amor al pobre mudo: la soledad, la interioridad -que decíamos el domingo pasado-. Hermanos, hoy hay mucho ruido: tomas de iglesias y con el ruido de los parlantes todo el día, que ya cansan al vecindario; manifestaciones, tiroteos, gritos. Todo eso no salva si eso no lleva un trasfondo de interioridad, de reflexión, de planificación; es demás, nos están arruinando más.

Dice el Concilio, lo que hoy hace falta al mundo no son sólo técnicos de las artes, de las ciencias, de las cosas exactas; hacen falta, sobre todo, los técnicos en humanidad. Lo que hoy hace falta a la civilización es la sabiduría, la reflexión. Por eso, yo voy pidiendo como un mendigo a todas partes; ¡recen!, ¡recen mucho por la Iglesia!, ¡reflexionen!. Y si es cierto que aquí yo estoy usando también parlantes, pues, es necesario para la comunicación. Pero las cosas son para lo que deben ser, si un parlante es para transmitir un mensaje de reflexión, de serenidad, de paz, también de justicia, y de una denuncia, también, valiente, ¡bien usados los parlantes!. Pero usados únicamente por demagogia, no hacen bien...

Grábense bien esta frase de Pío XI -un Papa de frases cortas y bien cinceladas- que bien podían ser el comentario de este gesto de Cristo: "...llevándolo aparte, lo curó". Decía el Papa: "El bien no hace ruido y el ruido no hace bien".

3. LA SALVACIÓN QUE CRISTO NOS TRAE NO ES DESTRUYENDO SINO REHACIENDO

No es una salvación que destruye, sino una salvación que rehace; rehacer, hacer de nuevo.

Cristo, el hombre rehace

Cuando el profeta Isaías, que se ha leído hoy, anuncia el carácter del Mesías en la figura misteriosa en el Siervo de Yahvé, dice esta frase que muchos no la comprenden: "Él no quiebra la caña cascada, Él no apaga la mecha que todavía humea". Frases lindas para decir: Cristo no es el hombre iracundo que ya, porque se le quebró una caña, la acaba de quebrar y la tira por allí. Sino que, con la mansedumbre de un médico, la endereza, la remienda y ya tiene, otra vez, la caña buena. No apaga el fuego porque ya sólo quedó una brasita entre cenizas. Con paciencia aparta la ceniza, comienza a soplar, le pone una tuza, un poquito de ocote, de leña y comienza a hacer el fuego otra vez. Ésta es la comparación de Cristo. Es el hombre que rehace.

Llama a los pecadores

¿Qué otra cosa es Cristo entre sordos, mudos, leprosos, pecadores?. Los hipócritas lo reprochaban: "Miren, su maestro come con los pecadores y está prohibido en la ley". "Hipócritas -les dice Cristo-, no son los sanos los que necesitan el médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, esos ya están camino del cielo, he venido a llamar a los pecadores". Es hermoso en estos días -en que en El Salvador nos estamos tirando los platos unos contra otros, como si el otro tuviera la culpa y yo no, yo soy víctima- mirar para dentro; y mirar en qué yo estoy necesitado de Cristo. Porque el que cree que no necesita de Cristo, ni del Papa, ni del obispo, ni de la Iglesia, es un orgulloso. Es uno de aquellos que dice la Virgen en el cántico del Magníficat: "Desecha a los orgullosos de corazón y recibe con cariño a los humildes".

Cristo es el hombre que rehace la historia de su propio pueblo. Se diría que los desechos humanos, el resto de Israel, la pita que ya va a reventar por lo más débil, Cristo la coge a tiempo y la une y de ahí sale la salvación para todo el mundo.

Se encarna y se hace uno de nosotros

¿Qué otra cosa es la encarnación?. "Dios -dice San Pablo- no tuvo reparo en dejar su dignidad de Dios para hacerse uno de nosotros. Más aún, esclavo hasta morir en una cruz como morían los esclavos. Los ciudadanos romanos nunca daban una sentencia de crucifixión contra un paisano. Era indigno del ciudadano libre de Roma morir crucificado. Morir crucificado era sentencia de muerte de esclavos, bandidos, de gente indigna, de desechos de la sociedad. Ésta es la muerte que Cristo aceptó, la de un bandido. Por eso los primeros cristianos tenían tanta dificultad en presentar el crucifijo, porque decían: si ese hombre murió así, no es digno de que se le adore. Así destruyó Cristo su propia dignidad, precisamente, para acercarse a lo más profundo donde había caído la dignidad del hombre y levantarla. "Por eso -dice la misma frase, el mismo texto- Dios lo exaltó y le dio un nombre sobre todo nombre, de modo que a su nombre se dobla toda rodilla en el cielo, en los abismos, en la tierra". Ésta es nuestra esperanza, el Cristo que se encarna y que se hace uno de nosotros. Nosotros debíamos de asumir, queridos hermanos, también la humanidad tal como está.

