Homilía XXVII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A (8 de octubre de 1978)

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Ciclo A
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Homilía de San Oscar Arnulfo Romero, Homilía XXVII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A (8 de octubre de 1978)

 

 Homilía XXVII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A
(8 de octubre de 1978)

 

Isaías 5, 1-7
Filipenses 4, 6-9
Mateo 21, 33-43

Hermanos, quisiera más bien guardar silencio de reflexión ante las bellas lecturas que describen con un lenguaje de amor la triste historia del amor que Dios nos tiene y el desprecio con que nosotros le correspondemos. Voy a cantar, dice el profeta Isaías, voy a cantar un canto de amor a su viña. Hoy sintámonos arrullados por ese canto de amor, no como quien lo escucha extraño a ese poema, sintámonos protagonistas todos de este canto de amor entre Dios y toda la humanidad y, por tanto, cada uno de nosotros.

Voy a titular esta homilía de hoy: "La Iglesia, viña del Señor", y la voy a presentar como de costumbre en estos tres pensamientos:

lº.) El Señor plantó la Iglesia en el mundo como una viña;

2º.) En esta viña, que es la Iglesia, se reflejan las crisis del Reino de Dios; y

3º.) Pero la victoria será de Cristo a través de su Iglesia.

Y a la luz de estos pensamientos vamos a ver si nuestra Iglesia, en la Arquidiócesis, está siendo la auténtica viña que plantó el Señor. Y desde esa viña, que es crisis contínua en el mundo, iluminaremos también la realidad histórica que nos rodea; porque en esto también se conoce la autenticidad del mensaje de Dios por medio de esta Iglesia viña.

En primer lugar, pues, el Señor plantó la Iglesia como una viña. Cierto que en los tiempos de Isaías todavía no existía la Iglesia de Cristo, pero acabamos de decir en el salmo responsorial que la viña es el pueblo de Israel, pueblo predilecto en el cual Dios va presagiando, anunciando, perfeccionando la pedagogía hasta llegar el día en que Cristo funda una Iglesia; la Iglesia nuestra, esta muchedumbre de Catedral, todos aquellos bautizados que se reúnen hoy en torno de sus altares, es el Israel de Dios, es el nuevo pueblo que el Señor plantó. En esta Israel que se traduce al Nuevo Testamento la Iglesia de Cristo, hay dos elementos que es de mucha utilidad tenerlos muy en cuenta. El elemento humano, diríamos la tierra en que se planta la viña y segundo, como en toda viña, una cepa cristiana. La tierra en que se planta esta viña es el hombre, somos nosotros, fueron nuestros antepasados, fue Israel el descendiente de Abraham, son todos los pueblos. Dios ha creado el mundo y en el mundo ha creado al género humano, con una capacidad maravillosa para que en él se siembre esa cepa cristiana.

Pero antes de ser cristiana, la sociedad tiene que ser humana. Y aquí es hermoso tomar la segunda lectura de San Pablo donde nos habla precisamente de los valores humanos. Hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo eso tenedlo en cuenta. Ya no es tiempo, queridos hermanos, de vivir esa dicotomía entre lo creado y lo redimido. El mismo Verbo de Dios que vino hecho carne a redimir al mundo y a hacer al mundo cristiano es el Verbo que antes de encarnarse, es palabra de Dios por las cuales son hechas todas las cosas. Es decir, antes de plantar esa cepa de Cristo, Dios ha creado una humanidad con capacidad para recibir toda la sabia divina que supone esa cepa plantada en la humanidad.

Cierto que teológicamente se distingue la naturaleza y la gracia, que no toda verdad, no toda bondad es sobrenatural; pero cierto es que todo lo sobrenatural, todo lo que ha de ser premiado por la eternidad, todo lo noble, todo lo santo de los humanos tiene que ser primero una base natural -decimos en teología- la gracia no destruye la naturaleza, al contrario, la gracia supone la naturaleza. Por eso a un criminal, a un mentiroso, a un traidor que no es ni hombre, no puede entrar en el Reino de los Cielos, tiene que convertirse primero y ser ante todo hombre. El cristianismo no cabe en la hipocresía.

