Homilía XXV Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A (24 de septiembre de 1978)

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Homilía de San Oscar Arnulfo Romero, Homilía XXV Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A (24 de septiembre de 1978)

 

 Homilía XXV Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A
(24 de septiembre de 1978)

 

Isaías 55, 6-9
Filipenses 1, 20c-24.27a
Mateo 20, 1-16

Estimados radioyentes:

Este día 24 de septiembre nuestra Iglesia honra a la Virgen bajo un título muy histórico y muy actual: la Virgen de las Mercedes. Bajo ese título, la Virgen inspiró allá en la Edad Media una orden de hombres generosos que, ante el problema de la esclavitud en las cárceles de los musulmanes, se organizaron para ir a redimir cautivos, y además de llevar grandes cantidades de dinero, que recogían en Europa para este fin, habían hecho un voto de quedarse ellos mismos prisioneros en lugar de los cautivos, para que ellos adquirieran la libertad. Es una página muy gloriosa del esfuerzo de la Iglesia por la libertad de los hombres. La defensa de los Derechos Humanos no es cosa de hoy, sino que siempre ha sido cosa del evangelio. Saludamos pues, desde aquí, a los prisioneros, porque éste día es considerado el día de la Patrona de los centros carcelarios. Se honra hoy a la Virgen con oraciones en esos centros donde se sufre mucho.

La Virgen de Mercedes, presente hoy en el sufrimiento de las cárceles, iluminando quién sabe qué crueldades, dando consuelo a los que lejos de su familia sufren aislamientos inhumanos, es todo un símbolo para nuestra hora. Ayer tuve la oportunidad de celebrar la Santa Misa y conferir la confirmación a un grupo de mujeres en el Centro de Reformación de Mujeres, llamado vulgarmente la Cárcel de Mujeres. Y la presencia de las religiosas del Buen Pastor convierte aquel centro en un verdadero hogar de reformación. La presencia de la capilla de la comunidad le da la presencia de un sol que ilumina unas tinieblas; y la cárcel casi no se siente. Qué hermosa es la presencia de la esperanza cristiana, de la plegaria de la fe, aun cuando ilumina situaciones duras, con tal que sean justas. El prisionero tiene que pagar sus faltas; pero tiene que encontrar allí una escuela para que lo vuelva a reintegrar a la sociedad. Yo quiero felicitar a las hermanas del Buen Pastor por esa labor, que está siendo como un índice de lo que tenía que ser las cárceles en nuestro país; y ojalá ese testimonio de la Virgen, inspirando esa santidad de esas mujeres -las religiosas en medio de las prisioneras- sea una inspiración.

También con motivo de la fiesta de la Virgen de Mercedes tuvimos en la Iglesia de María Auxiliadora una numerosa comunión de niños, preparada por las hermanas Mercedarias Eucarísticas, que aquí en El Salvador nos dan su colaboración en el Colegio Eucarístico; en el Centro Educativo de San Martín y en el Colegio Eucarístico de San Vicente. Cuántas generaciones, también, se han educado bajo el título de la Merced. Vaya también un saludo para ellas, en este día de su patrona, la Virgen de Mercedes.

El domingo pasado estuvimos en Apulo, en el Cantón que tiene como patrona la Virgen de Dolores. Las Hermanas Carmelitas y el P. Fabián, que administra aquella parroquia, me demostraron, en una reunión muy simpática, lo que es una Iglesia que se basa en las comunidades eclesiales de base. Cómo se hace conciencia del cristianismo. Cómo se forma una conciencia crítica desde el evangelio, a las realidades del país. Estos grupos son los que muchas veces se persiguen, se disuelven, se atemorizan; pero puedo asegurarles que se trata de reuniones netamente evangélicas, y el evangelio naturalmente, cuando se absorbe y se digiere, forma condiciones críticas y estorba a los órdenes establecidos, cuando ese orden establecido no es justo, no es evangélico. El evangelio choca contra las realidades anti-evangélicas; pero la Iglesia no se puede detener de seguir formando la conciencia evangélica de sus cristianos.

También mucha conciencia cristiana encontré, el día de San Mateo, jueves 21, en Santiago Texacuangos; donde el P. Teodoro Alvarenga, con las religiosas belgas de San Nicolás, están formando allá una comunidad de mucha esperanza. Las hermanas belgas de San Nicolás tienen también otra comunidad en Cojutepeque y ese día jueves, pude saludarlas a todas y saludar también a la Superiora General que se encuentra de visita en El Salvador, la madre María Javier, a quien le agradezco la colaboración que las hermanas han venido a prestarnos a tierras muy lejanas de su hogar. ¡Que Dios se lo pague!

En Aguilares, también, se está celebrando hoy una concentración cristiana, donde las religiosas del Sagrado Corazón y el P. Octavio Cruz están fomentando también esas comunidades eclesiales de base que son una fórmula -no digo de hoy-. Siempre, cuando el evangelio es meditado a profundas, necesita el ambiente de esos pequeños grupos, que no tienen nada de subversivos, a no ser la subversión que es la que denuncia todo lo injusto, así como también apoya todo lo justo, donde quiera que se encuentre.