Dichoso el salvadoreño que en esta hora no se avergüenza de su propia patria, pero la asume, no para hacerla peor, ¡sino para rehacerla!. Dichoso el salvadoreño que en este día, en este mes de la independencia, reconoce: No todo es gloria en mi patria. El himno que cantamos, suena, muchas veces, a un sarcasmo horrible, sin embargo, yo quiero que ese himno sea cantado un día por el futuro, al que yo debo de contribuir con una promoción del hombre en todas sus dimensiones.

Jesús resucita y su resurrección es el hombre que da la vida eterna. Desde el día en que Cristo sale glorioso de su tumba ha comenzado la nueva historia de la humanidad. Y los pueblos que pueden sentir su redención en la medida en que crean en esa vida eterna resucitada en Cristo. "Ya -dice el Concilio- la transformación del mundo comenzó en Cristo resucitado". La Iglesia tiene ese empeño de seguir predicando, domingo a domingo, y en cada misa: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!..."

En resumen, mi pensamiento ha sido éste:Dios viene en persona a salvarnos. Es Cristo entre las necesidades del mundo.

Segundo, la promoción que Cristo quiere hacer del hombre es todo el hombre en su dimensión trascendente, en su dimensión histórica, en su dimensión espiritual, en su dimensión corporal. Es todo el hombre al que hay que salvar. El hombre en sus relaciones sociales, el hombre que no considere a unos más hombres que a otros, sino a todos hermanos y con preferencia a los más débiles y más necesitados. Éste es el hombre integral que la Iglesia quiere salvar. ¡Difícil misión!. La catalogarán muchas veces entre subversivos comunistas y revolucionarios, pero la Iglesia sabe cuál es su revolución: la del amor de Jesucristo.

Y porque la revolución de la Iglesia es la misma de Cristo, mi tercer pensamiento ha sido éste: no quiere deshacer, no quiere destruir, sino rehacer, y de la propia debilidad y miseria humana, por eso llama a conversión. Porque si el que oye es un criminal, mañana puede ser un apóstol. ¿Cómo rehizo Cristo a Pablo, el perseguidor?. Una autoridad eclesiástica drástica hubiera lanzado excomunión contra ese Saulo. Pero Cristo, que no apaga la mecha que aún humea, lo manda a un director espiritual, lo bautizan, lo mandan al desierto a reflexionar y viene hecho otro. El apóstol que puede decir: "No soy digno de llamarme apóstol porque perseguí a la Iglesia. Pero la gracia de Dios no fue vana en mí". Cómo quisiera yo, hermanos, que un día, todos los que hoy van sembrando el terror como Saulo por Jerusalén y la Tierra Santa se convirtieran. Después de una reflexión profunda, cómo quisiera yo que en vez de que los que han sido mandados a matar gente, o los que mandan a matar antes de dar esa orden, o de ejecutar esa orden por dinero, reflexionaran un poquito: ¿Qué voy a hacer?. Creo que muchos se detendrían...

LA MISION DE CRISTO HOY EN SU IGLESIA

Por eso, yo trataré de aplicar ahora, en nuestra propia historia, estos rasgos de la palabra de Dios. Les invitaría a que miráramos la misión de Cristo hoy en su Iglesia. Y que miráramos el desierto del mundo ensangrentado, doloroso, corazones cobardes. Todo eso que nos ha dicho la necesidad de liberación. La Iglesia le puede dar liberación a ese mundo porque de ese mundo surgen, como el rumor del desierto, voces muy buenas. No son manifestaciones cristianas pero yo leo en los periódicos ciertas expresiones de reclamo, de petición. Es el desierto que gime y hay que atender esas voces. La Iglesia que ve en esos brotes del Espíritu Santo, que también habla en el mundo profano, ella que lleva la fuerza del Espíritu, se encuentra con esos corazones nobles del mundo; podría realizar el milagro de hacer florecer nuestro desierto.