Es hermoso cuando el Concilio Vaticano II, hablando del pueblo de Dios y refiriéndose a los no cristianos, a los no bautizados, a ese inmenso mundo que llamamos tierras de misiones, tierras paganas, el Concilio dice una frase muy respetuosa, Lumen Gentium 16: "Cuanto hay de bueno y verdadero entre ellos, la Iglesia lo juzga como una preparación para el Evangelio y otorgado por quien ilumina a todos los hombres, para que al fin tengan vida". Miren qué bella aurora de cristianismo está alumbrando ya esos pueblos donde el misionero va con la cepa cristiana, pero ya encuentra preparación del evangelio. Recuerden aquel precioso hecho, cuando San Pablo recibe de un pueblo pagano: ven y ayúdanos. Y Pablo siente que es la voz del espíritu que clama desde el paganismo, desde los gentiles.

Hermanos, cuánta bondad, cuánta verdad, cuánto bien hay más allá de las fronteras cristianas. Respetemos esto, porque muchas veces nos creemos nosotros, por estar en la Iglesia, que somos lo mejor del mundo. Quién sabe. Quién sabe si aquí adentro de la Iglesia somos menos buenos, menos nobles, menos humanos que allá fuera donde están esperando con la preparación del Evangelio una nobleza verdaderamente digna de que les llegue el cristianismo. Y entonces llega a esa tierra ya esponjada, a esa tierra de que San Pablo nos ha dicho, todo lo bueno, todo lo noble, puro, amable, justo. Hermanos, todo eso no se desperdicia, todo eso es preparación del Evangelio y por eso no seamos fanáticos. El fanatismo entre los cristianos ha hecho mucho mal, es la soberbia del hijo mayor que señala al hijo pródigo: ese es malo, yo soy bueno. Y era más bueno el hijo pródigo que venía arrepentido a darle más amor de arrepentimiento a su padre, que no el engreído por su fidelidad falsa e hipócrita.

La cepa cristiana la han definido los últimos documentos de la Iglesia con rasgos verdaderamente conmovedores. Todavía me acuerdo cuando Pablo VI -ese hombre maravilloso del que con verdad se ha dicho que lo va a amar más la historia que sus contemporáneos. Todavía no sabemos el gran tesoro de eclesiología, sobre todo de eclesiología que nos ha dejado Pablo VI- en su primera encíclica decía: ¿Qué hace el bautismo? El bautismo es el momento en que la cepa cristiana se siembra como viña de Dios sobrenatural en el alma naturalmente cristiana (que decía Tertuliano). Todo hombre es naturalmente cristiano. Hay un germen de nobleza, pero el cristianismo no brotará de él, por eso se llama sobrenatural, porque viene sobre la naturaleza, está más allá de mis exigencias. Entonces el bautismo, respetemos ese momento precioso en que un hijo de la carne, nacido tal vez de un matrimonio noble, leal, bueno, pero que no es más que hijo de la carne, ahora sí, el bautismo lo va a hacer viña de Dios. Ahora va a plantar la mano de Dios en el corazoncito del niño que se va a bautizar, el cristianismo, la cepa, Cristo. Definiendo ese momento del bautismo, Pablo VI decía: se trata de una vida nueva que nada ha perdido de lo humano, salvo la herencia desgraciada del pecado original y que está capacitada para dar de cuanto es humano, las mejores expresiones y experimentar los más ricos y puros frutos.

¡Qué cosa más bella!, el cristianismo no viene a quitarnos nada de lo humano. Aquéllos que creen que la Iglesia viene con ideas subversivas, con rivalidades políticas o rivalidades de sociedad; aquéllos que creen apoyar la Iglesia únicamente en los valores humanos, se olvidan de aquel canto, cuando los magos vienen a preguntarle a Herodes dónde ha nacido Cristo. Dónde ha plantado Dios la cepa que ya viene a germinar en vida eterna a la humanidad. Herodes tuvo envidia de ese nuevo Rey y la Iglesia le canta: Herodes, no tengas miedo, no viene a quitar poderes temporales el que viene a dar reinos eternos. Este es el cristianismo, no entra en rivalidad con los poderes de la tierra, viene a darle gérmenes eternos a los poderes y a todo aquel que quiera sembrar esa cepa en su corazón. El cristianismo es un germen de nueva vida, los hombres nuevos, las sociedades nuevas no cambiarán sus sistemas, seguirá siendo un sistema democrático; pero si de verdad son cristianos los que ese sistema democrático no harán de la democracia una farsa, sino que harán el canal para vitalizar con vida de Dios la sociedad, abriendo cauces, expresiones de libertad, de dignidad; significando lo noble y bueno que hay en la raza humana, en la sociedad salvadoreña.