Desde el miércoles de esta semana, Guazapa comenzó a celebrar su novena en honor de San Miguel , que celebrará el 29 de septiembre. No ha faltado allá el culto. La labor de las religiosas Carmelitas, aun cuando fue expulsado injustamente el párroco en los días aciagos de aquel ocupamiento militar de la región, han mantenido el sentido pastoral y tratan de mantenerse en el ambiente netamente religioso y evangélico. A los laicos que se quejan de no tener sacerdote les recuerdo que estamos haciendo siempre el esfuerzo de que haya sacerdote celebrando lo exclusivamente sacerdotal: la misa, la confesión y todo aquello que no lo pueden hacer las religiosas y los laicos. Y a quienes no están contentos de esta situación, les diré, queridos católicos de Guazapa, ¿qué hacen ustedes? Son Iglesia. ¿Cómo colaboran? ¿O es necesario que el sacerdote también se dedique a construir materialmente templos?. Eso no es labor del sacerdote, es de los laicos que deben sentir como suya la Iglesia y colaborar en aquel campo en que ellos, ustedes, los laicos, tienen más competencia que nosotros los sacerdotes. Les suplico pues, ser comprensivos y seguir colaborando mucho con la comunidad que las religiosas fomenta allá.

Quiero reiterar mi felicitación a Monseñor Rivera, por sus 25 años de sacerdocio. Fue propiamente el 19, martes de esta semana, y allá en su pueblito natal, San Esteban Catarina, se dio un testimonio precioso del respeto y del cariño al sacerdocio; y de la unidad de los fieles. Allí tuve también la oportunidad de saludar a los diez sacerdotes vicentinos que, gracias a Dios, están en el pleno ejercicio de su ministerio. Quiero felicitarlos porque durante este (interrumpen aplausos) -muchas gracias por este aplauso, que no lo ando buscando, sino que ustedes espontáneamente lo dan- para decirles a los sacerdotes que en la Catedral de San Salvador se les comprende. El testimonio de unidad, el cariño de sus pueblos, y puedo asegurarles hermanos, que no son comunistas, son sacerdotes sensibles en lo social -como hemos dicho- y desde las perspectivas evangélicas, hacen los reclamos que es muy fácil confundirlos con el comunismo. Pero el evangelio no es comunista, sino que es justo con la justicia social.

También, quiero agradecer al Señor y pedirle a ustedes una oración para que agradezcamos cincuenta años de vida sacerdotal y cincuenta años de presencia redentorista en El Salvador. Tuve también la dicha de concelebrar el 22, con los PP. Eladio Cuznego, Jesús García, Joaquín Mendoza y Félix Palacios, a quienes reitero mi felicitación, por sus 50 años de vida sacerdotal. Que el Señor les pague tanto bien que han hecho en nuestras parroquias y donde la obediencia los ha llevado.

Quiero también expresar aquí la solidaridad de la Jerarquía de la Arquidiócesis con el Colegio Sagrado Corazón que está siendo otra vez objeto de críticas fáciles. Se le acusa de indoctrinación marxista. Se le acusa de criticar tendenciosamente el Himno Nacional. Qué superficiales son las críticas de nuestros críticos, que se han olvidado cuando dicen que van a acudir al Ministerio de Cultura para que investiguen ese crimen que está cometiendo con sus niñas; se han olvidado que el mismo Ministerio de Cultura, en el seminario recientemente celebrado, aboga por una educación que forme el criterio de los alumnos, que no sea pasivo, ¡que sepa cuestionar también la historia! El Himno Nacional no es un dogma y si tiene mucho de hermoso y de verdadero, hay que deducir esa verdad y esa hermosura a la realidad del país, para no estar cantando lo que en realidad no es, y para que la hermosura del Himno se traduzca en las realidades del país. Y la crítica fácil de comunista y de indoctrinación comunista yo les digo hermanos eso ya raya.

Y quiero recordar aquí, unas palabras muy elocuentes de los sacerdotes y religiosos de Nicaragua, escribiéndole al Presidente Carter acerca de la situación de Nicaragua, y a llegar a este punto dicen: " ... para justificar la incambiabilidad de la situación actual, se esgrime, hoy como ayer, el argumento anticomunista. Ya los obispos latinoamericanos nos habían advertido en Medellín que a este tipo de gobiernos les sería muy fácil encontrar aparentes justificaciones ideológicas; por ejemplo, anticomunismo o prácticas, conservación del orden, para cohonestar su proceder. Trágica realidad la del somocismo, que ha despojado a muchos campesinos de sus tierras para que los comunistas no se las quiten; que mantiene bajos niveles de empleo, para que los comunistas no los condenen a trabajos forzados; que practica una competencia desleal con la licencia privada, para que los comunistas no reciban financiamiento; que envía a la cárcel a militares disidentes para que no le hagan el juego al comunismo. En Nicaragua es muy difícil, encontrar un sector social al cual el grupo gobernante no lo haya atacado de una u otra forma de comunista o instrumento de los comunistas... " Y la carta que va dirigida al Presidente Carter, le dice: "...incluso de su gobierno, Señor Presidente, se ha dicho aquí en Nicaragua, que está en manos de izquierdistas..." Y yo quiero agregar también que al Papa Pablo VI, cuando escribió la encíclica Populorum Progressio, se le llamó marxismo recalentado. Siempre que se quiere tocar la llaga, donde está la raíz de las injusticias y la falta de paz, es fácil decir: son comunistas. Por tanto, la Iglesia apoya plenamente la labor concientizadora, desde el evangelio, del Colegio Sagrado Corazón.

También esta Iglesia católica, de nuestra Arquidiócesis, se alegra en este día de la Virgen de Mercedes, cuando está terminando una convivencia juvenil en el Seminario San José de la Montaña. Muchos jóvenes, ya próximos al bachillerato, están allá reflexionando este gran problema que todo joven tiene que confrontar: ¿Para qué me ha dado Dios la vida? Y ojalá la respuesta sea la más hermosa. Ser sacerdote es entregar a Dios una vida como nos va a decir hoy San Pablo, que es el ideal más bello de la misma vida humana. Ahora, si no tienen vocación, recuerden que también es vocación servir a la humanidad desde el matrimonio, desde una profesión laical. No hay que mirar las profesiones únicamente como medios para ganar dinero e instalarse política o socialmente. Hay que buscar, como están haciendo ahora los jóvenes, el servicio a la humanidad, el mejor rendimiento de mí vida, no para ganar, sino para servir. ¡Qué hermosa juventud! Desde aquí un saludo de entusiasmo a esas probables vocaciones que nos irán a dar un problema el otro año, porque no tenemos ya lugar en el Seminario donde alojar las muchas vocaciones que el Señor nos está dando. Pero el lugar es lo de menos, la generosidad es lo que cuenta.

