Celebración del Sacramento de la Confirmación, Citalá (05-12-1977)

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Homilía en la Celebración del Sacramento de la Confirmación en Citalá, 5 de diciembre de 1977..

Celebración del Sacramento de la Confirmación
Citalá, 5 de diciembre de 1977


Queridos fieles de Citalá. Venir hasta ustedes es, para el Pastor, un gesto muy grande, por eso quiero, una vez más, agradecer a las religiosas Oblatas al Divino Amor que de veras hacen aquí honor a su nombre, ofreciendo sus vidas al Señor en servicio de este pueblo. Quiero agradecer también a quienes han colaborado para esta ceremonia de Confirmación, porque este es el objeto principal de mi venida. Como sucesor de los Apóstoles, el Obispo es el ministro ordinario, o sea el que propiamente tiene la obligación de administrar este Sacramento que se llama la Confirmación. Y al agradecerles esta colaboración de preparar esos niños, yo también hago un llamamiento a todas las familias de la diócesis, para que secunden la voluntad de la Iglesia de confirmar a sus hijos, no cuando están chiquitos, que no se dan cuenta, sino cuando ya van entrando a la juventud, que es cuando se necesita la fuerza de la Confirmación, que consiste en el don del Espíritu Santo.

El bautismo

Al niño recién nacido sí, hay que apresurar el Bautismo, porque, cuanto antes, al hijo de la carne hay que hacerlo hijo de Dios; y eso es el Bautismo. Cuando Cristo le decía a Nicodemo: "La carne no aprovecha. Lo que nace de la carne es carne; lo que nace del espíritu es espíritu". Y eso es el Bautismo. Que el hijo, nacido de la carne, no es más que carne, hijo natural, manchado con el pecado original que todos los hombres llevamos, se limpie de ese pecado y Cristo le aplique su redención por medio del Bautismo para hacerlo hijo de Dios. Eso sí que es urgente. Y ojalá que las familias no descuidaran el deber de bautizar cuanto antes. Hay familias, muy cristianas, que casi el mismo día que nace el niño lo bautizan. No les voy a pedir tanto pero por lo menos que no se pasen meses, hasta años sin bautizar los niños; el Bautismo cuanto antes.

La confirmación en la fe

Pero la Confirmación, que viene a ser lo que dice la palabra, "confirmando en la fe recibida en el Bautismo", eso sí que tiene que ser cuando el niño se da cuenta. Confirmación quiere decir reivindicar, quiere decir ratificar su nacimiento en el Bautismo por medio de ese sacramento, que es propiamente sacramento de crecimiento; así como no basta nacer si no tiene mamá. Apenas nace el niño lo alimenta, lo hace creer, y el orgullo de una madre es cuando ya empieza a crecer ese niño que nació de sus entrañas, y es un joven frente a la vida, y piensa en sus deberes de hombre y entonces la Confirmación corresponde a esa juventud, a ese crecimiento.

Por eso me da gusto ver aquí, en la ciudad, en la población de Citalá, que se va a dar la Confirmación a niños y niñas que ya se dan cuenta, que van a recibir un sacramento distinto del Bautismo, que les prepara para entrar a la juventud con una nueva fuerza de Dios.

Los sacramentos, vida en el desierto

Y las lecturas de Adviento que se acaban de hacer son bien oportunas. La primera lectura es del profeta Isaías, que ha comparado la venida de Dios al mundo como cuando brota en un desierto un riachuelo y el agua empieza a hacer fecundas aquellas tierras arenosas del desierto.

En el desierto no hay vegetación. El desierto es la imagen de la muerte, el desierto es la aridez, en el desierto no hay vida. Pero cuando en medio del desierto brota una fuente, esa fuente empieza a hacer fecunda la tierra y con esta fuente el desierto se convierte en jardín; produce flores, produce frutas, ya hay sombra y hay vida. Esta es una imagen preciosa, hermanos, de los sacramentos. El Bautismo, la Confirmación, la Penitencia, la Comunión, son los signos de que Dios ha venido al mundo y el hombre, que por su propia naturaleza es un desierto para producir frutos de eternidad, los sacramentos le dan la vegetación, la fertilidad, la fecundidad, como decíamos antes usando la palabra de Cristo: lo que nace de la carne es carne. De nada serviría para la eternidad feliz de Dios nacer, tener muchas capacidades, ser muy hermosa una mujer, ser muy fuerte un hombre, ser muy inteligente un profesional; todo eso vale mucho, pero frente a la eternidad, que es la vida de Dios, no vale nada; todo eso se queda en la tierra. Los hombres, pues, por más cualidades humanas que produzcamos, no somos más que desierto; si Dios tiene que coger de nuestra vida obras que valgan para la vida eterna, necesita inyectarle vida de Dios. Sólo cuando el hijo de la carne se hace hijo de Dios comienza el hombre a producir obras que le dan la vida eterna. Para eso inventó Cristo los sacramentos. El Bautismo hace que el recién nacido ya sea un hijo de Dios. Y si se muere va a gozar la felicidad misma de Dios.