¿Cuál es la Iglesia?. Tratemos de que esta Iglesia que ahora les voy a describir -nuestra Arquidiócesis- y la Iglesia universal, no se confunde con el pueblo en general de El Salvador, sino que con la selección que Cristo ha escogido por el bautismo y forma la Iglesia. Jamás confundamos, queridos hermanos, la Iglesia pueblo de Dios con el pueblo salvadoreño, la patria. Son cosas distintas aunque un mismo hombre puede ser salvadoreño y miembro del pueblo de Dios, pero son dos aspectos de su personalidad: como Iglesia tiene que ser el hombre que cree, que espera, que pone toda su confianza en Cristo nuestro Señor. Hace una Iglesia cada vez más comprensiva y servidora del mundo, sin traicionar su propia identidad, no vende por ventajas de la tierra sus ideologías cristianas, su fe y su trascendencia. Ésta es la Iglesia concreta de la cual yo doy estas noticias.

HECHOS DE LA SEMANA

EN NUESTRA ARQUIDIOCESIS

Una reunión del clero esta semana, en que, precisamente, los sacerdotes de toda la diócesis estudian la manera de hacer comunidades eclesiales de base. Secunden a los queridos sacerdotes, queridos hermanos laicos, incorporándose a esos pequeños grupos de reflexión. No es nada malo lo que estamos haciendo, es la reflexión de la palabra de Dios y lo que esa palabra exige al hombre en su compromiso histórico en la tierra.

Esta Iglesia lamenta la enfermedad de estos sacerdotes: el Padre Cristóbal Cortez, que todavía reside en esta Basílica, sufre una operación; ya está en camino de recuperación. El Padre Antonio Vides, párroco de Fátima en la colonia La Rábida, ha estado muy enfermo durante varios días; pidamos por su salud. El Padre Raúl Flores tuvo un pequeño derrame cerebral, pero ya se recupera, gracias a Dios. Y Monseñor Oscar René Campos, que aunque no pertenece a nuestra diócesis pero es muy amigo de la diócesis, está en fase de recuperación.

Entre los sacerdotes, quiero mencionar un sacerdote calumniado esta semana: el Padre Bernardo Fernández Trejo, joven párroco de la parroquia del Corazón de María, difamado por un falso católico que lo llama "Lobo con piel de oveja". Yo quiero expresar no una respuesta a ese artículo insolente, sino una solidaridad de cariño y de pastor, de sinceridad y honradez, con la persona del Padre Fernández Trejo y con su congregación claretiana. Quiero aprovechar esta oportunidad para decir a todos los que me escuchan: que el Arzobispo está muy contento de que la congregación claretiana y, hoy, en especial, el Padre Fernández Trejo, tengan la responsabilidad de esa parroquia, que la están llevando muy bien... A este propósito, repudiamos la calumnia, han llegado muchos testimonios de solidaridad. Pero especialmente quiero referirme a la del consejo de coordinadores de la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento de El Salvador, que tiene su sede en aquella iglesia y que trata continuamente con el padre y que está muy lejos de creer que es un "lobo con piel de oveja". Así, como ellos también saben que ser católicos no quiere decir creer en "vírgenes y ángeles", ser católico quiere decir ser más respetuoso con los sacerdotes y saber adaptar aquellas orientaciones que los pastores dan en sus parroquias. Lo que pasa es que el padre llamó la atención, como lo explican los adoradores, porque cuando él salió a decir la misa, allá en la puerta de la iglesia estaban como en una recepción social más atendiendo a las amistades del mundo que el culto de Dios. Esto es lo que él llamó la atención y molestó. Así tenemos que, muchas veces, la Iglesia por el celo de Dios, naturalmente, recibe el reproche de los hombres cuando no aman el celo de Dios. Quiero agradecer estos gestos de solidaridad que han llegado de diversos sectores de aquella parroquia.

A las religiosas, también quiero referirme, porque la vida religiosa, entre nosotros, queridos hermanos, es una señal de presencia de la Iglesia que hemos de estimar mucho y nos alegran sus éxitos como la fiesta de profesión y fiestas patronales que van a celebrar hoy las hermanas pasionistas. Las carmelitas de Santa Teresa llevan hoy seis postulantes al noviciado. Las franciscanas van a tener este mes una promoción de bachilleres, todas religiosas. Las betlemitas llevan a la profesión nuevas novicias. Y no sé cuantos detalles más, pero me alegro de que en nuestra comunidad de la Arquidiócesis la vida religiosa de mujeres esté tan floreciente. Ojalá, las jóvenes, las familias, atiendan un poco, en el silencio de sus meditaciones y sus vidas, y puedan acuerpar esta presencia de Cristo a través de la vida religiosa y consagrada.