Quiero informarles también, desde este momento eclesial de nuestra vida, que la edición de nuestra Carta Pastoral quedó agotada ya también; y que se prepara una tercera edición, en la cual agregaremos los anexos y el cuestionario para facilitar las reflexiones de los grupos.

Si desde nuestra Iglesia local extendemos la mirada a la Iglesia Universal, encontramos ahora con alegría la figura del Papa, ganando cada día más en simpatía. Ayer fue a tomar posesión de su Catedral, como Obispo de Roma. Ustedes saben que el Papa, además de ser el Pastor Universal, es el Obispo de Roma; y como Obispo de Roma, su Catedral no es la Basílica de San Pedro, sino la Basílica de San Juan de Letrán, que desde los primeros siglos se consideró como la residencia del Pastor de Roma. En su discurso al presentarse en Roma, donde estuvieron presentes las autoridades civiles, el Papa dijo esto: que como Pastor de la Ciudad Eterna, colaborará por la justicia y la paz de la ciudad, para que vean que no es una justicia inventada para ganar aplausos; sino que es el derecho de la Iglesia y el deber de la Iglesia de señalar que las fuentes de la paz del mundo no pueden ser envenenadas por la injusticia, y que el primer papel de la Iglesia es trabajar donde la Providencia pone a un ministro, llámese Papa o humilde sacerdote rural, trabajar por la justicia como fuente de la paz. También el Papa recordó a los obispos norteamericanos que la familia es una piedra fundamental de la Iglesia Católica, que no se debe permitir que el divorcio la destruya.

Yo quisiera aprovechar esta noticia, para hacer un llamamiento a la organización familiar de nuestro ambiente. Qué hermoso es cuando cada hombre de la sociedad puede decir: tengo una familia bien organizada. Queridos hermanos, en esto está la base también de una sociedad más equilibrada, tranquila, justa, ordenada, donde hay familias, fieles y bajo bendición del que da el sentido de familia. No tengo tiempo, pero el discurso del Papa que salió en los periódicos está señalando muchos caminos preciosos para la construcción o reconstrucción de nuestra vida familiar. Y aquí tenemos que trabajar mucho todos, un esfuerzo para hacer de las familias salvadoreñas verdaderas familias cristianas. También el Papa, en otro discurso, insistió en la necesidad de que la Iglesia intervenga presentando y recomendando soluciones a los grandes problemas de la libertad, de la justicia, de la paz; y que los laicos católicos luchen por resolver esos problemas. Hizo una aclaración muy útil: que la liberación política, social o económica, que muchos hombres buscan, no coincide con la salvación en Jesucristo. Entendamos bien, en mi Carta Pastoral les explico que uno de los servicios de la Iglesia es apoyar esos esfuerzos de reivindicaciones del pueblo; y el servicio mejor que la Iglesia presta es decirles su propio criterio de la liberación y es aquí donde el Papa dice: no coincide, quiere decir, no se mide la liberación cristiana por la liberación terrenal. Pero no quiere que se desentiende, sino que como digo en la Carta Pastoral, engloba, integra, esos esfuerzos liberadores de la tierra en la gran liberación cristiana. Les dicen a los que trabajan por un mundo mejor, por una sociedad más justa, todo eso está bueno, pero recuérdense que no todo termina allí. El hombre también tiene una vocación eterna y divina, y si queremos para él en su caminar por esta tierra un mundo más justo, no olvidemos que lo definitivo es su liberación trascendente, la que trajo Cristo para salvar del pecado y a promover en la gracia a los hijos de Dios que han de vivir eternamente libres. En este sentido, pues, sí, decimos con el Papa, no coincide una y otra liberación, pero tampoco están divorciadas. De modo que no podemos decir que estamos con el Papa cuando prescindimos de las cosas de la tierra por estar pensando sólo en las cosas del cielo. El Papa está apoyando también todos estos esfuerzos de justicia y de libertad en el mundo.

También otro aspecto precioso de nuestra vida católica actual: la Iglesia polaca mandó leer en todos los púlpitos de Polonia una Carta Pastoral firmada por todos los Obispos. La vida social de una nación, dicen ellos, requiere apertura y opinión pública. La gente que gobierna los medios de comunicación en ambos países tiene en mente sólo sus propios intereses, tanto en Polonia, como aquí en El Salvador -podemos decir-, tenemos el derecho y el deber de manifestar nuestra crítica y nuestra opinión; si no se aprecia este esfuerzo de libertad, ello significa -dicen los obispos polacos- que nos tratan meramente como objetos, para que los que han tomado el poder manipulen a los ciudadanos desprovistos de la posibilidad de pronunciar públicamente sus opiniones.

Miren hermanos, la Iglesia, en cualquier situación -aquí, porque la situación no es comunista, sino capitalista pero en Polonia donde la situación no es capitalista sino comunista-, en uno y en otro lugar, la Iglesia no se enfeuda ni con el comunismo ni con el capitalismo, sino que proclama la libertad evangélica. Sepan leer los periódicos les he dicho muchas veces, porque lo que aquí dicen los obispos polacos es triste, que aquellos medios que tienen el deber de informar y de satisfacer ese derecho de información que tiene todo hombre, son a veces instrumentos que se dejan manipular por el poder político o económico para distorsionar, para falsear las noticias que ya no son información, sino que se convierten, eso sí, en política verdadera.