La confirmación, fuerza del Espíritu

La Confirmación es darle a ese bautizado los dones del Espíritu Santo; robustecerlo con la fuerza de Dios para que produzca frutos de vida eterna. La confirmación es el sacramento de los mártires. Si no hubiera sido por esa fuerza del Espíritu Santo que los primeros cristianos recibieron de sus Obispos, del Papa, en el sacramento de la Confirmación, aquellos primeros cristianos no hubieran aguantado la prueba de la persecución; no hubieran muerto por Cristo, Ahora, hermanos, la Iglesia necesita esta fuerza del Espíritu Santo, y por eso queremos que los jóvenes, los niños, lo reciban dándose cuenta. ¿De que sirve recibir la Confirmación cuando se es tierno, como se ha acostumbrado, sin que nos diéramos cuenta?. Si no hemos tenido unos padres, unos padrinos que nos enseñen ¿para qué hemos sido confirmados? Yo creo que ni los mismos padres de familia, ni los mismos padrinos de Confirmación han sabido, muchas veces, para qué se confirma a ese niño que se traía tiernito en los brazos. Y si ellos, grandes, no sabían, ¿cómo le van a enseñar a un niño cuando va llegando a la juventud que el Sacramento de Confirmación, que recibió tierno, ahora es cuando lo comienza a necesitar?. Si tuviéramos padres y madres de familia, padrinos y madrinas que con su palabra y con su ejemplo enseñaran a los jóvenes para qué fueron confirmados, entonces, no habría inconveniente en confirmar también a los niños chiquitos. Pero es mejor que en vez de esperar, si acaso se lo van a enseñar sus padres, es mejor que ellos mismos se den cuenta del compromiso que van a adquirir.

Ser cristiano es ser valiente

Porque les repito, queridos hermanos, ser cristiano es cosa muy difícil; lo está demostrado la gente en nuestra tierra. ¡Qué pocos cristianos auténticos van quedando cuando ser cristiano supone ser perseguido! Cuando reunirse para una reunión de la Palabra de Dios y reflexionar en la verdadera Biblia, en los compromisos del cristianismo, supone que hay mucha vigilancia, que hay prevenciones porque creen que nos reunimos para hacer política, para hacer comunismo; están equivocados. Nos reunimos para tomar conciencia de la responsabilidad seria que supone ser cristiano. Nos reunimos para ser cristianos, para que mañana no vayamos a ser traidores de esta religión. Hay ahora muchos cobardes, mucha gente que prefiere estar bien en la tierra, y no le importa el juicio de Dios que va a venir a pedirle cuenta de su vida. Ser cristiano quiere decir ser valiente y, antes de obedecer a unos perseguidores de la Iglesia, tener el valor de obedecer a Dios.

No importa que le llevan a uno a la persecución, a la tortura, a la difamación. La calumnia, ustedes saben, hermanos, cómo están, en este momento, calumniando a su Obispo. Le llaman subversivo número uno, lo están llamando el predicador de subversión. Yo les agradezco a los buenos cristianos, lo que me acaba de decir el querido padre Vito. En La Palma, su parroquia, se está haciendo mucha oración en solidaridad con la Iglesia. Porque, hermanos, ser cristiano, ahora, quiere decir tener valor para predicar la verdadera doctrina de Cristo y no tenerle miedo, y no por miedo callar predicar una cosa fácil que no traiga problemas. Pero ser cristiano, en esta hora, quiere decir tener el valor que el Espíritu Santo da con su Confirmación para ser soldados valientes de Cristo Rey; hacer reinar su doctrina, llegar a los corazones y predicarles el valor que hay que tener para defender la ley de Dios.

Ya me duele mucho el alma

Todo esto, hermanos, es la Confirmación; esto es lo que nos quiere decir el profeta Isaías cuando nos dice que cuando falta esa vida de Dios, el hombre no es más que un desierto; no hay flores, no hay frutos, no hay sombra. Qué áridos somos los hombres cuando no está en nosotros el Espíritu Santo. Qué crueles se vuelven los hombres cuando no los anima el espíritu de Dios, sino el espíritu de quedar bien en la tierra. Ya me duele mucho el alma de saber cómo se tortura a nuestra gente, de saber cómo se atropellan los derechos de la imagen de Dios. No debía de haber eso. Es que el hombre sin Dios es una fiera, el hombre sin Dios es un desierto; su corazón no tiene flores de amor, su corazón no es más que el perverso perseguidor de los hermanos. Así se explica que haya corazones capaces de traicionar a sus hermanos, de señalarlos. No importa que se los lleven a torturarlos y a matarlos; qué corazón es cuando Dios no anima en el verdadero amor al hombre. Es cuando se ha perdido el sentido del Bautismo, el sentido de la Confirmación, y los hombres se han vuelto a hacer estepas, desiertos, troncos áridos.