En las comunidades también hay cosas muy bonitas como en Ateos y Tepecoyo, donde el Padre Manuel Loarca y las hermanas de la caridad prepararon una confirmación de jóvenes, todos conscientes de que la venida del Espíritu Santo supone un nuevo compromiso cristiano.

Las hermanas de la Asunción que cuidan la zona de La Chacra me llevaron a ver la situación difícil de aquella gente, sobre todo, en los días del temporal. Muchas casitas, arrimadas al barranco, perciben, naturalmente, la humedad del temporal, lo que atenta contra la salud, sobre todo, de los niños.

En Aguilares, una comunidad donde el martirio está haciendo sus selecciones dolorosa, pero gloriosas. Allá nos mataron al catequista Jesús Jiménez, del cual pueden leer en Orientación un precioso testimonio. Yo iré a unirme con aquella gente en este homenaje que con verdadera justicia le debe de tributar la Iglesia a quien se entregó aún sabiendo que corría el peligro que le llegó.

En San Francisco, Mejicanos, hoy a las 7 de la noche se le entregará la parroquia, que dejó al ser asesinado el Padre Rafael Palacios, al Padre Juan Macho Merino, que representando a la congregación de padres pasionistas va a tener allá un grupo de jóvenes teólogos, vocaciones para su congregación. Nos atenderá la parroquia, colaborando en aquella vicaría.

Quiero felicitar a Cursillos de Cristiandad. Tuve una reunión con su secretario diocesano. He notado mucha madurez cristiana en los que han perseverado, llevando ese método de maduración cristiana cuando no se aferra a métodos, sino que vive el Espíritu que vivifica y sabe solidarizarse con el pastor que es el responsable de la pastoral de la diócesis. Quiero a este propósito decir, hermanos, que en esto se conoce un auténtico católico: en que está con su obispo; si no está con su obispo no puede decirse buen católico... Esto no quiere decir que el obispo va a tener un despotismo: "Hagan lo que yo digo". Porque, precisamente, el servicio que el obispo da está en función del pueblo. Precisamente, en esta reunión que yo menciono de Cursillos de Cristiandad, hicimos una reflexión tan profunda que yo creo que el obispo siempre tiene mucho que aprender de su pueblo y, precisamente, en los carismas que el Espíritu da al pueblo, el obispo encuentra la piedra de toque de su humildad y de su autenticidad. Yo quiero agradecer a todos aquellos que cuando no estén de acuerdo con el obispo tengan la valentía de dialogar con él y de convencerlo de su error, o de convencerse de su error.

Las enfermeras del Seguro Social tuvieron un gesto bonito al mandar a celebrar una misa de agradecimiento por la solución pacífica de su conflicto laboral. Yo al darle gracias a Dios, les decía a ellas: "Ojalá un día no sea sólo el grupo de enfermeras en esta capilla, sino toda la patria de El Salvador, dándole las gracias a Dios porque ha encontrado caminos de racionalidad, por que ha encontrado el diálogo verdadero y la comprensión de las dos partes en conflicto. ¡Qué hermosas son las soluciones cuando las dirige la razón!, que es el distintivo del hombre, no la fuerza bruta que es el distintivo de los animales...

Este fin de semana, en los cantones Los Martínez y Jardín de la Parroquia de Tejutla, se han reunido los cristianos en sus ermitas, a celebrar unas jornadas de oración y ayuno por la paz del país y por la unidad de la Iglesia. Éstos son gestos que me llenan de mucha satisfacción, porque la oración y el ayuno, la reflexión en la palabra de Dios, son las fuerzas de nuestra Iglesia.

Quiero agradecer a esta Iglesia la solidaridad que le manifestó la CUTS cuando dice: "...muy en especial buscar la solidaridad que los obreros debemos impulsar en favor de la Iglesia Católica, que tan tenazmente ha sido perseguida en los últimos años, incluyendo asesinatos de sacerdotes, exilios de sacerdotes y una campaña publicitaria en contra de las posiciones -a nuestro juicio justas- que ha manifestado la Iglesia Católica de El Salvador". Y muy en particular se refiere aquí a algo personal que yo les agradezco muy profundamente.