Esta Iglesia, que está construyéndose con esta mística, con esta presencia, aunque sea humilde como la he definido en las realizaciones de nuestra Arquidiócesis, está circundada también por un mundo mucho más gigantesco, parece. Cuántas veces me viene la idea del pobre David, frente a Goliat; la Iglesia es David, pero David le pudo decir a Goliat, cuando se reía de él por su pequeñez: tú vienes a mi apoyado en tus ejércitos y en tus fuerzas, yo voy a ti apoyado en el nombre del Señor, y en el nombre del Señor el humilde campesinito, David, con una pedrada en la frente, derriba la altanería del gigante Goliat. La Iglesia tiene que enfrentarse al gran gigante de todos los tiempos: los ídolos que adoran los hombres. Cómo se realiza... lo voy a decir al final, porque, antes, yo quiero que nos fijemos que toda esta Iglesia, de la cual les acabo de hablar como realización concreta, aquí en la Arquidiócesis, en Polonia, en Roma, en donde quiera que esté, es la misma Iglesia, que precisamente este domingo, 24 de septiembre, está leyendo en todos sus templos lo que aquí han leído los jóvenes lectores: Isaías en el Capítulo 55; Filipenses, en el Capítulo 1, y Mateo en el Capítulo 20. Qué disciplina más hermosa. El evangelio de Mateo ha sido el alimento de todo el pueblo universal de Dios en este año.

Y, como les dije, es un evangelio preciosamente organizado. He estado mandando a muchas personas que lo han pedido el esquema del evangelio que se encuentra en el prólogo de los evangelios sinópticos, en la edición de la Biblia de Jerusalén. Todos los pasajes que habíamos leído los domingos pasados se refieren a la Iglesia, Reino de Dios, como comunidad que ya se inicia aquí en ustedes, nosotros, los hombres que creemos en ese Cristo, y lo seguimos; y nos ha dado en esos capítulos las normas como debe de ser esta comunidad, el jefe que es fundamento: el Papa. Las perspectivas: ahora pasa a una sección ya casi final, el año eclesiástico está terminando también. Los capítulos 19 al 25 de San Mateo nos presentan la crisis que tiene que pasar la Iglesia, Reino de Dios, antes de su establecimiento definitivo. Allí hay parábolas preciosas, como la que se ha leído hoy, donde se habla de conflictos de pensamientos, de criterios distintos entre Dios y los hombres. Y terminará todo este pasaje, con el discurso majestuoso de Cristo, que se llama discurso escatológico, donde Cristo nos habla del fin de la historia y del principio de la eternidad. Donde Cristo nos habla el juicio final. Venid benditos de mi Padre, porque todo lo bueno que hicisteis a mis pobres, a mí me lo hicisteis. Id malditos al fuego eterno, porque vuestras marginaciones, todo eso que fue desprecio del pobre, a mí me despreció. Ese discurso precioso termina esta sección que se nos comienza a ofrecer este domingo y por eso yo titularía, - ya que acostumbramos así, para dar una síntesis de pensamientos a mi homilía de hoy : "Las crisis del Reino de Dios". Y al presentar estas crisis en las lecturas de hoy, mi primer pensamiento es investigar en las lecturas de hoy, cuál es el pensamiento de Dios. Lo segundo es ese pensamiento de Dios provoca las crisis en los pensamientos de los hombres. Y la tercera idea es esta: San Pablo, en la segunda lectura de hoy, se presenta como el judío que sintió esa crisis, pero que la resolvió en favor del Reino de Dios; y como Pablo, todo hombre ahora es llamado también a resolver su crisis.

Si en esta hora, 1978, no hay hombre con crisis religiosas, no es hombre de su hora. No me extraña que hayan crisis. Muchos ya la resolvieron, como San Pablo. Otros la resolvieron como Pablo las hubiera podido resolver, odiando a la Iglesia. Pero miremos primero cuál es el pensamiento de Dios en las lecturas de hoy. Qué bonito terminaba hoy Isaías: "...mis pensamientos, no son como vuestros pensamientos. Como está elevado el cielo sobre la tierra, mis caminos también están elevados sobre los caminos de los hombres.. "Y cuando se desenlaza la parábola de Cristo hoy, que nos está abocando a la crisis que va a sufrir él, en su propia vida... porque ya en esta sección se comienza a narrar la pasión de Cristo. Cristo dice, ante la crítica de los trabajadores de la viña, que su recompensa es generosa, que no es como ellos piensan como él recompensa a los hombres. Porque ustedes son miserables en sus cálculos quieren que yo, Dios, no sea bueno. ¿Cuál es el pensamiento de Dios? Está por encima de nuestros pensamientos; y ¡bendito sea Dios!, que Dios no se identifica con el pensamiento de los hombres. Muchos sí quisieran, como dice aquella canción, un Dios de bolsillo; un Dios que se acomode a mis ídolos; un Dios que se contente como yo pago a mis jornaleros; un Dios que apruebe mis atropellos. Cómo podrán rezar ciertas gentes a ese Dios el Padre Nuestro, si más bien lo tratan como uno de sus mozos y de sus trabajadores.

Dios, dice Isaías hoy, se deja encontrar. Buscad a Dios mientras se puede encontrar. Es un Dios que se acerca para que lo invoquemos. Es un Dios que ofrece su piedad; rico en perdón. Queridos hermanos pecadores, yo, el más pecador de todos ustedes, quisiera comunicarles esta esperanza y alegría que yo siento en mi miseria, cuando pienso que el Dios que yo adoro es un Dios que me llama a su piedad, que es rico en perdón; y por eso trato de acercarme a El; no con altanería ni queriendo que El se baje a mis miserias, sino tratando de arrepentirme de mis pecados y llamando a todos que lo busquen. Como dice Isaías hoy: búsquenlo, mientras se puede encontrar. Llegará una hora en que ya será demasiado tarde, y yo no quisiera esa hora del juicio de Dios, que será terrible para quienes no lo buscaron cuando se podía encontrar.