Reprimir a la Iglesia para que no siembre su cepa cristiana es ser muy ingenuo o muy perverso. Y cuando ya en el ocaso de su existencia, Pablo VI escribía con más madurez la misión de la Iglesia en el mundo, habla de la evangelización. Evangelii Nunciandi nº. 19, dice: El fin de la evangelización es transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación. Y por eso dice, no hemos de evangelizar de una forma decorativa, como quien le da una mano de barniz a una podredumbre que está escondida. Por desgracia así es la evangelización de muchos que quieren estar bien con Cristo y con el diablo del mundo. No se puede evangelizar lo que todavía está perverso; no se puede llamar al bautismo al que vive todavía de egoísmo. Evangelizar es comprometerse, es poner al servicio de Dios todas esas cualidades humanas que por generación natural traemos de nuestros padres. Toda esa cultura que por herencia es figura, alma, sentimiento de la patria. El cristianismo es lo más patriótico que puede haber.

Por eso decía Monseñor Thiamerto, aquel obispo de Hungría, la pobre Hungría muchas veces disociada por las tiranías extranjeras, cuando afuera no se pueda cantar el Himno Nacional, dentro de las Iglesias estaremos cantando con toda la libertad del patriotismo el himno libre de nuestra Patria. Es aquí hermanos, en el ambiente cristiano de nuestros templos; es en las reflexiones de la palabra, en los grupos de las comunidades de base, es allí donde se está predicando el auténtico patriotismo. Perseguirlo es destruir la patria. Perseguir el cristianismo es suicidarse.

¿Cuál es el fruto entonces, a la luz de las palabras de hoy, de esta viña que plantó la mano del Señor en nuestra tierra? Hagamos honor, hermanos, qué feliz coincidencia, vamos a celebrar pronto el 12 de octubre que llamamos el día de la raza. Celebrémoslo con un sentido de agradecimiento, porque los misioneros trajeron la cepa cristiana a nuestra América. Había nobleza ya en nuestros indígenas. Era bueno lo humano que había aquí, pero era hijo de la carne, herencia nada más de lo natural; pero sin duda que, como Pablo, podían haber dicho los misioneros de hace cinco siglos a los indígenas de América: todo lo noble, justo, puro, amable, laudable, téngalo en cuenta. Y lástima que la evangelización no tenía las ideas tan claras como hoy las tiene la evangelización de la Iglesia. Y lástima también, qué mal nos hace ese consorcio con la espada y con el arma, que quiso imponerse la cruz y la señal del cristiano a fuerza militar. No es así cómo se convence a un pueblo. No es imponiendo una civilización que viene de afuera, es sacando todo lo noble que había allí. Y gracias a Dios, la pastoral moderna va descubriendo todo eso noble, santo, bueno que había también en nuestros indígenas y que todavía corre por nuestras venas y que todavía es exigente de la cepa de Cristo para plantarse en tierra auténtica, en tierra verdadera.

La Iglesia por eso quiere autonomía para poder predicar lo que Cristo le manda predicar y no condicionarse por lo que otros quisieran que predicara. Es la cepa de Dios que viene a plantarse con gérmenes de vida eterna a esta tierra natural que los hombres le preparamos, en la medida en que, aun humanamente, tratamos de ennoblecernos. No olvidemos, hermanos, estos dos elementos para ser buen cristiano. El elemento natural, cultivémoslo. Esas virtudes de honradez, de justicia, de lealtad, todo eso que hace la amistad sincera, aun sin ser cristianos la sentimos hasta con los paganos; porque hay mucho de bueno en lo humano. Pero luego como cristianos el segundo elemento cultivémoslo mucho. Lo que nos dio el bautismo, lo que sembró Cristo, los sacramentos, la vida de la gracia, huir el pecado, vivir conforme a la ley del Señor; y entonces -nos dice Isaías- los frutos serán éstos. Cuando Dios llora el fracaso de su viña, con qué tristeza anuncia (la viña del Señor de los Ejércitos es la casa de Israel, son los hombres de Judá): Esperó de ellos derecho y allí tenéis asesinatos; esperó justicia y allí tenéis lamentos. Y San Pablo, en su segunda lectura, también nos dice cuáles son los frutos que debemos esperar: paz de Dios, virtud, méritos. El Dios de la paz estará con vosotros.