El perdón de los pecados

Lo mismo nos decía el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Es el Evangelio precioso donde Nuestro Señor, en este día, ante un hombre pecador, le dice: "los pecados te son perdonados...". Si los hombres incrédulos blasfeman, porque para los hombres que no tienen fe ni Jesucristo tenía valor. Si Jesucristo hubiera sido el Arzobispo de San Salvador, en esta hora le lloverían mucho más que a mí los insultos, las calumnias... Aquí cuando Él, redentor de los hombres, le dice: tus pecados te son perdonados..., no creían en el poder perdonador de Cristo y decían: este blasfema. ¿Quién es este para perdonar pecados? Y Cristo les prueba con un milagro para que vean que puede perdonar pecados, y que, para Dios, lo mismo es devolver la salud a un enfermo que devolver la gracia a un pecador, le dice al paralítico que se levante. Ya ven, lo he podido curar, luego soy Dios. ¿Por qué blasfeman de mí? Y Dios también puede decirle al pecador: aunque ustedes no lo miren ya están perdonados sus pecados, con tal que se hayan arrepentido. Hermanos, qué cosa más hermosa es el perdón de los pecados... ¡Convertir el desierto en un jardín!. Esa alma que era fiera y que se ha hecho manso cordero para la gloria de Dios es el que prefería el pecado, el vicio, el desorden, pero ya ha venido arrepentido, a pedirle a Dios que le perdone.

Denunciar con amor

Yo, hermanos, cuando predico contra los que atropellan, contra los que adulan, contra los que cometen injusticia, contra los que denuncian a sus hermanos; yo cuando predico contra todos esos atropellos del hombre contra el hombre, no lo hago con odio, ni con resentimiento, lo hago con el amor de Cristo que también les dijo a los pecadores, el domingo lo oíamos cuando Juan Bautista les dice: raza de víboras, conviértanse, no sean hipócritas; si no se convierten van a perecer.

El trigo y la basura

Ya el hacha está puesta al tronco del árbol, y comienza Dios a derribar el árbol de la vida, y pobre del árbol que caiga del lado del infierno, por no haberse arrepentido a tiempo. Y decía ayer también San Juan Bautista: Ya Cristo está aventando su cosecha, como cuando se saca el café, que en la piladera queda revuelto el café junto con la basura. Avientan al viento para que se quite la basura y quede el grano de café. Así hace Cristo, dice Juan Bautista, dándole viento a su trigo. Ya batido se va la broza y queda el trigo. Así será el juicio final, como una gran aventazón, como un viento tempestuoso, que va a apartar la broza, la basura, un hombre que no se ha querido convertir en trigo, y quedará el trigo, las buenas obras, la cosecha para Dios. Por eso, hermanos, cuando la Iglesia predica hoy contra la injusticia, contra el abuso del poder, contra los atropellos, les está diciendo: conviértanse, hagan a tiempo penitencia, conviértanse en trigo, que Dios los está esperando. Hagan comunidades de amor, hagan comunidades de Iglesia. La Iglesia no es comunista ni es subversiva. La Iglesia es el reino de Dios que medita la Palabra de Dios, que acoge en el corazón esa palabra que nos trae la vida divina, la gracia, los sacramentos y nos hace sentir la belleza de ser jardines en vez de ser desiertos.

También para los grandes

Por eso, hermanos, mi palabra, aquí en Citalá, con ocasión de dar la Confirmación a esos niños, es también para decir a los grandes: vivamos nuestro Bautismo, tomemos conciencia de nuestra Confirmación. Yo les decía a las Hermanas, cuando les decía que preparáramos aquí un grupo de Confirmación, porque tengo la intención de que al dar la Confirmación a los que se van a confirmar, también los que ya somos confirmados, comenzando por el Obispo, sacerdotes, las religiosas, los catequistas, los padres de familia, todos los que ya somos gente grande y desde hace muchos años llevamos la Confirmación, pero tal vez no nos hemos dado cuenta para qué hemos recibido la Confirmación; aquel Espíritu Santo que se da en la Confirmación con la imposición de las manos del Obispo, sucesor de los apóstoles, es un Espíritu Santo que ha estado escondido en nosotros, muerto, tal vez, no ha producido en nosotros frutos de espíritu de Dios, porque nosotros no hemos dejado de ser carne. El Bautismo, la Confirmación, la Penitencia, la Eucaristía que hemos recibido, no ha producido, hermanos.