Y en el evangelio de hoy aparece Dios tomando la iniciativa. Salió a buscar trabajadores. Hermanos, ustedes creen que los que estamos aquí en Catedral es por iniciativa nuestra, claro que sí, porque somos libres y nadie ha venido a la fuerza, pero esta es la delicadeza de Dios, que me hizo libre y que detrás de mi libertad, me da su gracia, su atractivo, para que use esta libertad buscándolo a El. Pero la iniciativa de venir a misa, parte de Dios, que me dio la libertad y me da también el atractivo para buscar el bien. Que a la Iglesia no se viene a celebrar un mitin, se viene a adorar a Dios. Que a la Iglesia no se viene con curiosidad política, se viene con piedad para buscar a Dios. Dios sale a buscamos; y a todos los anda buscando. Y qué hermoso saber que a todas las horas de la vida el Señor anda buscando. Salió a la hora de prima, cuando comienza a amanecer, según el cómputo romano; a la hora de tercia, como a las 9 de la mañana; a la hora de sexta, al medio día; y todavía a la hora de nona, ya en undécima, terminando el día, todavía llama: ven a trabajar, qué están haciendo ociosos allá en la plaza porque nadie nos ha buscado. Vengan, yo también les voy pagar lo justo. Y según el sistema laboral de aquel tiempo injusto, naturalmente estaba al capricho del patrón, pagar lo que quería; y no es esto lo que elogia la parábola. Lo que la parábola quiere elogiar es la iniciativa de Dios y la generosidad de Dios en pagar lo mismo a los de la última hora que a los que llegaron primero. La recompensa de Dios es generosa y quizá aquellos que han venido a la hora de prima se enojan contra Dios porque se sienten dueños de la Iglesia. Nosotros, los buenos, ustedes los malos que acaban de llegar, y quisiéramos que a ellos les pagara menos que a nosotros, que nos sentimos los que hemos hecho a Dios como un deudor de nosotros.

Hermanos, ante Dios -y aquí estamos conociendo a Dios-, el Dios que se nos revela es un Dios, que aunque llame al pecador más grande, a la última hora de su vida, el amor con que ese hombre retorna y conoce a Dios -recuerdan a Dimas, el buen ladrón: Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino, y Cristo a ese ladrón ajusticiado le dice: hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso- qué rico en perdón y en misericordia es Dios. Ante Dios no tenemos privilegios, ni derechos. Si lo hemos servido desde nuestra más pequeña juventud, ¡bendito sea Dios! hemos usado bien la vida, pero eso no nos da derecho a sentirnos dueños de la Iglesia aunque seamos los obispos; aunque seamos los sacerdotes. Podemos estar más necesitados de la misericordia de Dios que el pecador que acaba de convertirse y por su amor tal vez está más cerca de Dios que quien se siente dueño de la Iglesia.

Dios es bondadoso. Nadie puede juzgar sus iniciativas; apelar a su misericordia; pedir como el buen ladrón, siquiera un recuerdo de Dios, y Dios me dará más que un recuerdo. Estoy tratando de presentarles el Dios de la Biblia. El Dios de las lecturas de hoy, así es nuestro Dios, bendito sea El, que nos ha dado a conocer cómo llama a todas horas, y a todas las horas está dispuesto a recibirnos. No importa los crímenes que hayamos cometido. Por eso, hermanos, vuelvo a repetir lo que aquí he dicho tantas veces, dirigiéndome a través de la radio a aquéllos que tal vez son los causantes de tantas injusticias y violencias; a aquéllos que han hecho llorar a tantos hogares; a aquéllos que se mancharon de sangre con tantos asesinatos; a aquéllos que tienen sus manos manchadas de torturas; a aquéllos que han encallecido su conciencia, que nos les duele ver bajo sus botas a un hombre humillado, sufriendo, tal vez ya para morir; a todos ellos les digo, no importan tus crímenes, son feos, horribles, has atropellado lo más digno del hombre, pero Dios te llama y te perdona. Y aquí tal vez viene la repugnancia de aquellos que se sienten trabajadores de la primera hora. ¿Cómo voy a estar en el cielo con esos criminales? Hermanos, en el Cielo no hay criminales. El más grande criminal que se arrepintió de sus pecados es hijo de Dios ya. La Prostituta María Magdalena, cuando lloraba con sus lágrimas sus pecados, la sociedad la seguía señalando: miren si fuera profeta, se diera cuenta quién es el que la está tocando; pero Cristo se vuelve para defenderla, ya no es pecadora, ha amado mucho, se ha arrepentido de sus culpas, ya es Santa María Magdalena. Los pecados del pasado no cuentan, se deshacen. Por eso la justificación cristiana se llama renacer. Y así le dijo Cristo a Nicodemo: si no renaciereis de nuevo... Todo hombre que se arrepiente de su culpa deja como un cascarón viejo, su mala vida pasada y como una crisálida nueva, la mariposa que nace de nuevo dejando el cascarón, es ya criatura nueva. No tiene nada que ver con lo que dejó el pasado. ¡Bendito sea Dios! esta es la generosidad de Dios, nosotros no lo podemos comprender, porque sí sabemos decir esto tan cruel: lo perdono pero no olvido. Eso no es cristiano. Dios perdona y olvida.