O sea, queridos hermanos, lo que hemos dicho en mil formas de predicarlo: queremos la paz, pero una paz no de violencia, no de cementerios, no de imposición y de extorsión; una paz que sea fruto de la justicia, una paz que sea fruto de la obediencia a Dios que esperó de los hombres derecho y los hombres le han dado asesinatos. Esperó justicia, eso debía producir su viña, lo humano y lo cristiano en El Salvador, debía haber producido mucha paz, mucho derecho, mucha justicia. Qué distinta sería la Patria si estuviera produciendo lo que Dios plantó, pero Dios se siente fracasado con ciertas sociedades (y yo creo que la página de Isaías y de San Pablo en el domingo de hoy se hace triste realidad salvadoreña): Esperé derecho, y allí tenéis, asesinatos; esperé justicia, y allí tenéis, lamentos. No es sembrar aquí la discordia, simplemente es gritar al Dios que llora, el Dios que siente el lamento de su pueblo, porque hay mucho atropello; el Dios que siente el lamento de sus campesinos que no pueden dormir en sus casas, porque andan huyendo de noche; el lamento de los niños que claman por sus papás que han desaparecido: ¿dónde están? No es eso lo que esperaba Dios, no es una patria salvadoreña como la que estamos viviendo lo que debía ser el fruto de una siembra de humanismo y de cristianismo.

La Cepa de Cristo parece frustrada, si no fuera que, gracias a Dios, hay mucho de bueno también en El Salvador, como lo vamos a ver. Pero quiero fijarme antes en este segundo pensamiento. Dios plantó una viña y es su Iglesia. Y en esa Iglesia, como en una zona de encuentro entre Dios y los hombres -entre la tierra que los hombres preparan y la cepa que Dios siembra- allí se reflejan las enormes crisis del Reino de Dios. Yo quiero recordarles que durante todo este año la lectura básica de los domingos ha sido el evangelio de San Mateo, del cual ya les expliqué un esquema (según los comentaristas, es el evangelio más organizado para presentar la gran noticia que Cristo trajo al mundo: el Reino de Dios ha llegado a los hombres). Y nos encontramos ya en esta sección última; ya narró la entrada de Jesús a Jerusalén, y este sector del evangelio nos describe ahora ese momento de crisis en que Cristo se enfrenta con sacerdotes, con fariseos, con gente dirigente de Jerusalén, que va a torcer la historia. El Reino de Dios está en crisis en este momento del evangelio de San Mateo. Las Parábolas de Cristo reflejan esa crisis. La parábola de hoy es tremenda. Los mismos dirigentes de Israel -mencionados hoy en el evangelio: los sumos sacerdotes, los senadores, que traducidos al lenguaje de hoy podíamos decir los obispos, los diputados, los ministros, los gobernantes, los sacerdotes, los dirigentes del pueblo, la clase del capital, los que tienen la potencia del dinero- a éstos se está enfrentando Cristo en su tiempo y con éstos es el conflicto que se desata en la parábola de la viña.

Un señor mandó plantar una viña y la arrendó. Y a la hora de la cosecha mandó a recoger, como era costumbre en tiempo de Jesús, y hubo, como también entonces consta por la historia, litigio entre el dueño y los viñadores. Un conflicto laboral, diríamos, pero tan horrible que mataron a los enviados del señor y hasta mataron al propio hijo que fue, representaba a Cristo. Y entonces, Cristo pregunta, casi como un eco del profeta Isaías: Por favor, sed jueces entre mí y mi vida, ¿qué más podía hacer? Esperé que diera uvas y dio agrazones -son esas uvas vanas, agrias, que no se comen, no sirven-, tanto trabajar para esto. Y si produjo frutos, se creó el conflicto, no le quisieron dar al señor el fruto de su viña y mataron a los enviados, se trata de los profetas, de los enviados por Dios, de aquellos que estorban ante las injusticias de los hombres. Esta es la crisis. Esta es la crisis que el evangelio ha de vivir a lo largo de toda la historia. Un Dios que siembra una viña y que espera frutos; y por una parte no recoge frutos, más que crímenes, asesinatos, no lo he sembrado yo eso; y por otra parte, unos injustos que matan y atropellan a sus profetas, a sus enviados.