Evangelización y sacramentos

Esta es la gran deficiencia del pueblo cristiano, que, gracias a Dios, desde el Concilio Vaticano II viene corrigiendo esta deficiencia. Habíamos dado muchos sacramentos al pueblo, les bautizábamos a todos los niños; confirmábamos a todo el que se presentaba; confesábamos, tal vez sin exigirle penitencia; dábamos la comunión a todo el que se acercaba; sacramentalizábamos, pero no evangelizábamos mucho. Ahora, gracias a Dios, no rechazamos la sacramentalización, éstos son necesarios, son los canales por donde Dios nos da una Vida Divina. Pero ya son los sacramentos que, con una catequesis más preparada, con una reflexión más profunda en la Biblia, sabemos que nos confesamos con más conciencia. Se exige antes de Bautizarse, unas charlas prebautismales, instruir qué es el bautismo, qué pides para tu niño. No es simplemente un acontecimiento social, que tu niño tenga un padrino que le dé regalos, que tú tengas un compadre con quien compartir la responsabilidad de tu hijo. Pero el Bautismo no significa solamente tener un compadre, significa sobre todo la conciencia que este hijo de la carne se hace hijo de Dios y va a tomar un compromiso que su familia comienza a corresponsabilizar, pero que el niño lo irá tomando poco a poco. La Confirmación, el Obispo, ya no la quiere dar en el montón a esos niños que traían cuando la visita del Obispo, porque se decía: Viene a la confirma, viene a la confirma; como si lo único que viene a hacer el Obispo es a confirmar a niños que ni siquiera se daban cuenta, y se daba la Iglesia llena de niños que lloraban y salían sin darse cuenta del gran Sacramento del Espíritu Santo que habían recibido. Esos niños, éramos nosotros, que recibimos la Confirmación y no nos dimos cuenta, muchas veces, de la grandeza de ese momento.

Catequesis pre-sacramental

Por eso, hermanos, ahora que vivimos la hora de la renovación de la Iglesia, yo les suplico que no lo tomen a mal; no tomen a mal que el Padre, las Religiosas exijan -tienen que exigir y el Padre que no exige no cumple su deber- exigir que antes de Bautizarse, antes de la Primera Comunión, antes de recibir un Sacramento, tiene que haber una catequesis, tiene que haber una mentalización, para que se tome conciencia de lo que se está haciendo. Por eso ahora, esta mañana, es para mí de mucha alegría, les repito, porque voy a dar una confirmación después que las Madres y las catequistas han preparado a estos niños no sólo para su Comunión, sino también porque ahora saben que van a recibir, en esta Iglesia de Citalá convertida en un cenáculo, al Espíritu Santo, así como llovió en forma de lenguas de fuego de Pentecostés a los Apóstoles, y llenos del Espíritu Santo salieron, valientes, a predicar a Cristo. No les tenían miedo a las autoridades que los querían hacer callar, y decían aquellos cobardes de antes, ya valientes con el Espíritu Santo: si ustedes quieren que no hablemos de Cristo, perdonen, pero no los podemos obedecer, porque tenemos que obedecer a Dios que nos manda predicar lo que hemos visto, la salvación en Cristo. Nadie puede detener esa palabra; pero eso era la fuerza del Espíritu Santo. Los que ahora, confirmados ya, vamos a renovar nuestra gracia de la Confirmación.

Sacramento de martirio, si es necesario

Queridos hermanos, padres de familia, comenzando por mí, Obispo, que esta mañana sea para nosotros una renovación de nuestro Espíritu Santo, del valor que debemos de tener como cristianos, y si es necesario, que la Confirmación se convierta para nosotros en un sacramento de martirio, que estemos dispuestos también a dar nuestra vida por Cristo y no traicionarlo con la cobardía de los falsos cristianos de hoy.

Por eso vamos a proceder, pues, a dar este sacramento de vida, donde Cristo Redentor que dice: "Yo soy la vida, Yo soy la Fuente, soy el Agua viva que convierte el desierto en un jardín", que traiga a la vida de los hombres la Vida de Dios, queriendo decir el Espíritu de Dios, para que anime los corazones de los hombres. Voy, por medio de mi Ministerio de Obispo de San Salvador, a darles la gracia y la fuerza del Espíritu Santo. Revivámoslo todos, hermanos, en este momento, para que seamos lo que tenemos que ser: hombres o mujeres que hemos recibido la fuerza de lo Alto para dar testimonio, con valentía, de que Dios existe, de que Cristo es una realidad, y que su Iglesia en la tierra no está haciendo el mal sino el bien, y tengamos el valor de difundirla y defenderla como se defiende lo bueno.



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