Agradezco aquí una carta que llegó por un conducto muy honroso para nosotros, la Señorita Teresa Drumon junto con un reverendo pastor metodista. Me trajeron una carta del Dr. Jorge Lara-Braud. Ustedes recordarán, fue aquel pastor que participó conmigo en la homilía cuando celebramos el funeral del Padre Octavio frente a Catedral. Sus palabras todavía vibran en nuestro corazón. Se ve que la simpatía nos ha unido en el amor en Cristo. Envían una carta en la cual manda un sentido profundo de solidaridad no sólo para mi persona, sino para todos ustedes que forman esta comunidad que a él lo dejó verdaderamente prendado, dice.

Esta Iglesia de la Arquidiócesis necesita de todos

Todos hacemos la Iglesia. Una de las ayudas que yo quisiera sugerirles como más urgente, es que nos ayuden a la difusión del periódico Orientación. Nunca había tenido un tiraje tan alto como en nuestro tiempo, pero todavía falta mucho para llegar a todas partes, de modo que los cristianos -campesinos o de la ciudad- que quieran ayudarnos, aún corriendo el riesgo, que se presenten a la Administración cualquier día de la semana y se comprometan a ayudarnos a difundir la Palabra de Dios. Naturalmente, que si es verdadera Palabra de Dios lleva algo explosivo y no muchos la quieren llevar. Si fuera una dinamita muerta ya nadie le tendría miedo. Por eso, la redacción, el cuidado de hacer una Orientación que de veras oriente pero en el verdadero sentido de la vida de la Iglesia. Una Iglesia que por sus medios de comunicación quiere promover la dimensión histórica tiene que encontrar choques en la historia. No basta la dimensión trascendente, que eso es muy bonito escribir de lo trascendente. Lo histórico y lo trascendente en equilibrio, eso es lo que tratamos de hacer de nuestros medios de comunicación social.

Por eso me valgo de esta oportunidad para decirles que en YSAX hay un nuevo esfuerzo por mejorar. Una de las cosas que quizás un poco egoístas les quiero recomendar es el nuevo programa de mis homilías en trozos. Se reproduce un pequeño pasaje de la homilía del domingo a las 6.30 a.m.; a las 11 a.m. y a las 5 p.m. Es un cuarto de hora y no por ser mío, sino porque yo trato de hacer de la homilía del domingo -gracias a la paciencia, la bondad de ustedes que me escuchan y difunden esta palabra, y a los que a través de la radio les puede servir de algo- en el momento fuerte de la evangelización de nuestra Arquidiócesis. Por eso le agradezco a YSAX el prolongar, como ecos en la semana, este magisterio desde la cátedra de la misa de la Arquidiócesis. Porque yo celebro mi misa unido con toda la Arquidiócesis. Yo siento presentes aquí a todos los párrocos, comunidades religiosas, comunidades de fieles. Cuando sé que me escuchan allá por Arcatao, por Chalatenango, por Cuscatlán, siento que no estoy fuera de puesto porque yo estoy presente allí, también, en espíritu y con cariño...

EN LA IGLESIA UNIVERSAL

Quiero felicitar -ya saliéndome del nivel de nuestra Arquidiócesis misma- a Monseñor Barrera, obispo de Santa Ana. Porque ha promovido en estos días de la patria una campaña de oración y de verdadero amor a la Patria. En el periódico salieron sus declaraciones y yo suplicaría, quienes quieran hacer bien a la patria, secundar estas orientaciones de mi querido hermano en el episcopado: oración y amor verdadero a nuestra patria.

El Papa nos invita a orar por el fin de la guerra. Dice que ésta será su intención en su próximo viaje a las Naciones Unidas. Que va a hacer ese viaje como una continuación del que Pablo VI realizó el 4 de octubre de 1969. El Papa se lamenta que la historia de nuestro siglo es la historia de la guerra. Él vivió -como yo también viví en Europa- los tristes años de la segunda Guerra Mundial.

El Papa, también, se refiere a los damnificados de la República Dominicana, pidiendo que ayudemos moral o económicamente. El desastre del huracán David costó 1.000 muertos, 3.000 heridos, 400 desaparecidos -también los ciclones desaparecen-, 150.000 refugiados y una pérdida de 1.500 millones de dólares. ¿Cómo se va a rehacer esta pobre nación? Esperamos que la creatividad de aquella gente del Caribe sabrá arrancar a su tierra fértil lo que le arrasó el huracán.

EN LA VIDA CIVIL

El huracán tuvo entre nosotros consecuencias muy trágicas. En nuestra patria el temporal nos dejó: en la colonia marginal Renson-Irca murieron siete personas que eran miembros de una misma familia, la familia Vásquez; en el barrio Lourdes al final del Pasaje Arriaza, murió soterrado Nelson Armando Rojas; en el barrio del Calvario, en San Pedro Masahuat, murieron otras tres personas al caerles una pared de bahareque. Más de 750 familias residentes en los poblados y caseríos de la Bocana del Río Paz, en Ahuachapán, resultaron damnificados al desbordarse el río. Sus cultivos fueron arrasados.