¿Cuál es la reacción que produce el pensamiento de Dios? El Dios que se revela tan bueno encuentra en los hombres el conflicto. La parábola dice: se pusieron a protestar contra el amo. Uno de los conflictos más serios de la historia de la Iglesia es el que aflora aquí en el evangelio de San Mateo, en esta sección, y que San Pablo tuvo que sufrir en carne propia. Se trata de que Cristo había traído una religión nueva. Y los judíos, que vivían de la religión antigua, predicada por Moisés, creían que era necesario seguir observando las leyes judaicas; mientras que Pablo y los que predicaron a los gentiles, que no eran judíos, les decían que no era necesario hacerse judío, circuncidarse, guardar las leyes de Moisés, sino creer en Cristo nada más.

Aquí surgió este conflicto que se refleja hoy en la parábola. El objetivo de esta parábola de los trabajadores de la viña, refleja la crisis del primer cristianismo: eran los fariseos, los judíos que se convertían al cristianismo, que se sentían dueños del cristianismo, porque era la Biblia, era Cristo. Y decían que ellos habían venido a adorar al Dios desde las primeras horas del día, se sentían con derechos, en cambio a estos gentiles que San Pablo iba encontrando y dándoles a conocer el mismo Cristo los consideraban como cristianos de segundo orden. Y San Pablo y la primitiva comunidad decían que sólo en Cristo hay salvación. Y el judío no se salva por guardar la ley de Moisés, sino por creer en Cristo. Y el gentil, el pagano, se salva por Cristo. Uno y otro no tienen derechos, más que agradecimiento al Cristo. Y esto lo resolvió la primera comunidad, así como se resuelve la parábola de hoy: pagando igual a todos, es decir, dándoles a conocer el Dios que les acabo de presentar; un Dios que no reconoce privilegios, más que la santidad de cada hombre, venga de donde viniere.

Para Dios, pues, no hay clases sociales; para Dios no hay categorías humanas. La única categoría es creer en Cristo v vivir conforme a esa fe. La explicación la encontramos en las lecturas de hoy: Mis pensamientos no son como vuestros pensamientos. ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

El conflicto actual de la Iglesia se parece a aquéllos de antes. Se llamen progresistas o tradicionalistas. Hay quienes tienen una espiritualidad que solamente piensa en el cielo y todo esfuerzo de la Iglesia en la tierra lo consideran comunista. Hay otros que se preocupan de las cosas de la tierra, pero con tanto anhelo que se olvidan de la trascendencia del cielo. Los conflictos existen hoy; pero recordemos, hermanos, que la vocación del hombre, como dice el Concilio, es terrena y celestial. Y precisamente la primera lectura de hoy nos da un marco para interpretar esta situación actual.

Cuando Isaías habla de buscar al Dios mientras se pierde buscar, no se está olvidando de las cosas de la tierra; al contrario, el marco en que predica Isaías es el destierro, es la exclusión de la patria donde se encontraban los judíos. Ya llega la hora del retorno, ya se va a levantar el exilio. Y les decía: pero no basta retornar a la patria, es necesario retornar renovados, porque por los pecados castiga Dios con las esclavitudes a los hombres. Las esclavitudes de la tierra son fruto del pecado. Para retornar a la patria, la libertad de Dios, se necesita convertirse de corazón.

Ven entonces, y esto lo pueden ustedes estudiar en la Carta Pastoral, donde digo que uno de los servicios más importantes que la Iglesia está prestando a las reivindicaciones de la tierra es incorporarlas y señalarles los fines trascendentes de la liberación. Una liberación que se olvidara de ese Dios, al que hay que buscar; una liberación que no tuviera en cuenta liberarse del pecado, no sería la liberación de Dios. Y de nada serviría, dicen los obispos de Medellín para que vean que no son comunistas, de nada serviría cambiar estructuras, gobiernos, situaciones mientras no se cambie el corazón del hombre. ¿De qué sirve manejar estructuras nuevas con corazón egoísta? No tendremos más que nuevos hombres en viejas situaciones. Lo que la Iglesia aboga es renovación interior, trascendencia de miras para buscar la verdadera libertad. Sin esa perspectiva eterna, divina de Dios, de nada sirven, o de muy poco sirven las liberaciones de la tierra. Téngalo muy en cuenta para que no digan, pues, que aquí predicamos el comunismo, la lucha de clases; si no que estamos predicando la renovación del hombre, la trascendencia de Dios, el amor que nos viene de allá arriba, aunque nos cueste.

Y finalmente, pues, cómo se resuelve esta crisis, estos conflictos. Hermanos, yo quisiera -pero no tengo tiempo, ustedes lo podrían hacer- abrir sus Biblias y completar la lectura segunda de hoy. Sólo se han leído hoy del versículo 15, mejor dicho unos tres versículos de la Carta de San Pablo a los Filipenses. San Pablo está preso, entre cadenas. Allí le informan que otros envidiosos andan predicando a Cristo, como para decirle que él no es necesario, que ya se puede morir en la cárcel. Y San Pablo contesta: con tal que se predique a Cristo, aunque lo hagan hipócritamente, ¡qué importa! Lo que importa es que Cristo sea conocido, y esto me da más satisfacción en mis cadenas, porque así ustedes se unen a ese Cristo y oran por mí y yo estoy dando el testimonio aquí de la prisión. No teme la muerte, pero dice que le ha inspirado Dios, que retornará a la libertad para seguir trabajando.