San Pablo, judío, pero ante todo cristiano, analiza en la epístola a los Romanos -y ya aquí en nuestras homilías tuvimos ocasión de estudiar este punto, hace algunos domingos- San Pablo recogiendo está crisis, dice: Yo soy enviado a los gentiles, porque ustedes los judíos, el Israel donde Dios plantó la viña, se hicieron indignos, no quisieron obedecer a Dios, han preferido las leyes de Moisés a la fe en Cristo, y por eso nosotros los cristianos (que sabemos que Moisés y sus leyes, el Viejo Testamento ya pasó, sólo queda aquello que se ha vuelto en Cristo) nos volvemos a los pueblos gentiles y yo predico a los gentiles, decía Pablo, porque este aceptar de los pueblos gentiles provoca la envidia de los judíos y cuando los gentiles se conviertan a Cristo, los judíos atraídos por este ir a los pueblos extraños, Dios los perdonará también. Y dice una frase preciosa la epístola a los Romanos, para que nadie se ensoberbezca de que la cepa cristiana es producto de sus propios méritos, San Pablo dice: así resulta que la desobediencia de los judíos y la rebeldía de los gentiles que no habían querido aceptar a Cristo y ahora lo aceptan, nos encierra a todos los hombres, judíos y gentiles en el pecado para que Dios sea el redentor de todos los hombres.

Este es el plan de Dios, los hombres debemos de sentimos pecadores, los judíos que fueron los predilectos, la tierra donde Dios plantó la viña, despreció esa viña y por eso la viña se extiende al pueblo gentil. Los gentiles que somos nosotros hemos aceptado esa viña. ¡Bendito sea Dios! ¿Qué dice esta Catedral llena de fieles? Una viña con racimos colgados de esperanza. Y entonces el pueblo judío, cuando reflexiona en la grandeza que despreció, se convertirá a Cristo. Y así como a nosotros gentiles se nos han perdonado los pecados y nos ha sembrado la cepa cristiana, también a los judíos los perdonará el Señor y se sembrará también allá la cepa cristiana. Entonces sucede, queridos hermanos, que el proyecto de Dios juega con estas crisis de la historia de la Iglesia.

Ahora, en El Salvador, la Iglesia tiene crisis. Hay divisiones, no las vamos a negar, hay quienes desprecian la línea pastoral del Arzobispado. Abundan quienes critican como perversa la doctrina que se está sembrando. Y en esta división, qué peligroso es, hermanos, quedarse con la rebeldía de los judíos y con la desobediencia de los gentiles, antes que aceptar la humildad que necesita el pueblo judío ensoberbecido por la predilección que Dios le tuvo y la desobediencia del pueblo gentil que adoró falsos dioses antes que adorar en la cepa cristiana al verdadero Dios que nos trajo Nuestro Señor Jesucristo.

Hay crisis en el corazón de cada cristiano; y yo les digo, queridos hermanos, si en este momento un cristiano en El Salvador no siente esta crisis, no ha reflexionado lo que significa el mensaje de Dios y la siembra de Dios en el mundo. Muchos ya han superado la crisis y se han comprometido con el Reino de Dios. Muchos la han superado en sentido contrario, se han instalado en sus comodidades y más fácil es decir: la iglesia es comunista, ¿quién la va a seguir? Pero algunos, si están en crisis, no saben qué hacer. La culpa no es de Dios ni de la Iglesia. La culpa es de la libertad de cada uno, que tiene que resolver en su propia conciencia, con quién está. Y Dios Nuestro Señor le está ofreciendo los frutos maravillosos si se deja sembrar esta cepa que producirá maravillas de racimos, los frutos de la Vida Eterna. Este es el plan de Dios, por eso la Iglesia es la viña donde el Reino de Dios siempre estará en crisis. Dichosos los que sienten y viven la crisis y la resuelven por un compromiso con Nuestro Señor.

Me alegra mucho que precisamente en esta hora de crisis, muchos que estaban dormidos han despertado y por lo menos se preguntan dónde está la verdad. Búsquenla, San Pablo nos da el camino con la oración, con la reflexión, apreciando lo bueno. Son criterios maravillosos. Donde está lo noble, lo bueno, lo justo, por allí va Dios. Si además de esos bienes naturales está la gracia, la santidad, los sacramentos, la alegría de la conciencia divinizada por Dios. Por allí va Dios. No por otras instalaciones que dan una paz muy ficticia, unas victorias muy falsas. Y por eso, queridos hermanos, a la luz de esta viña que es crisis -antes de terminar con el tercer punto que es brevemente, ya para invitarles a la Eucaristía donde Cristo se ofrece, yo soy la vid y vosotros los sarmientos- yo quiero invitarles a que vivamos con esta Iglesia la intensidad de su comunidad, de su fe, de su esperanza.