Todas esas víctimas, hermanos, no sólo son del temporal, sino que lo triste es que es una situación que delata nuestra manera pobre de vivir. Me dio verdadero horror la descripción que hace el periódico al describir la casita que se hundió: "...paredes sencillas, de improvisado bahareque, techo de láminas viejas. Está ubicada como a 10 metros de distancia del paredón que da a la planicie de la entrada de la Policía de Hacienda -y dice- en esas zonas pasa la vía férrea, y en las hondonadas que no se utilizan para el mercado, se han ubicado cerca de mil familias. Las construcciones empiezan frente a la Policía... etc." O sea que una vivienda como esa no merece el nombre de vivienda. Así viven miles y miles. De modo que la carta de Santiago apóstol tiene una actualidad espantosa entre nosotros.

La violencia entre nosotros ha crecido esta semana por motivos políticos. He de lamentar, sinceramente, el asesinato del Profesor José Javier Romero, hermano del Señor Presidente. Me solidarizo con los comentarios de ISAX que han condenado el crimen.

Acerca de las declaraciones hechas por el Señor Presidente, también, yo quisiera que se tomaran en cuenta estas palabras. Recordó que en los crímenes políticos anteriores, las víctimas han sido o bien funcionarios del gobierno o bien hombres de empresa; "pero ahora -dijo- han buscado tocar a mi propia familia en abierta provocación, como queriéndome obligar a que reaccione para luego justificar sus actos. Pero no lograrán su objetivo...". Es una expresión magnánima y ojalá que no sigamos esta carrera violenta de venganzas estúpidas cuando la víctima es una persona inocente.

Campesinos del Bloque Popular Revolucionario causaron daños en la hacienda Talcualuya, Opico, administrada por el ISTA. Hirieron al administrador, Raúl Valencia, quemaron equipos y muebles. Yo me acordaba, en este momento, de una grabación que me mandó el Padre Astor Ruiz de Estelí, donde está trabajando en Nicaragua. Dice que está instalado en una sacristía de Iglesia porque aquello quedó desolado. Que un colegio lo destruyeron ciertos guerrilleros, pero que el movimiento de liberación sancionó esa actitud loca de esos muchachos. Porque la liberación de Nicaragua no llevaba el signo de la anarquía, del crimen. Sí, hubo ciertamente excesos -en toda guerra los hay-, los obispos señalaron esos excesos. Hubo más bien una reivindicación inteligente, unida. Yo creo que en esto nuestra reivindicación nacional está muy torcida, porque no es quemando haciendas, quemando buses, haciendo estas cosas como vamos a construir. Estoy recordando que Cristo, la liberación que trajo, no era destruyendo sino rehaciendo.

Lamentamos el asesinato del Profesor Miguel Angel Flores Joya en Santa Tecla. El asesinato de tres policías en la carretera a San Marcos, donde quemaron también, un radiopatrulla. Se atribuye a las FPL este asesinato de los policías.

En San Miguel ametrallaron a seis estudiantes y se teme el recrudecimiento en estos días. Yo quisiera hacer un llamamiento. ¡Sé que me escuchan!. No es por sembrar odio sino por sembrar paz que yo les digo a unos y otros; ¡cordura!. No es destruyendo, sino rehaciendo, como Cristo nos dice, que vamos a hacer la patria. Es tomándose momentos serenos de reflexión no es el vértigo de la lucha y de la guerra el que nos hagan irracionales. Sino que seamos teniendo en cuenta el espíritu verdadero del pueblo salvadoreño, el que ansía como el desierto la independencia verdadera pero no por caminos de sangre y de violencia, sino por caminos de racionalidad...