Hay unos versículos preciosos en el capítulo primero, mejor dicho en el capítulo tres, donde San Pablo resume las glorias de un judío y dice: se glorían los judaizantes, pues yo lo tengo y más que ellos, yo soy hebreo, yo soy de la tribu de Benjamín, yo llevo la circuncisión en mi carne; y sin embargo, todo eso lo considero como pérdida, con tal de ganar a Cristo. Y siento en mi conciencia, dijo la lectura hoy, un conflicto, entre irme ya a gozar de la felicidad con Cristo o quedarme trabajando por él en la tierra. Claro que para mí lo mejor es irme. Miren como desean la muerte los verdaderos cristianos; como resuelven sus crisis de fe en una gran esperanza, en una gran alegría; y sin embargo, no es evasión, no es alienación el estar pensando en el cielo. Pero como me parece que es más útil que me quede predicándoles a Cristo, no por mi felicidad, sino por el bien de ustedes, escojo entre las dos alternativas quedarme: mihi vivere Christus est (para mí el vivir es Cristo). Qué frase más bella.

La vida mía no tiene otro sentido ya. Predicar a Cristo, lo voy a honrar en mi vida y en muerte. Mi eternidad también me espera para vivir eternamente con él. Hermanos, esta es la verdadera reacción ante las crisis de la fe, ante las situaciones difíciles. Y les decía yo que leyeran toda esa carta a los Filipenses -sólo son cinco capítulos- porque San Pablo allí, nos da unas normas de valor; una valentía para enfrentarse a las situaciones que se parecen hoy a las que él vivió. ¡Nada de cobardías! Las cadenas mismas de la cárcel le alegran, porque aquí, dice, estoy dando a conocer a Cristo a todos los pretorianos. Como quien dice, aquí en el cuartel de la Guardia, encadenado, estoy dando a conocer a este Cristo en quien creo. Y aquél que quiere escucharlo -muchos pretorianos se convirtieron porque a todos llama Dios. También al que tortura lo está llamando Dios. Y Cristo será la respuesta ante las crisis de los hombres. No han encontrado a Cristo, no pueden ser felices si no es encontrando al Señor. Por eso, hermanos, vivamos pues la crisis de nuestra Iglesia, no para la cobardía, sino para ser más fieles a nuestra fe, a nuestro Cristo.

Ahora bien, esta Iglesia alimentada de estos principios evangélicos -yo insisto mucho en esto- vivamos esta Iglesia, cualquiera sean las circunstancias que nos rodean, pero no hagamos consistir la Iglesia en las relaciones con los poderosos de la tierra. Si están bien las relaciones, ¡bendito sea Dios! Si no están bien las relaciones, pues no nos estorba. Si San Pablo está libre, predicará a Cristo; si lo tienen encadenado, también está predicando a Cristo. La palabra de Dios no está amarrada decía San Pablo. Por eso la palabra de Dios es nuestra fuerza. Creer en Cristo es nuestra solución. Amarlo, no tener miedo por los hombres a la verdad que Cristo nos ofrece.

Esta Iglesia tampoco vive sólo para ella, vive para el mundo. Siento que el tiempo se me ha terminado ya, pero no quiero dejar de decirles, hermanos, las realidades que circundan a esta Iglesia, para que también vivamos nuestra realidad en el mundo.

La noticia sobresaliente hoy, sería Nicaragua. Todos ustedes están informados de esta situación, solamente les quiero decir que estamos solidarios con el pensamiento del Episcopado nicaragüense. Monseñor Salazar, declaró que se siente profundamente herido, al igual que la población de León, por los métodos empleados por las fuerzas gubernamentales. En León no existe libertad y hay que devolverle al pueblo lo que le corresponde, dice el Obispo de León. Así como el Arzobispo de Managua, se entrevista con el Presidente Somoza para pedirle no bombardear a la ciudad; y a pesar de esto, subrayó Monseñor Obando, tres Iglesias fueron destruidas y barrios enteros bombardeados -palabras de Monseñor- "cuando no era necesario hacerlo". Nos solidarizamos pues, con todo esto y con una carta muy bonita que los sacerdotes y religiosos han dirigido al Presidente Carter a propósito de la situación de Managua, una carta muy valiente, que coincidía con lo que hoy decía la Voz de América. Un editorial de Alemania de Occidente: Toda esta situación de Nicaragua es fruto de una política que apoyo intereses de su comercio y que poco se cuidó del pueblo. Ojalá la lección lea estudiada.

Sólo quiero pedirles, hermanos, que para solidarizarnos más íntimamente con nuestra hermana República vamos a hacer aquí tres días de oración: lunes, mañana, martes y miércoles a las siete de la noche; tres horas santas, para pedir al Señor pues las gracias necesarias, el eterno descanso para tantos muertos de la violencia y la inspiración para los que pueden arreglar esta situación. Y también pedirles la ayuda económica. Ya las iglesias de Alemania, el Servicio Mundial Eclesiástico, Cáritas de España, la Iglesia Centroamericana, varios movimientos ecuménicos lo están haciendo. Aquí, pues, voy a suplicar a los queridos sacerdotes que recojan de sus fieles donativos en efectivo, dinero, porque no podemos mandar víveres o ropa, sino que más bien mandaremos al Señor Arzobispo de Managua la cantidad que recoja nuestra Iglesia. Ojalá que para la próxima reunión del clero, que será el primer martes de octubre, los sacerdotes puedan traer lo que han recogido en sus diversas comunidades para Nicaragua.

En nuestra semana que estamos terminando -podemos llamar semana de violencia- han sucedido tantas cosas, ayer salía en la prensa un resumen de crímenes (que todavía no es una lista completa, porque el domingo 17, en Zacatecoluca, mientras un campesino compraba, lo mataron). El lunes 18, murieron dos vigilantes en la Universidad Nacional. Los incidentes de la semana pasada en la Universidad, según muchísimos estudiantes, fueron provocados por los vigilantes de la Universidad, que mantienen a ese centro de estudios convulsionado. El día 8, varias personas vieron a los vigilantes de la Universidad perseguir a estudiantes, aún fuera de los recintos del campus. Ese mismo día, moría acribillado a balazos el Decano de la Facultad de Economía, el Dr. Carlos Rodríguez. Mucho se ha especulado sobre este hecho, pero todavía queda en el misterio. Una agrupación clandestina, llamada UR-19, aparecía en cierta radio de la ciudad, atribuyéndose ese crimen, pero la misma agrupación UR-19 mandó desmentir. Lo cual hace sospechar que se está manipulando algo, para encubrir algo.