¿Quién no ha sentido en esta semana la oración por el eterno descanso de Juan Pablo I? En Roma y aquí en nuestra Catedral, el pueblo de Dios ha orado por el Santo Padre. El sábado próximo los Cardenales se reunirán para elegir al nuevo Papa. Esta debe ser una semana de intensa oración para nosotros.

Quiero agradecer en este ambiente pontificio la noble carta que me envió el Pastor de la Iglesia Bautista Enmanuel, entre cuyos conceptos muy ricos, muy cristianos, destaco éste: El significado de la vida y el testimonio de estos dos últimos Pontífices, cuyo paso por la historia deja un rasgo imborrable como ministros y sacerdotes, que en la temporalidad mantuvieron la visión de lo eterno como fundamento de la justicia de Dios. Y aquí habla también el Pastor -le agradezco su coincidencia con mi pensamiento de esta crisis- pareciera ser la hora de la gran tentación en que pugnan, por un lado un cristianismo torcido por la prepotencia de los reinos del mundo que exigen adoración y por otro la fidelidad al evangelio generoso y hermoso de la humillación que culmina en una cruz; y sin embargo presenta su fuerza y poder en la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Muchas gracias querido hermano Carlos, por este gesto ecuménico tan profundamente cristiano.

La Iglesia vive, la viña que Dios ha plantado en nuestra Arquidiócesis la he visto de cerca. El domingo pasado, celebrando el décimo aniversario sacerdotal del P. Samuel Orellana, en su Parroquia de Ayutuxtepeque. Qué alegría, qué juventud la de aquella comunidad.

En Plan del Pino, también el domingo pasado, donde las religiosas Carmelitas Misioneras celebraban el 25 aniversario de haber venido a El Salvador, y preparaban una preciosa ceremonia de confirmación de jóvenes y un diálogo con los grupos que expresan allá la comunidad viviente de esta viña del Señor.,

El lunes 2, el Opus Dei, que celebra como patronal la fiesta de los Angeles, cumplía 50 años de haber sido fundado. La Iglesia se alegra con todo esfuerzo de santificación en el mundo y desea en esta hora de crisis de la Iglesia, que no solamente se viva una santidad personal, individualista; sino también una comunidad, una santidad comunitaria que sea testimonio a la luz del mundo, como decía el Cardenal Pironio, respondiéndome a una pregunta sobre la autenticidad de la vida religiosa y cristiana, estos tres criterios: mucho amor a Cristo, mucha fidelidad al carisma de la fundación y también una gran adaptabilidad a la pastoral de la Iglesia local.

Esto tercero yo quiero recalcarlo en muchas comunidades que han demostrado su capacidad de adaptación: Parroquia de Concepción, Villa de San Francisco, los Franciscanos presentan un verdadero servicio al mundo, allí en su iglesia situada en un campo muy difícil de la capital. Con ellos celebramos el día de San Francisco, así como en San Francisco Lempa, con una religiosa Oblata al Divino Amor, que está ayudando allá, ha movido una comunidad muy fervorosa y yo quiero felicitar tanto a esta religiosa como al P. Benito Alfaro, cuyo nombre salió calumniado en los periódicos esta semana como si fuera cómplice de guerrillas. Benito Alfaro es un sacerdote humilde, firme también en defender a las religiosas del Sagrado Corazón, cuando la política quiso manipularlas, allá en el Dulce Nombre de María. Por allí andará tal vez el origen de esta calumnia. Pero yo decir que el P. Benito Alfaro no tiene nada que ver con esa publicación calumniosa.

El sábado 7 se celebraba la fiesta del Rosario. Nos unimos a la alegría de los PP. Dominicos del Rosario y a las Parroquias que tienen ese nombre en nuestra Diócesis; y recomendamos a todos el rezo del Santo Rosario, como una expresión de la vida de las comunidades cristianas, de las familias.

Esta noche, a las 7, ha sido convocada toda la comunidad católica de Santa Tecla a una misa en la Iglesia del Calvario, donde vamos a expresar nuestra solidaridad en el trabajo pastoral con el nuevo párroco, el P. Francisco Javier Aguilar. Allá los esperamos pues, a las 7 de la noche, hoy en el Calvario de Santa Tecla.

También Soyapango está celebrando la fiesta de la Virgen del Rosario, y es muy consolador ver cómo la Virgen es expresión de vida en nuestras comunidades cristianas.