Así se expresan los representantes de la industria del transporte. La Asociación Cooperativa que me visitó para pedirme la colaboración: "Durante los últimos meses hemos sido víctimas de grupos o de personas que se han dedicado a la tarea de quemar nuestras unidades de servicio de pasajeros, lo cual consideramos no tener arte ni parte de la situación en que atraviesa el país. Tal vez por la única razón de que personas mal intencionadas o mal informadas se han dado a la tarea de manifestar que nuestra empresa es del expresidente de la república Coronel Arturo Armando Molina; por lo tanto, le suplicamos haga un llamado a la opinión pública: que las puertas de nuestra Asociación Cooperativa están abiertas para demostrar la realidad de nuestra empresa y que la opinión antes vertida es equívoca..." Es el diálogo antes de la violencia. Por eso les digo: ojalá tuvieran tiempo de reflexionar siquiera unos minutos antes de prenderle fuego a un bus. Unos minutos de reflexión antes de disparar el gatillo de la metralleta. Unos momentos de reflexión antes de dar la orden sangrienta de Herodes: "Ve a matarlo". ¡Si hasta Herodes sintió vergüenza de dar la orden!. Y si hubiera reflexionado un poco, no hubieran decapitado a San Juan Bautista. Pero la pasión libidinosa, por una bailarina impúdica, muchas veces ciega la razón de los hombres. El orgullo de la organización, el orgullo de no doblar la cabeza, lleva a una humillación más tremenda: llevar las manos manchadas de homicidio.

Quiero referirme a la agrupación, también de transportes, que reclama a las autoridades eclesiásticas. Me fijo en ese detalle: "que se pronuncien y que les extraña el silencio..." Les digo: perdonen, desde mayo estoy diciendo que no es lícito quemar buses. La Iglesia ha proclamado en esto su palabra y la mantiene, y ahora la estoy ratificando. Sí estoy de acuerdo con ese pronunciamiento de los buseros: de que haya diálogo entre las agrupaciones que los toman como precio de las reivindicaciones y los empresarios, que inocentemente sufren pérdidas para ellos, para sus trabajadores, para sus familiares. ¡El diálogo!. ¡Hablen!. No actúen en la clandestinidad, sino lo que se busca honradamente hay que decirlo con la cara descubierta, no a escondidas. Hay que platicar. Entre todos coincidimos en una cosa: en buscar la solución de los problemas del país. Nadie se opone, más que aquellos que injustamente quieren mantener un orden; y a los cuales, también los llamaremos: que ese orden injusto, esa violencia institucionalizada, tiene que cambiar también para no dar causa a tantas otras violencias que se provocan con esta situación.

Nuevo reclamo de desaparecidos. Ya lo hemos dicho varias veces, sin embargo, nos aflige la perseverancia de estas madres, esposas, hijos que llegan al Arzobispado: hagamos algo. No se ha sabido nada de Carlos Antonio Mendoza Valencia, estudiante de los últimos años de medicina, cumple ya 72 días de captura y no se encuentra; su señora quedó embarazada y espera que su papá conozca a su tierno. Miguel Angel Terezón Ramos, ya lleva 52 días de desaparecido; Santos Ortiz Asencio, capturado el 26 de julio. Luis Alfredo Amaya desde el 17 de mayo, allá en Usulután. Son cartas para mí muy dolorosas, o visitas, cuando yo siento, también, con ellos, la incapacidad de poder hacer algo por ellos. Pero aquellos que lo pueden hacer, aquellos que saben donde están, ¡díganlo, por favor y saquen de angustia a tanta gente!.

Ya fue liberado, gracias a Dios, el Señor Rafael Nieto Álvarez, secuestrado durante 84 días.

En cuanto a los conflictos laborales, yo tengo dos aspectos breves que decir. El primero es la urgencia de una legislación adecuada. Ya hace mucho tiempo que estamos clamando, junto con los obreros y sindicatos, la necesidad de una revisión. Pero no de una revisión que venga impuesta de arriba a abajo. Una revisión que tenga en cuenta las voces que sienten al vivo el problema: los sindicatos, los obreros. Ésta es la reforma que hay que hacer en dialogo de intereses mutuos: de empresarios, de obreros y de la autoridad. Que se dé más participación al obrero, si no se da esta situación laboral que hoy tenemos tan conflictiva, tan explosiva: rehenes en fábricas, en empresas, intranquilidades de familias, de empresarios. Todo esto sigue siendo la violencia del día, porque no existen canales legales de una expresión adecuada de los intereses laborales. Quiero decirles a los obreros, también que cuiden, como Cristo, llamando a la reflexión; que no se dejen manipular por intereses ajenos a sus reivindicaciones laborales. Y sean también, ecuánimes en sus reclamos, teniendo en cuenta el conjunto social y no solamente su situación personal. Otros casos particulares los podrán leer en Orientación.

Yo quiero, finalmente, fijarme en dos declaraciones, que como les decía antes, aunque no vengan de la Iglesia ni de la fe cristiana son las voces del desierto, donde el Espíritu clama vida. Yo quisiera que las atendieran también.