Cuando unos políticos y profesionales llevaron a la Asamblea esta semana una petición de abrogación de la Ley de Orden Público, denunciaron también que se decía que los males que se lamentaban en la Universidad, gran parte eran culpables los vigilantes; y el Presidente de la Asamblea contestó que así se lo habían informado otros sectores. Yo he tenido noticias bastantes verosímiles de que el Dr. Carlos Rodríguez tuvo antecedentes muy desagradables con la vigilancia y que no es imposible, pues, que haya sido la culpable de este crimen, que se trata de ocultar. Queremos decir que la vigilancia, originalmente, sólo consideraba 75 miembros: 70 vigilantes, 1 director y 4 supervisores; y dicen que ahora se suman como 300 individuos, que están siendo el horror de la Universidad. Yo aquí también hago un llamamiento a la Corte Suprema de Justicia, que es otro crimen que hay que investigar y que no se sume a los muchos misterios que la injusticia está apañando aquí en El Salvador. Así como también mi pésame a la familia de este estimado personaje.

Ese mismo día 18 fue atacado el vehículo del Fiscal de la Universidad a inmediaciones de la Colonia Nicaragua, y dio como resultado la muerte de un civil y la herida de una joven quien fue ingresada al hospital. Del hospital tenemos noticias, que esta joven (Cristina Salguero Arriaza, de 15 años presenta heridas de bala G3 en el muslo izquierdo) fue atraída por la Policía Nacional, manifestando los agentes que está involucrada en los hechos ocurridos ese día, en la entrada de la colonia Nicaragua. Hasta el momento está custodiada por agentes de seguridad y dos detectives. La preocupación de la paciente es, que al ser dada de alta, será trasladada a la Policía, lo que la hace pensar en su suerte. Manifiesta no tener familiares que puedan hacer algo en su favor, ya que sólo vive con su madre en unas champas de la Colonia San Antonio. Su ingreso proviene de lavar y planchar ropa ajena. Suponemos nosotros que al estar custodiada ya estará a la orden de un tribunal, como tiene derecho todo ciudadano, para que se deduzca su culpabilidad y no vaya a ser otro misterio de injusticia.

El martes 19 murieron acribillados a balazos dos policías de Hacienda y fueron atacados varios puestos de la Policía Nacional. Han sido varios los casos presentados a los Tribunales con el delito de la Ley de Orden Público. Y aparecen cadáveres también en la carretera de Apulo, etc. Yo quiero decirles hermanos, que al analizar esta semana tan trágica, a alguno sólo se le ocurre decir que es producto de la desintegración moral de los grupos criminales. Sólo intentan solucionar esta violencia, repudiándola y aumentando la represión, intensificando la vigilancia y amenazando con suspender las garantías. No es así como se mantiene la paz, lo hemos dicho tantas veces.

Cuando los abogados y un partido político llevó a la Asamblea la petición de amnistía y de derogación de esta ley, presentaron allí las conclusiones que el Dr. Donald Fox, representante de la Comisión de Derechos Humanos, hacía y que aquí mencioné en otra ocasión y que hoy por falta de tiempo no lo hago; pero el Dr. dice, pues, que esta situación no se reprime con la violencia y con leyes represivas; y hace un análisis jurista de cómo esta ley pues, no puede ser el cauce para una democratización y para dar soluciones a los problemas del país.

Se está haciendo un llamamiento a las familias de los desaparecidos para que acudan a la Cruz Roja. Pueden ver en los periódicos, y si necesitan algún servicio informativo del Arzobispado, con mucho gusto se dará.

También recibimos un llamamiento de socorro de los tugurios, donde las correntadas de estos temporales recientes han dejado sin techo a muchas familias. Yo les suplico, pues, que tanto esa ayuda que pedíamos para Nicaragua como la caridad que pueden usar para estas situaciones es muy bendecida por Dios.

Continúa la campaña de represión contra el derecho de las obras de los obreros a organizarse en sindicatos. En Y.S.A.X., ayer, se leyó una carta del Papa, cuando era Obispo. Una valiente defensa del derecho de sindicalización de los obreros.

Esta mañana recibía yo también, de la Secretaría General de la Educación Nacional de Francia, una carta de solidaridad con los maestros de El Salvador. Una carta que se le presentó al Dr. Astacio en su paso por París y donde le piden el respeto a los maestros en nuestra Patria.

Queridos hermanos, ven como es tan densa nuestra vida, y esta Iglesia pues, que trata de iluminar con el evangelio las realidades, no puede prescindir de todo esto. Yo creo que no me he salido del marco evangélico. Desde mi propio sitio de iluminador de la fe, ilumino esas realidades, para que cada uno de ustedes mire cuánto de bueno que se puede apoyar, y cuánto de malo que se debe reprochar. No cumpliría la Iglesia su misión en la sociedad, si fuera como decía el Profeta: perro mudo que no cuida la heredad del Señor.

Por eso hermanos, ahora nuestra Eucaristía tendrá como objeto, junto a la Virgen de las Mercedes, figura bella de la Iglesia, voz de libertad - en medio de los cautiverios una súplica al Señor. Señor danos una Patria que sea verdaderamente digna, iluminada por la luz de tu evangelio. Así sea. (Aplausos...)


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