Esta iglesia, viña del Señor plantada en nuestra Patria, tiene que lamentar también en esta semana la captura de dos sacerdotes y de algunos colaboradores laicos. Los sacerdotes son el P. David Rodríguez que fue llevado, juntamente con el Dr. Guillermo Joaquín Cuéllar, a la Policía Nacional y el P. Trinidad de Jesús Nieto, conducido a la Guardia Nacional. Nos preguntamos ¿qué se busca con estas actitudes? A juzgar por el trato, muy respetuoso para el P. David, y el interrogatorio amañado contra nuestra emisora, ¿se estará buscando manipular a la misma Jerarquía? Porque llamaron también a Monseñor Aparicio para entregarle el informe. ¿Se tratará de manipular para que no sea el Gobierno, sino la Jerarquía de la Iglesia la que nos obligue a cerrar nuestra emisora? Seria muy triste, pero diremos que al menos se tenga el valor de ordenarnos quién quiere que no se oiga más esta voz, que Dios quiera, hermanos, que nunca deje de hablar. Es una pequeña expresión de la Iglesia que tiene libertad de hablar. Si cuentan con todos los medios de comunicación, ¿qué estorbo puede hacer una emisora y un pequeño periódico? La justicia es nuestra fuerza, la verdad es lo que hace grande la pequeñez de nuestros medios. Por eso se le teme.

La Comisión Nacional de Justicia y Paz de El Salvador ha publicado un interesante folleto de datos sobre los acontecimientos de Nicaragua, es horroroso, hermanos, lo que testigos presenciales han declarado y que esperamos que la Comisión de Derechos Humanos y los mediadores en este conflicto no disimulen, sino que hagan sentir este clamor del pueblo de Nicaragua. Por nuestra parte enviamos una modesta ayuda, c 4.000.00 se han recogido ya en nuestra Arquidiócesis y seguimos recogiendo para ayudar a nuestros hermanos. Poca cosa para grandes necesidades, pero algo es, sobre todo cuando lo inspira el amor.

Un gesto bonito, diríamos un pequeño retoñito de la viña, es el obsequio de los alumnos del 5º Grado del Externado San José, mandándome el mejor trabajo de la quincena, cuyo tema es muy bonito: La Iglesia en mi Patria. Yo los felicito a estos jovencitos y al Colegio por este sentido de Iglesia que se está sembrando.

También hermanos, la Iglesia, Reino de Dios que no puede prescindir en sus raíces humanas de las realidades de la tierra en que está, tiene que decir algo y ya lo ha dicho sobre el problema de la Universidad. Se está tratando de reiniciar las clases, pero hay temores. La Facultad de Economía ya se pronunció informando que no impartiría clases. Por su parte, el Gobierno ha declarado que los vigilantes no dependen de ningún Cuerpo de Seguridad. Urge aclarar, pues, la situación de un cuerpo armado en un centro de cultura, cuando ha demostrado tristemente la violencia de que es capaz, sobre todo cuando se siente con autonomía.

He recibido una nota de agradecimiento de la esposa del Dr. Carlos Alberto Rodríguez, Decano de la Facultad de Economía, que fue asesinado, en la cual ella agradece a la Iglesia las oraciones y la voz que desde aquí denuncia esta injusticia y atropello.

También una carta de otra esposa afligida. Doña Carmen de Castro, esposa del Mayor y Doctor Alfonso Castro Sam -desaparecido misteriosamente- también pide, en una carta muy sentida que yo transmito a ustedes, sobre todo si me están oyendo quienes pueden dar una luz en esta oscuridad. Yo tengo fe, dice la señora, y con mis hijos esperamos el retorno de mi esposo sano y salvo. Si alguna persona tiene datos sobre él que me pueda proporcionar, le estaremos muy agradecidos. Y a usted también le agradecemos todo lo que pueda decir y hacer por esta familia acongojada. La Iglesia sirve al dolor humano donde quiera que esté y así pedimos a todos, pues, la comprensión y la ayuda que sea posible.

En el día del niño llegaron unas cartas tan conmovedoras que yo quisiera, hermanos, simplemente mencionar una frase de unos niños campesinos que me dicen: "quisiéramos rogarle interceda por los presos políticos. ¿Cuántos niños lloramos por la ausencia de un padre o madre, preso o desaparecido?" Y otra carta de una escuelita rural donde dice: "Le vamos a agradecer mucho que por favor nos haga esta denuncia: Que la Guardia Nacional se llevó a nuestro maestro. Nuestro maestro es bien bueno, él no se mete en ninguna política, no sabemos por qué se lo llevaron. Y no sabemos dónde lo tienen, ni tiempo le dieron de cerrar la escuela. Queremos terminar el año, somos alumnos de primero y segundo grado". Este es el clamor que dice Isaías, que esperé justicia y no viene más que el clamor.