Por ejemplo, el pronunciamiento de FENAPES, Federación Nacional de Pequeña Empresa, cuando insiste: "Las huelgas, tomas de fábricas, propiedades, iglesias, por un lado; los secuestros y asesinatos de maestros, estudiantes, sacerdotes, etc. Las fugas de capitales y las actitudes beligerantes de algunas publicaciones, lejos de contribuir a la comprensión y la calma, propician y animan un estado de psicosis colectiva, totalmente dañino para el logro de los objetivos que anhela la población". También, muy de acuerdo en esa atención a la clase media que en El Salvador, como cualquier país, son fuerza de salvación. No las destruyamos, ni las despreciemos, sino sepamos revitalizarlas y que ellas se revitalicen con criterios cristianos para ser, verdaderamente, la clase providencial en la situación del país. Cree necesario recordar a la ciudadanía en general que el logro de la paz social es necesario al concurso de todos los salvadoreños, incluso los que actúan como meros espectadores pasivos: a las asociaciones profesionales y de gremios; deben pronunciarse y aportar ideas alternativas de solución, razonamientos que concurran a una salida legal de pacificación y democratización de la salvadoreñidad. Muy de acuerdo, siempre hemos estado diciendo que en esta hora nadie tiene que ser pasivo y que el que más recibió tiene que dar más. El profesional, los gremios de profesionales, que no vivan solo para sí, para sus ventajas, para su familia, que den lo que han recibido para el bien común de la patria.

El otro pronunciamiento es del Centro de Estudios Jurídicos. El cual, de manera especial, denuncia lo irrisorio que la Suprema Corte de Justicia ha hecho al recurso del habeas corpus. Algunos no saben qué es el "habeas corpus". Es aquella petición que la familia hace cuando le han capturado a un ser querido, algún familiar. Él presenta una denuncia con testigos. Que fulano de tal... en tal parte, a tal hora, fue capturado por tales y tales, y lo llevaron preso. Y pide exhibición personal. Eso es lo que se llama "habeas corpus". Pues esto, infinidad de documentos han presentado a la Corte Suprema de Justicia o creo que la Corte Suprema de Justicia tiene una gran responsabilidad en la situación de nuestro país. Por la flojera, por la irresponsabilidad, por la complicidad con que está tratando todos estos asuntos tan graves que lesionan la misma Constitución del país... Porque el "habeas corpus" es una institución amparada por la Constitución. No atenderla, y lo que es peor, prostituirla, combinándola con operativos de carácter militar, ¡es un horror!. ¡Horroroso pecado contra la Constitución!...

PENSAMIENTO QUE NOS LLEVA AL ALTAR

Ésta es la Iglesia y éste es el panorama en que la Iglesia desarrolla su misión. Ojalá, queridos hermanos, que todos nos comprometamos en esta eucaristía de este domingo, junto al Cristo liberador, que lo que interesa es como a Cristo le interesa, venir en persona a salvarnos. Pero a salvar el hombre todo entero, en su dimensión trascendente y en su dimensión histórica.

Su método de salvar no es negativo, sino muy positivo no destruye sino que rehace. Hoy precisamente es lo que vamos a hacer. En el altar el sacrificio eucarístico nos da la presencia de Cristo muerto y resucitado. Allí comenzó la historia de la restauración, todo hombre por más pecador y traidor que haya sido cuando se incorpora a esta muerte y a esta resurrección ya se hace un elemento útil para la patria. Ojalá atendieran este llamamiento quienes hasta ahora no han hecho más que sembrar sangre, desolación, muerte, dolor, crimen. Ya es tiempo de que se conviertan y vivan. La Iglesia los ama demasiado para estar tranquila de que sigan caminando por esos caminos de sangre y de violencia.

La patria, madre querida, que espera de sus hijos el restañamiento de todas sus heridas, no quiere que la abofeteemos más, que la hiramos más, sino que desde nuestra situación, aún de traidores, le digamos como San Pablo convertido: no soy digno de llamarme tu hijo. Pero si me llamas y me convierto, puedo reparar con una vida patriótica, con una contribución positiva al bien común a rehacer los enormes estragos que ha hecho entre nosotros esta situación irracional y violenta. Señor Jesucristo, somos el sordomudo, pero miramos tu gesto que nos eleva hacia el cielo y sentimos que tus manos divinas tocan nuestros miembros ateridos de horror, de tremenda miseria. ¡Sálvanos, Señor, que perecemos!...


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