Llena de esperanza también la noticia que atentamente me comunicaron por carta de varios abogados que se han organizado en el Colegio de Profesionales de las Ciencias Jurídicas, y expresan su condolencia por la muerte del Papa y su solidaridad con nuestra Iglesia. Digo que esto es muy hermoso, saber que no todo es insensibilidad; porque hermanos, esto me preocupa, la insensibilidad que se está sembrando. Se catean cantones, casas, se atropella gente, desaparece gente y parece que esto va siendo ya lo más natural. Ojalá que la sensibilidad de unos hombres de derecho organizados, y por tanto con fuerza para poder enfrentar y pedir justicia, haga también despertar la conciencia ciudadana de libertad de nuestro pueblo. Por eso varios abogados opinaron, salió en el periódico, que la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía General toleran deshonestidad de jueces. En respuesta, la Secretaría General pide al periódico que diga los nombres de esos abogados para pedirles su colaboración. Ojalá que estos reclamos no se queden solamente con esas excusas tan baratas, "díganme nombres". ¡Si ellos lo saben bien!

En el ambiente también de esta Iglesia queremos expresar una nueva condolencia a la señora de Matsumoto y a sus hijos. Se ha encontrado el cadáver misteriosamente desaparecido. Alguien me mencionó como un show, no sé, será un tremendo sarcasmo si se monta un show con un cadáver. Lo cierto es que ha aparecido y que las cenizas, según el rito de los japoneses, ya están en un cofrecito donde lo van a llevar a su tierra. Nos da tristeza el recuerdo que esta familia se lleva de nuestra patria; pero ellos también han elogiado, y yo transmito aquí esta satisfacción, la hospitalidad, el sentido de amistad de los salvadoreños. La señora de Matsumoto y su familia no se han quedado solos, siempre han estado apoyados moralmente por buenos amigos de nuestro país. También quiero elogiar la unidad de la colonia japonesa que se ha mostrado muy solidaria en este momento de dolor de una familia atormentada.

Queremos solidarizarnos también con la petición de los colonos de la Hacienda El Rosario, allá por Metapán, vendida al gobierno, para que no se les desaloje sin procurarles un lugar donde reubicarse. Y también hacer nuestra la preocupación de los maestros, expresada en los periódicos de esta semana, sobre el problema del alcoholismo entre los maestros. Y ojalá que la Asociación de Alcohólicos Anónimos, que se mencionó en este diálogo con tanta esperanza, extienda sus brazos de salvación. Queridos amigos Alcohólicos Anónimos, al felicitarlos con esta oportunidad, yo les hago de nuevo un llamamiento para que sean salvadores de nuestra sociedad, tendiendo esas arcas de salvación a los mares donde se hunden tantos hermanos nuestros.

No me prolongo más hermanos, perdónenme, pero esto basta para concluir nuestra homilía con el punto final, invitándolos ya a la Eucaristía. Decíamos en el primer punto: Dios plantó una viña, su Iglesia en el mundo; 2º. Esta Iglesia viña refleja las crisis del Reino de Dios y de los hombres; y 3º punto era este para terminar: La victoria será de Cristo. Yo soy la verdadera vid, dice el Señor, y todo aquél que permanece unido conmigo llevará muchos frutos. Es un llamamiento, pues, a que secundando los deseos de Dios de que su viña produzca muchos frutos, hagamos que en nuestro corazón esa cepa que se plantó el día de nuestro bautismo produzca no solamente esas virtudes naturales, tan propias del pueblo salvadoreño. Esta es una gloria hermanos, las virtudes naturales del pueblo salvadoreño, las he mencionado en varios aspectos, pero no basta. Sembremos en esa tierra bien abonada la cepa de Cristo, la vid, la vida eterna, la fe, la oración, nuestra misa dominical, los sacramentos, todo esto que nos eleva a perspectivas trascendentes y que nos hace esperar aun en medio de las crisis y dificultades de las injusticias y atropellos de la tierra la gran esperanza de que no todo está perdido, porque la cepa de Dios está bien plantada en nuestra tierra. Así sea. (Aplausos).


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